Nataly iba delante, con paso rápido y mirada fija. Sasha y Abby la seguían más atrás, cada una procesando la situación a su manera. Al llegar, lo vieron claro.
Allí estaba Raúl, todavía sentado en el banco del merendero, encogido, los hombros caídos y los ojos vidriosos. Llevaba rato aguantando, mordiéndose el labio, tragándose el llanto. Pero ya no podía más.
—¿Qué pasa, no dices nada? —se burló Ryan, dándole otro empujón desde atrás.
Raúl, con las mejillas empapadas, se levantó de golpe, fuera de sí, y lanzó un puñetazo torpe al aire, directo hacia Ryan.
—¡Déjame en paz ya, joder! —gritó, con la voz rota.
Ryan apenas se movió. Esquivó el golpe con facilidad y respondió con un derechazo limpio al rostro.
¡PUM!
Raúl cayó al suelo como un trapo, con un gemido ahogado, agarrándose la cara. Se quedó allí, encogido en el suelo, temblando, el pecho agitado y la respiración entrecortada. Lloraba, no solo del dolor, sino de la impotencia, del cansancio.
Karina soltó una carcajada exagerada, como si todo fuera un espectáculo. Yurena lo señaló y se rió también, sin pudor. Iván le pateó la mochila para alejarla aún más. Tommy, que estaba un poco más apartado, dio un par de pasos hacia el grupo.
—Oye... parar ya, ¿no? Es suficiente —dijo, con un tono que, aunque no muy alto, fue firme.
Nadie le hizo caso
Adam, un poco apartado, miraba la escena con incomodidad, sin saber qué hacer. No era eso lo que el quería. Solo quería encajar en algún sitio, y acabó cayendo en el peor grupo posible.
—¿Pero vosotros estáis gilipollas o qué? —soltó Nataly, alto y claro, mientras se acercaba.
El grupo se giró a la vez.
—¿Eh? —saltó Yurena—. ¿Y esta qué quiere?
—Lo que quiero es que dejéis de comportaros como malnacidos, panda de mierdas —Soltó Nataly, con la voz firme—. ¿No os da vergüenza?
Abby se quedó unos pasos más atrás, algo tensa. Sasha, con los brazos cruzados, se detuvo justo al borde del círculo, sin quitarles ojo.
Yurena bufó, dando un paso hacia Nataly.
—¿Pero tú quién coño te crees que eres, eh? ¿La reina del instituto? Si no eres nadie, tía. La empollona que saca dieces porque no tiene vida. ¡Vete a tu casa a estudiar, friki de mierda!
Nataly no se achantó. Dio un paso más y los señaló uno a uno, con rabia contenida.
—¡Sois todos iguales! ¡Tú! —señaló a Iván—. ¡Tú! —a Ryan—. ¡Tú! —a Karina—. ¡Y tú! —mirando a Yurena—. Una panda de cobardes. Os creéis guays por joder al que no puede defenderse.
—Cálmate, joder —dijo Ryan, alzando las manos con falsa calma—. Si solo era una bromilla, ¿no? Que tampoco es pa' tanto...
—¿Bromilla? —Nataly dio un paso más y empujó a Ryan con fuerza en el pecho—. ¿Tú te ríes de esto?
—¿Pero qué haces, loca? —saltó Ryan, reculando un poco.
Y entonces, sin previo aviso, Yurena se acercó de golpe y ¡PAM! le soltó un guantazo a Nataly tan seco que retumbó en todo el patio. El sonido fue limpio, directo. Nataly cayó de lado, llevándose la mano a la cara, mientras la sangre comenzaba a salir de su nariz.
—¡Qué payasa eres, en serio! —se burló Yurena riéndose.
Abby se tapó la boca, horrorizada. Sasha levantó la cabeza. Sus ojos cambiaron.
Yurena, aún medio riendo, se giró y vio a Sasha mirándola fija, con una expresión que helaba la sangre.
—¿Y tú qué miras? ¿Qué pasa contigo, loca? ¿Te crees que das miedo o qué?
Sasha no respondió. Solo caminó despacio. Uno. Dos. Tres pasos.
Y entonces giró sobre sí misma con una precisión letal, se impulsó con el pie izquierdo y ¡RAAAAS! soltó una patada giratoria de campeonato. Sus deportivas impactaron de lleno en la cara de Yurena, que voló hacia atrás como una muñeca rota y cayó al suelo, sin entender ni lo que le había pasado.
El silencio fue absoluto.
—¿Pero qué cojones...? —murmuró Karina, retrocediendo.
En ese momento, aparecieron Alan y Axel corriendo, alertados por el revuelo.
—¿¡Qué ha pasado aquí!? —preguntó Axel, mirando a Yurena en el suelo, a Sasha de pie como una estatua, a Nataly sangrando y a todos en tensión.
Pero sus ojos no pudieron evitar desviarse hacia Raúl, tirado junto al banco, hecho un ovillo, con el rostro cubierto de lágrimas y un brazo sobre la cara como si quisiera desaparecer.
Axel lo observó en silencio, y algo se le revolvió por dentro. Aquella imagen le golpeó como un puño en el estómago.
Era como mirarse a sí mismo años atrás. Sabía perfectamente lo que estaba pasando: otra víctima más en el mismo círculo de dolor y miedo que él había conocido.
Pronto, se acumuló mucha gente alrededor, todos con miradas curiosas; algunos con rostros preocupados, otros simplemente expectantes, y no faltaron los gritos de '¡pelea, pelea!'.
El murmullo creciente llenaba el aire, mientras Axel notaba cómo la presión aumentaba y la necesidad de actuar era urgente.
Iván, rojo de rabia, estaba junto a Yurena, zarandeándola suavemente mientras gritaba su nombre, pero ella seguía aturdida, con la mirada perdida.
—¡YURENA, AMOR, REACCIONA! —GRITÓ CON ANGUSTIA—. ¡JODER, ESPABILA!
Se incorporó sin esperar respuesta, los ojos encendidos, y dio un paso hacia Sasha, apretando los puños.
—Ni se te ocurra —saltó Ryan, cogiéndolo del brazo—. ¿¡Vas a pegarle a una tía!? Estás flipando, pringao.
—¡Tú cállate! —gruñó Iván, zafándose de un tirón.
Fue directo a por Sasha.
Sasha, con la mirada fría y decidida, se plantó firme, flexionó ligeramente las rodillas y llevó las manos a posición de defensa, lista para reaccionar a cualquier ataque.
Pero Axel llegó antes.
¡PUUUUUM!
Una patada brutal al abdomen detuvo a Iván en seco. El impacto resonó como un trueno entre los muros del patio. El aire se le fue de los pulmones. Se dobló, tosió, escupió.
—¿¡Pero tú quién coño te crees que eres, gilipollas!? —gruñó, tambaleándose—. ¡Te voy a reventar!