Te di mi amor como quien da una mano y, delante de todos, es ignorado; como un saludo que no merece respuesta, o como quien tiende un puente y, por no agradecer, prefieres no cruzarlo.
Te di mi amor como quien ofrece un abrigo y lo dejas caer con una sonrisa distraída.
No es que me ataques, es que me haces invisible; y duele más que un golpe, porque el golpe al menos deja marca, deja un moretón que se puede enseñar y explicar.
Te di lo mejor. Por eso, quizás, me siento en paz al decirte adiós.