Diluir tristezas de amor.

Sin nadie quien me quiera

Sin nadie quien me quiera he vuelto a hablar de amor, como quien habla con pájaros esperando que respondan y les cuenta que las nuevas primaveras traen delicioso pan; y, como no le creen, los invita a picotearle las migajas de su pecho.

Sin nadie quien me quiera he vuelto a hablar de amor, he vuelto a hablar de esa gran ilusión que toda alma romántica sueña. Y es un amor sin cuerpo, sin manos, sin besos; un amor que se alimenta de su propia necesidad y se hace más grande cuanto más solo está.

Sin nadie quien me quiera he vuelto a hablar de amor, pues prefiero agonizar así, en voz alta, escuchándome.




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