Dilema

Capítulo Cuarenta

Cambio de decisiones

—Pensé que no vendrías.—Exclama Cassie mientras abre la puerta realmente sorprendía, y con mucho sueño, debo de remarcar. Asiento.

—De hecho, no pensaba hacerlo. Pero, habíamos acordado pasar tiempo juntas, así que...—Sabía que a Cassie no podía decirle ninguna mentira, a ella debía de decirle la verdad, debía de explicarle cómo se dieron las cosas.—La verdad es que Harry me dijo la verdad de lo nuestro.—Cassie me mira fijamente, me ayuda con las maletas y después de lo que aparecen ser cinco minutos se acomoda junto a mí en el sofá del departamento, debo de mencionar que es hermoso, y muy espacioso, claramente sus padres querían que ella estuviera cómoda.

—¿Y qué fue lo que te dijo?—Le digo todas y cada una de las palabras que Harry me dijo, las repito fuerte y claro, tanto que nuevamente el dolor en mi pecho se hace presente. Miro a Cassie quién no deja de pasarme pañuelos para que me limpie el rostro.

—Es un desgraciado. ¿Cómo se te ocurre decir eso? Digo, mínimo pudo haber sido honesto desde el principio. Decirte lo que en verdad quería, los hombres son unos idiotas.—Cassie sabía bien que yo no era de esas chicas que estaría con un chico si este solo quería sexo, pero aun así le molestaba cuando veía que un chico lastima a una chica, más cuando esta está realmente enamorada.—Amiga, sé sobre tus expectativas sobre el amor, y déjame decirte que no son malas, solo que por ahora debemos de alejarnos de ese tema. No quiero un nuevo Yellow Day, sabemos que ni tú ni yo estamos en condiciones para soportarlo, así que por muy duro que suene esto, lo que debemos de hacer es enfocarnos en terminar la preparatoria, luego, elegir la universidad a la que iremos y al final tomar ese camino. Así que, ánimo, amiga. Todo estará bien.—Lo que más amaba de Cassie era su positivismo. Y en este momento sí que lo necesitaba.

—Bien, si, tienes razón.

—Bueno, ya que me has dado la razón, déjame te guío a la que será tu recamara.—Cassie toma mi mano, me guía por un pequeño pasillo hasta que llegamos a la recamará. Es muy espaciosa, más de lo que me gustaría admitir, y además tiene una bella vista de la ciudad, me giro a ver a mi amiga y la abrazo, agradeciéndole está oportunidad.

—Me daré un baño, necesito descansar.—Ella asiente.

—Te vengo a buscar para que cenemos.—Niego, no tenía mucha hambre, lo atribuía a el mal momento que me hizo pasar Harry.—No, ¿Qué?—Exclama ella, claramente ella sabía lo que me ocurría después de algo como lo de Harry.

—No tengo hambre, pero prometo que en cuanto me dé iré a buscar algo. Pero por ahora, solo quiero descansar.—Exclamo y solo espero a que asienta, cuando lo hace me disculpo con ella para poder ir a bañarme. Me relajo mientras el agua caliente recorre mi cuerpo, mis músculos comienzan a relajarse, no sabía que estaba tan tensa, me lavo el cabello, luego el cuerpo, una vez que he terminado de enjuagar mi cuerpo, salgo del baño, me coloco la pijama que he sacado de la maleta, busco la secadora y una vez que la conecto me seco el cabello. Tener un corazón roto es una sensación horrible, algo que jamás le desearía a nadie. Me hago el respectivo ritual del rostro, y una vez que estoy lista, un poco más tranquila y relajada, me acomodo en la cama para poder dormir. Descansar le hacía bien a todos.

(…)

Cuando mi alarma suena, no soy consciente de que la he aplazado más de diez veces. Supongo que ese es el principal motivo por el que he estado llegando tarde a las clases de la maestra Danny. Debería de tener más cuidado. Noto que hay mucho ruido en el cuarto de Cassie, despierto por completo y me doy cuenta de que ya se me ha hecho demasiado tarde y que seguro ella ha estado haciendo ruido para que me despertara. Tomo mi ropa interior y el uniforme, me cambio rápidamente y me hago un peinado rápido, bonito, pero rápido. Tomo mi mochila y salgo a tomar algo, un poco de leche y un par de galletas, regreso al cuarto y me cepillo los dientes. Una vez lista salgo a la sala y me siento sobre el sofá, cruzando una pierna sobre la otra y con mi celular en la mano, esperando a Cassie.

—Dime que no hiciste tu cama.—Me río.

—Es lo primero que hago al levantarme. Deberías de intentarlo.—Cassie se ríe.

—En otro momento, anda, que se nos hace tarde.

El camino a la escuela se me hace muy divertido, la verdad es que puede que me acostumbré a esto muy pronto, más de lo que me esperaba. Es lindo poder pasar tiempo con mi mejor amiga, saber que puedo contar con ella.

—Uy, no estaremos juntas hoy las primeras dos horas, pero nos vemos en el almuerzo.—Exclama ella y yo asiento. El día de hoy yo tenía dos clases de francés, y Cassie estaría en clases de Historia. No, era al revés, ella de francés y yo de Historia, este nuevo semestre trajo ciertos cambios, por esa razón estaríamos separadas.

—Buenos días jóvenes.—Exclama el profesor entrando al aula. Mi estómago se revuelve y por extraño que parezca siento que voy a devolver todo, o más bien lo poco, que consumí antes de salir de casa. Elevo la vista poco a poco, encontrándome a Harry con aquel traje azul que se le veía tan bien. Me miró durante unos segundos antes de comenzar la clase.

Debo de decir que nunca, nunca mientras estuve enamorada a un nivel sorprendente escuché qué era lo que las chicas tanto murmuraban de él, pero hoy, hoy que busco razones para olvidarme de aquel chico, no puedo encontrarlas porque literalmente todas las chicas hablan de lo lindo que se ve en ese traje y que a ellas no les molestaría meterse en líos con tal de tener algo con él. Vaya, su supieran lo que dicen.

Al final de la clase, lo primero que hago es tomar todas mis cosas, de la manera más rápida y torpe posible, para mi fortuna, nada se cae de mis brazos y puedo salir huyendo de Harry Mattson. Me encuentro con Cassie en el almuerzo en la cafetería, omito el tema de Harry, supongo que de esta forma será más fácil olvidarlo, o en parte, ya que él seguirá dando clases de Historia al menos hasta que consiga algo más en otro sitio. Solo esperaba que se fuera pronto, no me gustaba tenerlo cerca y no poder decirle nada, ni siquiera fui capaz de saludarlo como si fuese mi profesor solamente y no el chico que hace unas noches rompió mi corazón.




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