Ella podrá sentir hambre y deseo, y es natural que lo sienta con su nueva pareja; como es natural que alguien busque otro río cuando el viejo se seca bajo el sol implacable, como es natural que la piel busque calor cuando el frío es insoportable.
Ella podrá sentir hambre y deseo, y yo no tengo derecho a dolerme por eso; porque el cuerpo no entiende de juramentos eternos, sino de manos que llegan cuando las mías se fueron. Y, aun así, mi corazón se retuerce como si cada caricia ajena fuera una herida que me abren de nuevo.
Seguir viviendo es seguir sintiendo. Peor sería no sentir nada, como un muerto. El fuego se alimenta para que no se apague; dejaré alimentar mi dolor con tanto recuerdo.
Ella podrá sentir hambre y deseo por otro, y es natural, sí; pero lo que no es natural es mi soledad por seguir pensando en ella.