Mi muy querida señora:
Escribo esta carta con el propósito de comunicarle mi preocupación por la nueva sirvienta. Como bien sabe, estamos en una guerra de desgaste con el reino de Atrua. Nuestro control militar sobre las fronteras ha decaído, y se rumorea la presencia de espías provenientes del reino de Aros entre nuestras tropas.
Desde hace dos semanas no he recibido informes del frente de batalla. La guerra ha entrado —según mis generales y yo mismo— en fase de agotamiento y desgaste. Por el momento, nuestros recursos son suficientes para mantener a las tropas, pero mucho me temo que se agotarán pronto si no logramos una victoria decisiva... Y el tiempo, reina mía, presiona para que suceda. He sopesado retirarnos hacia el norte y fortificar las ciudades costeras, pero eso significaría abandonar tres pueblos que juré proteger.
Estamos en una encrucijada, mi señora.
Por el momento, nuestra relación con el reino de Aros es buena. Ellos mismos han negado la presencia de sus espías en nuestro territorio y aseguran que están dispuestos a ofrecernos ayuda militar si continuamos con el pacto de alianza. El precio, ya lo sabe, es nuestra hija.
Un casamiento —así lo dijo el mismo rey Regri— es la única forma en que Aros ayude a Asfolte en su guerra infinita con Atrua. No crea, señora mía, que las palabras del rey Regri han pasado sin molestarme. Los asfoltianos somos personas orgullosas, y jamás aceptaremos que un reino extranjero nos dicte condiciones. Pero nuestro pueblo está cansado. La guerra ya lleva dos años. Las madres se quejan de la ausencia de sus hijos y esposos.
Llegué a creer —y esto solo usted puede saberlo— que nuestras tropas vencerían con suma facilidad al enemigo. No fue así. Nuestros reinos están a la par, y sospecho que Atrua recibe ayuda de una nación extranjera. Hoy me llegó un reporte de un emisario lejano, un antiguo amigo de la infancia. Una sola oración, reina mía, había en ese informe: <<Posible ayuda elenorstiana>>. Si es así, si es verdad que el Imperio de Elenor está ayudando a Atrua... nuestro fin está asegurado.
Y toda esta situación me lleva a retomar el objetivo de esta carta.
La nueva sirvienta, recomendada por el reino de Guiara, debía ser capaz de controlar —aunque fuera de forma mínima— a nuestra hija. Pero todo parece indicar que no podrá hacerlo. Según mis informes, la sirvienta apenas ha hablado con la princesa, y esta continúa esquivando nuestras órdenes. Me temo que la sirvienta no nos servirá, como planeábamos, para convencer a la princesa de acceder al matrimonio.
Hay, sin embargo, una esperanza. Y reside en usted, señora mía.
Debe viajar como embajadora al reino de Yesperia. Mis espías habituales han sido descubiertos; solo alguien de su rango puede negociar sin levantar sospechas. Busque información sobre la presencia elenorstiana en el continente de Minor y, a la vez, explore la posibilidad de un tratado con Yesperia. Tengo motivos para pensar que Atrua intenta lo mismo. Si llegamos primero, quizá inclinemos la balanza.
Por mi parte, he de viajar al ducado de Laminor en búsqueda de noticias de nuestro hijo y nuestras tropas. Además, estoy en búsqueda de algunos informes de espionaje. Nuestro querido hijo, Alaron, se quedará en el castillo. Esperemos que a nuestro regreso, la sirvienta continúe en su trabajo.
Mucha suerte, señora mía. Que los dioses guíen sus pasos. Cuídese, porque sin usted el trono se siente vacío.
Su rey y esposo estará esperando su regreso.
— Ferreguil Gar Vons, rey de Asfolte
Sello real, para entrega inmediata supervisada.