Dimidia

Prólogo

["A todos los soñadores que se atreven a explorar los rincones más oscuros de su imaginación. Este libro es para aquellos que buscan aventuras en cada página y encuentran magia en lo cotidiano. Gracias por acompañarme en este viaje lleno de misterios y secretos. Que cada capítulo les haga latir el corazón un poco más rápido y les recuerde que, incluso en la oscuridad, siempre hay una chispa de luz."]

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🌙 La Leyenda del Lobo y la Mariposa
En el principio, éramos Dimidia.

En la lengua de los antiguos, esa palabra significaba "mitades". Dos almas no destinadas, entrelazadas por un capricho del destino.

Él era el albor.

Yo, el ocaso.

Y aunque jamás debimos encontrarnos, el universo, en su infinita contradicción, nos permitió converger.

Él nació bajo la bendición del dios Celene, marcado por la gracia de lo divino y el peso de la inmortalidad. Un lobo de pelaje blanco como la nieve recién caída, con ojos que contenían la vastedad del cosmos. Portador de dones que desafiaban la comprensión de los mortales, caminaba entre mundos como un suspiro eterno. Pero la eternidad, como todo regalo de los dioses, venía acompañada de su castigo: la soledad.

Todo cambió el día en que sus ojos se posaron sobre una mariposa. Sus alas eran un lienzo de colores imposibles: rosa, violeta, menta... Brillaban bajo el sol como gemas vivas. Frágil, efímera, danzaba en el aire con la gracia que solo la naturaleza puede orquestar.

Y él, hechizado por su belleza, juró protegerla.

Sin palabras.
Sin promesas.
Solo con presencia.

La mariposa, ajena a su guardián invisible, volaba libre, sin saber que una sombra la seguía. El lobo la velaba en silencio, como un suspiro que nunca se pronuncia. Ella era su tesoro, su misión sagrada, su secreto más preciado.

Pero los hilos de la vida no siempre obedecen a los dioses.

La muerte, con su toque ineludible, reclamó a la mariposa. Y el lobo, eterno y solitario, quedó frente a la cruel ironía de su existencia. La inmortalidad, que una vez fue su bendición, se convirtió en su condena.

En su desesperación, alzó la mirada al cielo y clamó por respuestas.

¿Qué valor tenía la eternidad sin ella?

¿Qué sentido tenía el tiempo si no podía compartirlo?

Fue entonces cuando comprendió:
Ella era su principio.
Él, su final.

Juntos, formaban un ciclo sin fin. Una sola alma, dividida por el destino, unida por el amor.

Se dice que el lobo encontró la manera de estar con la mariposa. Pero después de eso, nadie volvió a saber de él. Su historia quedó como una leyenda incompleta, un susurro entre los árboles, una canción que el viento repite en noches de luna llena.

Porque en la vastedad del universo, donde las estrellas nacen y mueren, donde los dioses juegan con los hilos del destino, siempre habrá espacio para las historias de amor que desafían la eternidad.

Y la leyenda del lobo y la mariposa será contada una y otra vez.

Un eco en el tiempo.
Una promesa que nunca muere.




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