LA TERQUEDAD DEL CORAZÓN.
Hay amores que se van y dejan ecos que continúan.
como el humo del cigarrillo que se deja salir en círculos contiguos.
Ese amor nace, se consume en pasión, se desespera en la ausencia,
y sin embargo, el ciclo se reinicia en la memoria,
en el recuerdo, en el mar, en el cuerpo. Es un amor que no termina porque se atrapa en un eterno presente.
El amor es un ciclo de encuentros y desencuentros, de presencias y ausencias que se alternan. Es un amor que vive en el vaivén, en el «tú vienes y vas» constante de una marea, como si el ciclo fuera la única forma de mantenerlo vivo.
En esta historia el amante busca a la amada, la encuentra, pero la pierde en un sueño. Cuando él le cuenta su sueño de casarse, ella se aleja porque tiene otros planes.
El amor cíclico no es solo repetición: es la prueba de que el amor sobrevive a sus propias muertes. Se va, se hiere, se olvida… y regresa más fuerte, o más dolido, pero regresa.
Ella regresó, y él estaba ahí, esperándola.
Moraleja:
Desde que te cruzaste en mi vida te uniste a mí, de alguna manera que nos volvimos inseparables.