Dímelo a la cara

Capítulo 3: Chicas

Al ser la hora del recreo, Nataly decidió entrar en la biblioteca en vez de ir al patio, como de costumbre. Se sentó junto a una mesa que vio libre, al lado de la ventana, sin nadie más. Sacó sus apuntes de latín y empezó a subrayar y organizarse.

Poco después, Abby entró en la biblioteca. Estaban casi todos los sitios ocupados, y la única mesa libre era la que estaba junto a la ventana, donde reconoció a una chica de su clase, aunque no recordaba su nombre.

Se acercó y señaló la silla.

—¿Puedo sentarme aquí? No hay más sitio.

Nataly levantó la vista un segundo y asintió.

—Claro, sin problema.

Abby dejó su mochila sobre la mesa y sacó su libreta de dibujo. Pasó las páginas hasta encontrar una en blanco y se acomodó en la silla. A su lado, Nataly continuaba subrayando sus apuntes con total concentración.

Por un momento, en la mesa solo se escuchaban dos sonidos: el roce del lápiz de Abby deslizándose sobre el papel y el clic clic del subrayador de Nataly al marcar líneas sobre los apuntes.

Poco después, alguien se acercó a la mesa y tiró suavemente de la silla libre.

—Eh... ¿os importa si me siento aquí? —preguntó Sasha, con una media sonrisa—. Es que no queda sitio.

Nataly alzó la vista y asintió.

—Claro, siéntate.

Sasha dejó su mochila en el suelo y miró a ambas chicas con curiosidad.

—Vosotras sois de mi clase, ¿verdad? Es que soy nueva y aún no me entero de nada.

Abby sonrió levemente.

—Yo también soy nueva, no te preocupes.

—Me llamo Sasha ¿Como os llamabais vosotras? —Pregunto Sasha a ambas.

—Yo soy Abby

—Yo Nataly

Nataly cerró su libreta un momento y las miró a ambas.

—Yo ya llevo aquí desde 2º de la E.S.O y me conozco el instituto de pe a pa. Y también a la mayoría de la clase.

Apoyó el codo en la mesa y suspiró.

—Que eso es lo peor.

Sasha resopló.

—Buah, pues una de la clase me ha empujado en el pasillo antes, como si yo no existiera. La tia coje y me dice "quita de en medio coño".

Nataly arqueó una ceja.

—¿Quién?

—La que insultó a la profe de latín antes, la... ¿Lorena? ¿Yurena? No sé cómo se llama.

Nataly chasqueó la lengua.

—Yurena. Ni te rayes, es así con todo el mundo. Y su grupito igual.

—Me da igual. Si lo vuelve a hacer, le meto un codazo.

Nataly sonrió de lado, pero justo cuando iba a responder, su expresión cambió.

Dejó el subrayador sobre la mesa y miró por la ventana con el ceño fruncido.

—¿Qué coño están haciendo esos gilipollas?

Abby la miró, algo confundida.

—¿Qué?

Nataly señaló con la cabeza hacia el patio. En la zona de mesas de picnic, justo en una de ellas, estaba Raúl, sentado solo. Pero no por mucho tiempo. Un grupo acababa de rodearlo.

Se trataba de Iván, Ryan, Karina, Yurena, Tommy... y Adam.

—Esa gente —dijo Nataly, sin apartar la vista—. Son de nuestra clase. Mira lo que le están haciendo al pobre chaval.

Abby y Sasha se giraron hacia la ventana.

Ryan dijo algo y empujó a Raúl con la mano en el hombro. No parecía un golpe fuerte, pero sí lo suficiente para hacerlo encogerse sobre sí mismo. Iván se rió y se inclinó sobre la mesa, acercándose demasiado.

De repente, Karina agarró la bandeja con la comida de Raúl y, con una sonrisa maliciosa, la volcó al suelo. El chico se quedó quieto un momento, apretando los puños sobre sus piernas.

Abby sintió un nudo de rabia en el estómago.

—Qué hijos de la gran puta... —murmuró, con los dientes apretados—. Lo están empujando, le han tirado la comida al suelo...

Nataly tamborileó los dedos sobre la mesa, visiblemente molesta.

—¿Ese no es Raúl? —preguntó Abby.

Nataly lo miró bien y apretó los labios.

—Sí, es uno de los nuevos.

—Esta mañana ya estuvieron molestándolo en clase —recordó Abby—. Le decían que hablaba demasiado flojito y que ni se le oía.

Sasha, que hasta ese momento observaba en silencio, dejó escapar una risa seca, sin pizca de humor.

—Son unos pringados. Se creen los reyes del instituto y no son más que una panda de niñatos con el ego inflado.

Nataly siguió observando la escena, con la mandíbula tensa.

—Eso no es ser un niñato. Es ser un puto matón.

Abby apretó su lápiz con fuerza, hasta que la madera crujió ligeramente.

—¿De verdad nadie va a hacer nada?

—Nadie hace nada nunca. —Nataly giró la cabeza hacia ella—. Los profesores pasan. Y la mayoría de los alumnos prefieren no meterse en líos.

Raúl bajó la mirada al suelo, como si intentara ignorarlos, pero se notaba la tensión en sus hombros. Adam dijo algo, pero no parecía burlarse. Más bien, tenía los brazos cruzados y parecía incómodo, aunque no hizo ni dijo nada para detener a los demás.

Karina soltó una carcajada, e Ivan le dio un pequeño empujón a Raúl en el brazo, lo suficiente para hacer que casi perdiera el equilibrio en el banco.

—Es que voy y les reviento... —masculló Sasha, entre dientes.

Abby la miró, y luego a Nataly.

—¿Vamos?

Nataly tardó un par de segundos en responder. Luego, agarró su bolígrafo, lo cerró con un clic y se levantó.

—Vamos.

Sin pensárselo dos veces, las tres salieron de la biblioteca y se dirigieron hacia el patio.



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En el texto hay: adolescentes, lgtb, lgtb amor

Editado: 20.07.2026

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