Diario Esmeralda

Diario 6

Noche helada de viento seco.
El terror ha vuelto a golpear las puertas de nuestra vida, pero esta vez no vino disfrazado de sombras lejanas ni de rumores del mercado. Vino en carruajes negros, con botas pesadas y espadas relucientes que pretendían pisotear la dignidad de nuestra sangre. Todavía siento el dolor en el pecho por la impotencia vivida esta mañana, cuando esos hombres finos de la villa llegaron pretendiendo expulsarnos de las tierras que han sido el hogar de nuestros abuelos desde tiempos inmemoriales.
Nos dieron tres días. Tres días para recoger nuestras vidas, abandonar nuestro suelo y tragarnos el orgullo como si fuéramos perros sin dueño. Querían que bajáramos la cabeza ante sus papeles sellados y sus leyes de tiranos. Pero no conocen a la gente de esta estirpe. No conocen la madera de la que estamos hechos.
Jamás olvidaré la figura de Antonio plantándose frente a los guardias. Dijo lo que todos los hombres de nuestro pueblo sentían en el corazón: que aquí no se dobla la rodilla ante nadie, que este valle es nuestro por derecho de vida y que van a tener que pasar por encima de cada uno de ellos si quieren robarnos lo poco que tenemos. Al mirarlo en ese instante, erguido como un roble indestructible, sentí una mezcla salvaje de orgullo y de pavor. Es el padre de mis tres hijos, el hombre al que amo con cada fibra de mi ser, y la sola idea de ver desatada una batalla a las puertas de nuestra casita me hiela la sangre.
Los niños sintieron la tensión. Tuve que meter a Carmen y a Naiara a la casa y aguantar el temblor mientras Mateo apretaba un palo de madera dispuesto a defender a sus hermanas. ¿A qué clase de mundo estamos arrastrando a nuestras criaturas?
Los carruajes se han ido, pero el aire ha quedado envenenado. Antonio no duerme; está afuera, junto al fuego principal, organizando las guardias nocturnas con mi padre y los viejos. Nos hemos negado a marchar y hemos defendido nuestra honra, pero sé que los señores de la villa no se van a quedar con los brazos cruzados. Presiento que esto es solo el comienzo de una noche muy larga. Que los ancestros nos velen y le den a mi esposo la fuerza para sostener nuestro hogar.




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