Dímelo a la cara

Capitulo 6: Enemigos

El director llamó a todos los que estuvieron en la pelea a su despacho: Alan, Adam, Iván, Ryan, Tommy, Abby, Nataly, Sasha, Axel y Raúl. Casi toda la clase estaba ahí, menos María y Mario, que disfrutaban juntos del recreo, como siempre, y Yurena que se encontraba en enfermería.

—Vamos a ver —comenzó el director, con voz firme—. ¿Qué ha pasado aquí? ¿Alguien puede explicármelo? ¿Está toda la clase presente?

Nataly levantó la mano y dijo:

—No, faltan María y Mario, pero ellos estaban a lo suyo, no tuvieron nada que ver.

El director miró a Alan, que estaba callado:

—¿Y tú? ¿Qué hacías?

—Solo estaba viendo —respondió Alan bajando la mirada.

—¿Eres de esta clase, verdad? —insistió el director—. Y aun así, te quedaste viendo sin hacer nada para parar la pelea.

—No sabía qué pasaba —contestó Alan, inseguro.

—Cinco segundos viendo una pelea son suficientes para saber qué ocurre. Pero no te importaron tus compañeros. Y no te lo digo solo a ti, sino a todos los que vieron y no hicieron nada. Pero no puedo traer aquí a todo el mundo.

El director suspiró y miró al grupo:

—¿Me podéis explicar qué pasó?

Los "malos" estaban callados, algunos con señales de la pelea: Ryan con una bolsa de hielo en la cabeza, Iván rayado, Tommy con mala cara y Adam como si quisiera estar en otro lado.

De repente, alguien tocó la puerta.

—Toc, toc.

—Aquí está la que faltaba —anunció una profesora al abrir, dejando entrar a Karina, quien masculló de mala gana—. Déjame, coño.

El director no se dejó intimidar.

—Siéntate, Karina.

Ella se acomodó, con una sonrisa burlona, como si aquel lugar no la intimidara.

Sasha no se quedó callada:

—Mira, sin rodeos. Estos subnormales le estaban haciendo bullying a Raúl: pegándole, empujándole, abusando de él.

Karina explotó:

—¡¿Qué dices, mentirosa de mierda?!

Iván y Ryan gritaron a la vez:

—¡Hija de puta mentirosa!

—¡BASTA YA, ALUMNOS DE MIERDA! —gritó el director, casi gritando—. Raúl, ¿es cierto? Ven aquí y dilo.

Raúl bajó la mirada, nervioso, hasta que Ryan le hizo el gesto amenazante de "cortar el cuello", mientras Sasha asentía con la cabeza en señal de afirmación.

Entonces Raúl, sin poder contener más sus emociones, comenzó a llorar:

—Yo solo quiero ser feliz... y pasármelo bien... ¿Tan difícil es? —sollozó, y las lágrimas rodaron por sus mejillas.

Todos se quedaron congelados. Incluso los matones parecían sorprendidos.

—Puedes salir, Raúl —dijo el director—. Ve al baño y échate agua.

Raúl salió con la cabeza baja.

El director miró a Sasha:

—¿Cómo te llamas?

—Sasha.

—Bien, Sasha, ¿Quiénes fueron?

Ella contestó con asco: Iván, Ryan, Karina, Tommy, Adam... y Yurena.

Tommy protestó:

—¿Qué? Yo no hice nada, solo estaba viendo. No quería problemas.

—Volvemos a lo mismo —le cortó el director—. Estuvisteis viendo y no hicisteis nada, aunque sean vuestros compañeros.

Adam, visiblemente alterado, habló con sinceridad:

—Entré al grupo creyendo que haría amigos, que no estaría solo. Pero veo que me equivoqué.

Iván le respondió con sarcasmo:

—Cállate, que tú le pegaste fuerte, ¿eh?

—¡Yo no le pegué, subnormal! —gritó Adam, levantándose para encararlo.

—¡Quieto, idiota! —le cortó el director—. Estoy cansado de todos vosotros. Me dais asco. Sois basura.

Golpeó la mesa con fuerza.

—Tenéis un parte colectivo, y quiero que sepáis que me importa un carajo. ¡Fuera de aquí! —cerró la puerta de golpe.

Por el pasillo, Iván masculló:

—Pagaréis por lo que le hicisteis a mi Yurena.

Iván Se dirigió directo a enfermería.

—¿Cómo está Yurena? —preguntó.

—Está bien, puedes entrar —respondió la enfermera.

Iván entró con sonrisa de cínico:

—Hola, mi bomboncito de azúc...

¡PUUM! Yurena le tiró la lámpara.

—¡Fuera, hijo de puta! ¿No sabes defender a una mujer? ¡Gilipollas! ¡Te voy a matar! Espera que me quite los pendientes y te arrastro por donde quiera.

Las enfermeras la sujetaron mientras gritaba:

—¡AGARRADME, QUE LO MATOOOO!

Iván salió corriendo.

—Joder, ya me va a dejar otra vez.

Finalmente, el día acabó. Todos salían con el papel rosa del parte en la mano, pensando en la cara que pondrían sus padres.

La madre de Alan:

—¿Pero qué has hecho, hijo?

—Nada, pero siento que podría haber hecho algo. — Respondió Alan

La madre de Adam:

—¿Eso qué es? ¿Vas a empezar con las tonterías otra vez?

El padre de Iván:

—¡Subnormal de mierda! —gritó, mientras le daba golpes.

La madre de Karina, orgullosa:

—Un papel rosa, ¿y eso qué significa?

—¡Que me han dado matrícula de honor nada más empezar, mamá! —gritó Karina orgullosa

El padre de Sasha, tranquilo:

—Hija, sé que hiciste lo correcto. Siempre defiende a los buenos de los malos.

Pero eso solo era el inicio de la guerra entre ellos.

Al día siguiente, miércoles, Sasha iba a su taquilla para sacar los libros de inglés. Cerró la puerta y sintió que alguien estaba detrás: Karina, con cara de asco mirándola fijo.

Se quedaron ahí sin decir nada. Sasha finalmente dijo:

—Piérdete.

Karina la llamó:

—Negra de mierda.

Sasha apretó los puños, lista para soltarle una ostia, pero Karina pasó mascando chicle, con cara de desprecio, y se fue.

—Tranquila, Sasha, no hagas otro lío —se dijo ella misma—. Pasa de ella.

Alan estaba sacando cosas de su taquilla cuando Adam se acercó.

—Hola, Adam —le dijo Alan.
—Hola —respondió Adam, sin más.

—En cuanto a lo que pasó ayer... —empezó Alan.
—No quiero hablar del tema —cortó Adam.

—Ya, entiendo. Aun así, sé que tú no tienes esas intenciones de meterte con nadie ni nada. Y sé que, aunque estuvieras en ese grupo... no sé, tío, no eres así.



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En el texto hay: adolescentes, lgtb, lgtb amor

Editado: 20.07.2026

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