Todavía me gustas
como gusto del primer sorbo de café
cuando la mañana apenas despierta,
con esa calidez
que de pronto huele a tus manos.
Hay tardes de lluvia que no invitan a salir,
y con la misma inocencia de los niños
que vuelven a dibujar el mismo sol
vuelvo a dibujar mis anhelos por ti.
Me gustas como se gusta de un sueño
que se repite cada cierto tiempo,
sabiendo que al abrir los ojos
solo quedará la almohada tibia.
Todavía me gustas
como quien guarda un secreto demasiado dulce,
para saborearlo de una sola vez,
demasiado íntimo,
para contarlo en voz alta,
Todavía me gustas
en las pausas que hace el corazón
cada vez que palpita
cada vez que pasa un recuerdo disfrazado de casualidad.
Todavía me gustas
en la manera en que la tarde se detenía
como se detiene un pañuelo
cuando ya no está la mano que lo llevó al cuello.
Todavía me gustas
con esa terca suavidad
de las cosas que entran sin hacer ruido
pero cuando la lluvia golpea los cristales
recuerdo tus dedos impacientes en la mesa.
Todavía me gustas
como gusta la luz de una ventana
que se quedó abierta para que entre la brisa,
como gusta el eco de una risa
que ha quedado congelada en una foto.
Todavía me gustas
con esa ternura prohibida
que se acomodaba en mi alma
como un vestido que nunca se quitó
porque seguía quedando perfecto
o porque preferí no quitártelo.
Todavía me gustas,
y no lo digo con llanto, pero si con nostalgia
lo digo bajito, casi sonriendo,
como quien espera que le correspondan,
como quien confiesa una verdad pequeña
que ilumina la grandeza del cielo.
Todavía me gustas, amor,
y no pido que vuelvas,
hasta que tú sientas lo mismo.