Dicen que los polos apuestos se atraen

Capitulo 4

¡Awwwwwwww! ...
— Disculpa...
... son tan lindos...
— Disculpa...
... por fin logré que se acercaran, ¡que tortolos más lindos!

— Disculpa, ¿me puedes dar permiso?

(Satz se voltea y se le queda mirando de arriba abajo al chico).

¿Quién es él?... ¡es tan guapo!, ¿quién es?

— Yo pongo estos libros hay.
— Claro, perdón.

— No te preocupes... Aunque, para serte honesto, me dio curiosidad ver cómo te asomabas detrás del estante espiándolos, ¿estás jugando al espía o algo así?
— ¡¿Qué?! ¡No, no! O sea... ¡ah! Es que... bueno, son mis amigos y se gustan, pero no lo admiten, entonces quería que tuvieran un momento solos.
— Ya veo... ¿Y sí lo tuvieron?
— ¡Sí!, lo tuvieron y se veían tan lindos.
— ¡Vaya!, ... pues... entonces buena suerte con tu papel de Cupido, ojalá tus trucos funcionen.

(¡Click! El tiempo se detiene en seco. Maikol se queda completamente congelado con una sonrisa perfecta. El fondo se desenfoca y la toma se planta en un primer plano de Satz, quien se lleva las manos a la cara emocionado).

¡¡¡Dios míoóóóóóó, es tan guapo!!! ¡Su voz es hipnotizante, es tan dulce, tan cálida! Si se preguntan cómo es, tiene unos ojos color miel que de verdad hipnotizan, un cabello castaño oscuro y tiene gafas... ¡¡¡ahhhhh!!!, y se le ven unos músculos para chuparlos! ¡Ay, perdón!, creo que me pasé de explicación. ¡Jejeje!

(Satz se acomoda la ropa, aclara su garganta y regresa a su posición. ¡Chas! Da un chasquido con sus dedos, el fondo se enfoca y el tiempo corre otra vez).

— Oye, ¿cómo te llamas?
— Maikol ¿y tú?
— Satz.
— ¿Satz? ¡Jamás lo había oído!
— ¡Siiii!... Es que mi nombre no es muy común que digamos.
— Ahh, ya veo. Bueno, Satz, fue un gusto hablar contigo unos segundos... ya me tengo que ir.
— ¡Igual!... adiós.

(Maikol se aleja caminando por el pasillo de la biblioteca con un paso seguro y relajado. Satz se queda mirándolo fijamente de espaldas por un par de segundos, soltando un suspiro largo mientras abanica su rostro con la mano para quitarse el calor).

¡Uff! Concéntrate, Satz, concéntrate. Viniste a juntar a esos dos tercos, no a buscar novio. Aunque con ese bombón, cualquiera se distrae... En fin, volvamos al desastre principal.

(Satz sacude la cabeza para espabilarse, coge un libro cualquiera de un estante al azar para disimular, se da la vuelta y regresa al stand donde están Alek y Aurora)

— ¡Chicos!, ya encontré un libro para leer, ¿y ustedes?

— No... todavía no lo he encontrado, es que... me lo movieron de sitio —respondió Alek rápido, desviando la mirada hacia las repisas de lo nervioso que estaba.

— ¡Yo sí!

— ¡Qué bueno, Aurora! Por cierto... hace rato vi que estaban ¡muy juntos! ¿No que no se gustaban?

— Sobre eso...

— ¡Es que unos libros le cayeron a Aurora y pues... no soy tan malo, solo reaccioné para que no le pegaran!

Sí, claro... ¡Vi cómo te sonrojabas mientras lo decías!

— Ah, ¡ya veo! Qué bueno que no te pasó nada, Aurora.




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