Dímelo a la cara

Capítulo 11: Despedida

Adam al final no fue al instituto ese día. Bajó de la azotea, devuelta a su cuarto, devuelta a su cama. Se quedó mirando el techo de su habitación con el móvil apoyado sobre el pecho, dejando que el tiempo pasara lentamente mientras su cabeza daba vueltas una y otra vez a lo mismo. Había pensado en ir. De hecho, durante unos minutos incluso imaginó cómo sería entrar al instituto, caminar por el pasillo y fingir que todo estaba normal. Pero cada vez que pensaba en encontrarse con Alan, en cruzarse con su mirada después de todo lo que había pasado, algo dentro de él se encogía. Sentía vergüenza, culpa... y sobre todo miedo. Miedo a que Alan ya no quisiera ni escucharle. Cerró los ojos y soltó un suspiro largo.

—No hoy... —murmuró para sí mismo.

Y así fue como decidió quedarse en casa.

Mientras tanto, en el instituto, el recreo había empezado hacía unos minutos y el patio estaba lleno del ruido habitual de los alumnos hablando, riendo o caminando en pequeños grupos. Alan estaba sentado en un banco junto a Abby, Nataly y Sasha, escuchando cómo Sasha les contaba todo lo que había pasado el día anterior con la policía, Yurena y la extraña situación de su desaparición. Las chicas reaccionaban sorprendidas mientras Sasha explicaba cómo Yurena había aparecido caminando por la calle con las vías del hospital todavía puestas, quitándoselas como si nada y actuando con ese descaro que parecía tan propio de ella.

—Es que fue surrealista —decía Sasha—. Yurena quitándose las vías como si estuviera paseando por el parque.

—Es que no me lo creo —respondió Abby—. Yurena disculpándose con alguien.

—Yo tampoco —añadió Nataly—. Esa tía tiene menos empatía que una piedra.

Alan estaba allí escuchando, pero en realidad su mente estaba en otro sitio. Miraba al suelo distraídamente, jugando con una pequeña piedra que había encontrado en el patio mientras pensaba en Adam. No podía evitarlo. Desde que se había ido el otro día sin decir nada, la sensación de haber hecho algo mal no dejaba de rondarle la cabeza. Tal vez había sido demasiado duro levantándose y marchándose sin más cuando Adam intentó hablar con él. Quizás Adam solo quería disculparse. Quizá había sido una estupidez no escucharle.

—Oye —dijo Nataly de repente.

Todos levantaron la vista.

—Se me ha ocurrido una cosa.

—Miedo me das —dijo Sasha medio riéndose.

Nataly sonrió antes de continuar.

—A ver... llevamos solo una semana en el instituto, pero han pasado tantas cosas que parece que llevemos aquí meses. Así que pensé que podríamos hacer algo para conocernos mejor.

Abby frunció un poco el ceño.

—¿El qué?

—Abrirnos un poco entre nosotros —respondió Nataly—. Contar algo personal. Algo que normalmente no solemos decir. Como para sincerarnos un poco.

Sasha apoyó los codos sobre las rodillas.

—Eso suena peligroso.

—Venga, empiezo yo —dijo Nataly—. Así no os podéis rajar.

Se acomodó en el banco.

—Soy bastante maniática y muy impulsiva. No me estoy quieta nunca y siempre digo lo que pienso, incluso cuando probablemente debería callarme.

Los demás soltaron una pequeña risa.

—Vale, Abby —continuó—. Te toca.

Abby se señaló a sí misma.

—¿Yo?

—Sí, tú.

Abby pensó unos segundos antes de hablar.

—Bueno... a mí me gusta dibujar. Mucho.

Sasha sonrió.

—Eso ya lo sabíamos.

Abby bajó un poco la mirada.

—Pero cuando era pequeña se burlaban mucho de mi risa.

Las demás dejaron de reír.

—Decían que era rara... exagerada... molesta —continuó Abby con un pequeño encogimiento de hombros—. Y aunque ya no me lo dicen... sigo teniendo como ese trauma. A veces pienso que la gente sigue criticándola.

Sasha la miró con expresión seria.

—No digas eso.

Abby levantó la vista.

—Tu risa es muy bonita —dijo Sasha—. Y contagiosa. Cuando te ríes dan ganas de reírse también.

Abby parpadeó sorprendida.

—En serio —continuó Sasha—. No dejes que la opinión de cuatro imbéciles te afecte. A esa gente... lejos.

Abby sonrió.

—Gracias, Sasha.

—Te toca a ti ahora —dijo Nataly.

Sasha se pasó una mano por el pelo antes de responder.

—Bueno... hago MMA.

Alan levantó ligeramente las cejas.

—Eso explica muchas cosas.

Sasha soltó una pequeña risa.

—También pienso que tengo respuesta para todo... y que nadie puede hacerme daño.

Se quedó unos segundos en silencio.

—Y... bueno. No suelo contar esto.

Las otras se inclinaron ligeramente hacia delante.

—Soy bisexual.

Alan levantó la cabeza de golpe, sorprendido.

Abby abrió mucho los ojos... y luego sonrió.

—Ay... mira qué mona.

Sasha se rió.

—No me esperaba que fueses bisexual —continuó Abby—. Me encanta tener amigas así.

—Tampoco es para tanto —dijo Sasha encogiéndose de hombros.

Nataly miró a Alan.

—Te toca.

Alan se tensó un poco.

—¿A mí?

—Claro.

Alan se rascó la nuca, visiblemente nervioso.

—Pues... yo...

Las tres lo miraban expectantes.

—Vamos Alan —dijo Abby—. Ya nos consideramos amigos, ¿no?

Alan respiró hondo.

Y de repente lo soltó.

—SOY GAY.

El silencio fue inmediato.

Alan abrió mucho los ojos... y se tapó la boca.

—¡Joder!

Las chicas empezaron a reír.

—¡Coño Alan! —dijo Sasha—. Que se va a enterar todo el instituto.

—Ala —añadió Abby riendo—. Pues ya tenemos a la bisexual y al gay. Me encanta este grupo.

Nataly sonrió con cierta picardía.

—La verdad... yo ya lo notaba.

Alan la miró.

—¿Qué?

—Sí —continuó ella—. Y en cómo mirabas a Adam.

Alan reaccionó al instante.

—¡NO! ¡YO NO!

Nataly levantó las manos.

—Eh, eh. Yo solo digo que soy muy perspicaz.

Sasha lo miró con más seriedad.

—Alan... ¿estás preocupado por Adam?

Alan bajó la mirada.



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En el texto hay: adolescentes, lgtb, lgtb amor

Editado: 20.07.2026

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