Capitulo Dos
❝ 002. La loca de la calle Maple❞
Emily se levantó cansada, con la mente aún atrapada en el paradero de Will. Arrastró los pies hasta la cocina y se sentó en la pequeña mesa del comedor, observando a su madre sostener el cigarro con las manos temblorosas. Jonathan estaba frente a la estufa, cocinando en silencio.
—Listo, ya está el desayuno —anunció mientras ponía los platos en la mesa.
—¿Qué? No, cuidado con el cartel.
—Sí, está bien —respondió Emily, apartándolo de la mesa.
—No puedo comer.
—Necesito que comas.
—Oye, oye, la fotocopiadora abre en treinta minutos.
—Sí.
—No quiero que vayas solo.
—Te dije que lo haría —respondió Jonathan.
—Le diré a Karen que te lleve. Yo me quedaré. Necesitamos unas doscientas o trescientas copias. ¿Cuánto cuestan? ¿Diez centavos?
—Entiendo... Mamá —Emily tomó sus manos, intentando que soltara las monedas— tranquila.
—No te puedes poner así, ¿de acuerdo? —insistió Jonathan, mientras Emily posaba una mano sobre su hombro.
—Lo siento, de verdad —murmuró Joyce antes de darle otra calada al cigarro.
—No, tranquila, ¿sí?
—Yo...
El ruido de la puerta la interrumpió y Joyce se levantó de golpe para abrirla.
—Llevo seis horas esperando —reclamó en cuanto Hopper entró en la casa y cerró la puerta.
—Sí, lo sé. Vine en cuanto pude.
—¡Seis horas!
—Confía un poco en mí, ¿sí?
—Lo buscamos toda la noche. Llegamos hasta Cartersville.
—¿Y?
—Nada.
—Flo me dijo que alguien te llamó.
—Sí —respondió Joyce entre sollozos, acercándose al teléfono.
—La tormenta lo hizo pomada.
—¿La tormenta?
—¿Qué más?
—¿Eso no te parece algo... raro?
—Sí, es raro.
—¿Podemos rastrear la llamada? ¿Contactar?
—Eh... no funciona así. ¿Segura que era Will? Flo dijo que oíste una respiración.
—Sí, era él. Era Will y estaba asustado, y luego solamente... —titubeó.
—Pudo ser solo una broma. Alguien quiere asustarlos.
—¿Quién haría eso? —preguntó Emily, confundida.
—Salió en TV. Así aparecen los locos, ¿no? Pistas falsas, llamadas de broma...
—No, Hopper, eso no fue una broma. Era él —rogó Joyce—. Por favor, tienes que creerme. ¿Te imaginas que lo estoy inventando?
—No dije que lo inventaras. Solo digo que estás muy sensible ahora.
—¿Y crees que no sé cómo suena la respiración de mi hijo? ¿No reconocerías la de tu hija?
La habitación quedó en silencio.
—¿Ya supiste algo de Lonnie?
—No.
—Ya pasó mucho. Haré que lo investiguen —aseguró Hopper antes de salir.
—¡Estás perdiendo el tiempo! —gritó Joyce
[. . .]
Jonathan y Emily se encontraban dentro de la escuela, pegando un cartel en el muro.
—Dios... miren —murmuró Carol a su grupo.
—¿Deberíamos decir algo? —soltó Nancy.
—No creo que hablen.
—¿Cuánto apuestan a que lo mataron? —dijo Tommy, apoyándose en la pared.
—¡Cierra la boca! —exclamó Steve.
Terminaron de colocar el cartel. Emily tragó saliva al ver la foto de su hermano reflejada en el papel. Sintió un nudo en el estómago. Era extraño ver el rostro de Will ahí, expuesto frente a todos, como si el pueblo entero necesitara un recordatorio más de su ausencia. De pronto, Steve y Nancy estaban frente a ellos.
—Hola —saludó Nancy amablemente.
—H-hola.
—Solo queríamos decirles... ya saben... que lamentamos todo —dijo Steve, lanzando una breve mirada hacia su grupo.
—Todos estamos pensando en ustedes. Es terrible —agregó Nancy.
—Sí... —respondió Jonathan—. Uhm, me tengo que ir. ¿Regresas sola a casa?
Emily asintió. Jonathan se marchó, dejándola sola con ambos.
—Es un niño listo. Seguro está bien —intentó consolarla Nancy.
—Esta noche nos juntaremos en mi casa. Mis padres no están, así que solo seremos nosotros —anunció Steve— Digo, se que estas pasando por algo dificil pero, podrías venir... para distraerte.
—Barb y yo iremos —agregó Nancy—. Steve puede llevarte.
—Está bien... —respondió Emily, insegura.
El timbre sonó y se despidieron yendo a sus respectivas clases
[. . .]
Cuando el último timbre resonó, el murmullo de los estudiantes saliendo del edificio llenó el aire. Emily caminó hacia el estacionamiento con los libros abrazados contra el pecho, tratando de ignorar las miradas que algunos aún le lanzaban. El aire estaba frío y las hojas secas se movían por el pavimento con cada ráfaga de viento. Steve ya estaba apoyado en su coche. Se enderezó al verla acercarse.
—Hey —saludó con una media sonrisa.
—Hey —respondió Emily, subiendo al asiento del copiloto.
El motor rugió y salieron del estacionamiento. Durante los primeros minutos nadie habló.
—Si quieres... puedo poner música —comentó Steve.
—Está bien —respondió ella, sin convencimiento.
Él encendió la radio y bajó el volumen.
—Sé que todos actúan raro... y que muchos hablan mal —murmuró—. Pero siento mucho lo que estás pasando. No tienes que hablar si no quieres.
Emily asintió.
Al llegar a la casa de Steve, estacionaron frente al garaje.
—Mis padres no regresan hasta mañana —comentó.
Entraron a la casa. El ambiente estaba tibio y silencioso.
—Puedes sentarte donde quieras. Nancy y Barb llegarán en unos minutos.
Emily dejó su mochila junto a una silla y respiró hondo.
Cuando la puerta volvió a abrirse, Barb apareció junto a Nancy.
—No mencionaste que Emily estaría aquí —dijo Barb hacia Nancy, acercándose a Emily para saludarla.
—Yo tampoco lo sabía —respondió Emily.
Steve se acercó, abrió una lata de cerveza haciendo palanca con una navaja por la parte de abajo y bebió de ella de un solo trago, antes de dejarse caer en el asiento frente a las chicas.