Tarde de sol brillante.
Tengo al milagro más grande de mi vida durmiendo sobre mi pecho. Apenas puedo escribir estas líneas porque no quiero despegar los ojos de su rostro ni un solo segundo. Dios y los ancestros han sido infinitamente generosos con nuestra casa. Mi cuerpo aún siente el cansancio atroz de la noche pasada, la batalla salvaje que significó traer una vida al mundo, pero todo ese dolor se disipó en el instante exacto en que escuché su primer llanto romper el silencio del alba.
Es hermoso, mi pequeño hombrecito. Cuando me lo pusieron en los brazos y vi su cabellera negra y espesa, sus cejas marcadas y esa barbilla firme, el corazón se me llenó de una nostalgia dulce. Es la viva imagen de Antonio cuando era un niño; es volver a ver a mi compañero de juegos, pero en una versión diminuta y frágil que depende enteramente de nuestro amor.
Su padre y yo pasamos horas enteros mirándolo, fascinados por cada uno de sus suspiros. Cuando llegó el momento de nombrarlo ante la familia y la comunidad, no tuvimos la menor duda. Lo hemos llamado Mateo.
Elegimos este nombre porque significa «regalo de Dios», y no existe otra palabra en nuestra lengua que describa con mayor verdad lo que este niño representa para los dos. Mateo es la prueba viviente de que las promesas hechas de niños bajo la sombra del viejo roble no eran juegos del viento. Es la bendición de nuestra sangre, el fruto de un amor que creció entre fogatas, tradiciones y una lealtad inquebrantable. Además, Antonio quería un nombre que sonara fuerte, con temple y dignidad, un nombre que su hijo llevara con el orgullo intacto cuando camine entre la gente de nuestro pueblo.
Antonio no ha dejado de sonreír en todo el día. Ver a ese hombre tan fuerte arrodillarse junto a la cama, con lágrimas en los ojos, besando las manitas de Mateo con tanta delicadeza, me hace confirmar que no pude haber elegido a un mejor esposo ni a un mejor padre para mis hijos.
Mateo ha llegado a llenar de risas y luz nuestro carromato. Pido a los cielos que le den salud, fuerza y que siempre camine bajo la bendición de nuestras raíces. Mi pequeño Mateo, el regalo más puro de nuestro amor.