Gracias a que Dekan me arrastró fuera del gimnasio sin el permiso de un profesor, ambos terminamos siendo llamados a la dirección para aclarar nuestra repentina ausencia durante la hora de deportes. El lío escaló tanto que terminaron convocando a nuestros respectivos tutores. No obstante, debo admitir que todo el asunto se tornó muy extraño; cuando llegó Milen, la directiva solo le pidió que me llevara de vuelta a casa y se quedaron a solas con Dekan en la oficina.
Pero, viéndele el lado bueno a la situación, al menos pude evitar tener que viajar durante veinte minutos dentro de un espacio cerrado a solas con mi vecino, en especial después de haber protagonizado una escena tan abrumadora en la biblioteca.
— ¿Me estás escuchando, Xey?
— No —despegué la vista de la carretera y me volví para verlo—. ¿Qué decías?
Milen me lanzó una mirada cargada de reproche a través del espejo retrovisor.
Solté un suspiro cansado. — ¿No podrías olvidarlo simplemente?
Él frunció el entrecejo, sin apartar los ojos del camino. — ¿De verdad crees que evadir los problemas hará que estos desaparezcan, hermanita?
— No, sé bien que no puedo evadirlos a todos —le guiñé un ojo, intentando aligerar el ambiente—, pero al menos puedo intentarlo.
La boca de Milen se abrió de par en par, indignado.
— Creo que mejor lo dejamos hasta aquí. Si sigo escuchando las cosas que dices, querida, tal vez acabe por cometer un homicidio fraterno.
Ruedo los ojos, conteniendo una sonrisa.
Sabía que él tenía razón en preocuparse, pero dudaba de cómo explicarle mis sospechas. Estaba casi segura de que Dekan había manipulado de alguna forma al director de la escuela para que me dejaran marchar sin recibir ningún tipo de castigo o amonestación por lo ocurrido.
— La verdad es que no sé por qué te pidieron que vinieras para luego decirte que me llevaras de regreso a casa —comenté, apoyando la barbilla en mi mano—. No sé qué quieres que te diga.
— Pues al menos podrías decirme qué fue lo que ocurrió exactamente durante la clase de Educación Física —replico él.
Lo pensé por un momento, midiendo mis palabras.
— Como quieras, pero a mi parecer lo sucedido no merece que le prestes tanta atención.
— Eso lo decidiré yo, gracias —dijo, encendiendo el motor del coche tras detenernos en un semáforo—. Entonces, ¿qué sucedió?
Bueno, supongo que contarle las cosas omitiendo ciertos detalles no hará ningún daño.
Dirigí mi mirada hacia el espeso bosque que bordeaba la carretera. — Es que al profesor se le ocurrió que sería una maravillosa idea ponernos como capitanas de equipos contrarios a Rubi y a mí. Para echarle más leña al fuego, le entregó el balón a ella para que iniciara el partido. Las cosas se descontrolaron rápidamente en el momento en que lanzó un saque malintencionado que, obviamente, se dirigía directo a mi rostro...
— Xey —volteé de inmediato al escuchar la súbita alteración en su voz—. ¿Acaso te han estado molestando en la escuela otra vez?
¿Cómo le digo que nunca han dejado de hacerlo y que ahora simplemente soy mejor ocultándome?
Sabía perfectamente que Milen había tenido que ejercer muchísima presión sobre el alcalde y la asociación de mujeres religiosas desde que se convirtió en el doctor en jefe del hospital de Rud para que el pueblo dejara de atormentarme. Pero algo que mi hermano ignoraba era que, a nuestras espaldas, tanto las miradas insidiosas como los murmullos maliciosos aún continuaban vigentes.
Y yo no iba a ser quien le rompiera la ilusión de que me había salvado de eso.
— No te preocupes, hermano. Solo fue un pequeño roce entre Rubi y yo, no es algo por lo que debas angustiarte.
Me miró con evidente escepticismo.
— Ya olvídalo, ¿quieres? —Regresé la mirada hacia los árboles fuera de la ventana para evitar su escrutinio—. Igual, tampoco creo que hubieras podido hacer mucho sobre este asunto de todas formas.
El silencio se extendió por el cubículo del auto, volviéndose denso.
— Si eso es lo que piensas, supongo que de nada sirve que sigamos hablando de ello —dijo con un deje de profunda tristeza.
Me dolió escucharlo así. Sabía que mis palabras lo habían lastimado, pero también tenía presente que no había manera de explicar gran parte de lo ocurrido sin mencionar las cosas extrañas que rodeaban a Dekan. Mantener una distancia fría era la única opción que tenía para que Milen dejara pasar el incidente sin ponerse a investigar más de la cuenta.
— Necesito pasar un momento por el hospital para recoger unos papeles que dejé sobre mi escritorio antes de poder irnos finalmente a casa —anunció, cambiando drásticamente de tema.
— Está bien.
•✿✿✿✿✿✿•
Unos veinte minutos después, nos encontrábamos caminando por los pasillos del hospital con dirección a la oficina de Milen, envueltos en un mutismo incómodo. Nos dirigimos hacia la planta principal, pero al entrar en el área de recepción, noté rápidamente que el comportamiento del personal era extraño. Algunos médicos y enfermeras se encontraban reunidos en pequeños grupos, susurrándose cosas en voz baja, mientras que el resto exhibía una marcada expresión de preocupación en sus rostros.