Tú pudiste haber sido mía, como pudieron haber sido míos tus hijos.
Tú pudiste haber sido mía con la dulzura de un "sí" que no se dijo, con la ternura de unas manos que se rozaron y se apartaron por miedo a no soltarse; con el calor luminoso de un abrazo que se quedó suspendido en el aire como una estrella fugaz. Tú pudiste haber sido mía y yo pude haber sido el hombre de tus sueños, el que esperas al final de cada jornada.
Tú pudiste haber sido mía como pudo haber sido mío el hielo que se escapó entre mis dedos dormidos; como pudo haber sido mía la estrella, pero me venció el sueño. Tú pudiste haber sido mía en aquellas tardes de lluvia callada, pero estuve más afanado en cubrirte para que no te mojaras.
Tú pudiste haber sido mía y yo pude haber sido tuyo, si me hubiera aprovechado cuando el miedo llegaba en vez de apretarte la mano.
Tú pudiste haber sido mía como el río pudo haber llegado al mar sin que nada lo detuviera a medio camino; como la flor pudo haber abierto sus pétalos si el sol no hubiera sido tan tímido en el momento de calentarla. Yo te quería y te quiero, por las buenas, pero quererte así, como te he querido, es el amor más ingenuo, pero el más puro.