Dímelo a la cara

Capítulo 7: Solitario

Alan entra en clase, se sienta en su sitio. Detrás de él entra Adam, que ocupa el pupitre a su lado. Se miran brevemente. No dicen nada. Empieza la clase.

El tutor está en la pizarra, con cara seria. Los murmullos en el aula desaparecen en cuanto levanta la voz.

—Estoy muy decepcionado con todos. Es el tercer día de clase... ¡y ya TODOS tenéis un parte!

Las miradas bajan. Alguno se encoge de hombros. Otros fingen indiferencia.

—El director me ha dicho que habéis estado todos involucrados.

—Ehhh, ehhh, perdona —salta María, levantando la mano y agarrando a su novio Mario por el brazo—. ¡Que mi chico y yo no hemos hecho nada! ¡Ni siquiera tenemos el papelito rosita! ¡Cuidado!

El tutor suspira.

—Me alegro por vosotros —responde sin ironía—. Pero hay alumnos que han sido lastimados. Tengo aquí el parte médico.

Saca un papel. Nadie respira.

—Yurena es la más grave. Tiene una conmoción cerebral. Ha sido trasladada a un hospital.

—Pues no lo parecía —responde Iván desde el fondo—, después de tirarme una lámpara y bloquearme de todos lados, la muy zorra.

—Iván —dice el tutor, parando en seco—. Vuelves a insultar y te vas del instituto expulsado.

—Va, va, tranqui... —masculla Iván, echándose hacia atrás.

—Hablando de ti, Iván... ¿cómo estás?

—Yo de puta madre —responde con chulería—. El puto maricón ese no me va a volver a tocar otra vez.

—Cállate la boca, abusador de mierda —suelta Axel con rabia.

Iván se levanta de golpe, como por impulso, pero se controla. Se vuelve a sentar con fuerza.

El tutor lo ignora.

—Axel y Sasha, sabemos que hacéis deporte de riesgo, tipo boxeo. También sabemos que defendisteis a Raúl. Pero la violencia nunca es la solución.

—¿Y dónde está ese? —pregunta Ryan—. ¿Por qué no ha venido?

—Necesita terapia psicológica. No vendrá en toda la semana.

Sasha, Nataly y Abby se miran. El ambiente se vuelve más denso.

—Ryan, tú también acabaste bastante mal, ¿no?

—En verdad lo disfruté —responde con una sonrisa torcida—. Nunca había peleado contra alguien y que me ganara. Te felicito, mariconazo.

Se escucha un "qué pesados sois, subnormales" en voz bajita.

—Sasha, ¿eres consciente de que has dejado a una alumna en el hospital? —Le pregunta el tutor con afirmación.

—Lo siento —dice con frialdad—. Aun así, no me arrepiento de lo que hice.

—Puta niñata... —escupe Iván por lo bajo.

—En definitiva —dice el tutor—: todos los que habéis agredido a alguien —Iván, Ryan, Sasha, Axel, Yurena, Karina y Nataly— estaréis castigados en el aula de estudio durante el recreo, durante dos semanas.

—¿¡¿PERO SI YO NO HE HECHO NADA?!? —grita Karina.

—Le hiciste bullying a Raúl. Verbal y físicamente.

—Qué asco, tío... —resopla Karina.

—Perdona que te diga —salta Sasha—, pero Nataly no pegó. Yurena la atacó primero y por eso le metí la patada que le metí.

El tutor asiente.

—Entonces Nataly queda fuera del castigo.

—Gracias, Sasha —le dice Nataly en voz baja.

Las quejas siguen. Caras de fastidio, miradas cruzadas. Finalmente, el tutor deja entrar al profesor de inglés, José, para que empiece la clase.

Cuando suena el timbre del recreo, los castigados bajan al aula de estudio con cara de amargados.

Sasha, Axel, Ryan y los demás entran como si fueran prisioneros. Algunos comparten mirada con sus enemigos. Otros ni se miran.

Mientras tanto, María y Mario salen al patio abrazados, felices y ajenos a todo.

Nataly y Abby caminan detrás, mucho más serias.

Por su parte, Alan sale solo. Mira alrededor, indeciso. Finalmente se encamina al merendero, como siempre, con sus cascos listos. Busca paz.

Pero Adam aparece por detrás.

—Oye —le dice—. He estado pensando en eso que me dijiste antes... y la verdad, me caes bien.

Alan se detiene, le mira. No dice nada.

—Me metí en el grupo de esa gente porque no quería estar solo. Pero... me arrepiento bastante.

—No te preocupes —dice Alan al fin—. Por eso no me arriesgo a conocer gente. Aunque se notaba de qué iban. Yo soy muy perceptivo.
—Iba a desayunar en las mesas, ¿te vienes?

Adam asiente. Caminan juntos.

No hay mesas libres. Solo una. En ella están Nataly y Abby.

—Mira quiénes están ahí —dice Nataly.

—¿Son de nuestra clase, no?

—Sí. Adam estaba con los que jodían a Raúl.

—Pero es nuevo. Dijo que se equivocó. Igual hay que darle una oportunidad.

—No te fíes de nadie, Abby. No aquí.

—Aun así... —Abby se gira—. ¡Hey! ¡Veniros!

—¿Pero qué haces?

—Shhh, hay que conocer antes de juzgar.

Alan y Adam llegan.

—Hola, gracias —dice Alan—. No había sitio.

—Hola... —responde Nataly, cortante.

Se sientan.

—Bueno —dice Abby, intentando romper el hielo—, ¿qué opináis de todo lo que ha pasado?

—Sinceramente, creo que alguien tenía que parar ese bullying —responde Alan—. Aunque me siento mal por no haber hecho nada... Me quedé congelado. No creía que pudiera hacer algo.

—No te preocupes —dice Abby—. Yo también me quedé igual. No por eso eres mala persona.

Nataly cruza los brazos, mirando a Adam.

—Oye, tú... ¿Adam, no? ¿Por qué te fuiste con esa gente?

—No quería estar solo, ¿vale? —dice él encogiéndose de hombros—. No lo pensé tanto.

—¿No lo pensaste? ¿Aunque viste cómo trataban a Raúl desde el primer día?

—Ya, pero... es que... no sé. Quería encajar, nada más.

—¿Y por qué no los paraste? Si sabías que estaba mal.

—Porque no quería meterme en líos, ¿vale?

—¿Perdón? ¿Eres tonto o qué? Estaban haciendo bullying a un chaval.

—¡Tampoco hace falta insultar! —salta Adam, empezando a perder la compostura.

—Tranquilos ya, por favor... —dice Alan, incómodo—. No empecemos otra vez con peleas.

—¿Y tú por qué lo defiendes tanto? ¿Eres su novio o algo? —suelta Nataly, sin filtro.



#414 en Joven Adulto
#5243 en Novela romántica

En el texto hay: adolescentes, lgtb, lgtb amor

Editado: 20.07.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.