Dioses de la penumbra

Beleb

Contrario a lo que pensábamos ni Mors o sus hijos atentaron contra nosotros. Descubrimos que en la ciudad sus habitantes bebían agua que extraían de forma eficiente del aire con una maquina a la que llamaban Negat, así que pudimos satisfacer nuestra sed ampliamente, incluso hacer uso de ella para darnos un baño que elimino el olor putrefacto que adquirimos casi inmediatamente que llegamos a Eversor. Con todo lo que Mors nos relató sentimos una aguda curiosidad por saber que era la penumbra a la que aludió y qué significaba en verdad el nombre Eversor. No esperamos mucho para tener las respuestas a nuestras interrogantes.

-Mors ordena que se presenten en la gran sala- La mirada de Gehenna lo decía todo: los buenos modales con nosotros quizás habían concluido.

Salimos con el hombre rumbo al lugar manifestando una gran incertidumbre porque desconocíamos las exactas intenciones por las que éramos convocados. Cuando entramos a la gran sala nos dimos cuenta que un hombre estaba de pie esperándonos en tanto sostenía en sus manos un libro con características rústicas.

- ¿Así que tú y ella eran adeptos de Abaddón? – Su pregunta estaba revestida de sarcasmo indicándonos que nuestra pertenencia al culto de Abaddón solo fue un pasatiempo con el que gastamos vanamente nuestros esfuerzos Gehenna y yo - ¿Alguno de ustedes puede revelarme qué es la penumbra? – Todos en la sala nos observaban con la expectativa de que pudiésemos explicar lo que el hombre nos preguntaba. 

-Sospecho que cualquier explicación que demos estará de sobra porque, evidentemente, usted conoce la respuesta precisa a su pregunta – Fue lo único que acerté a decir.

- En Mors me conocen como Beleb y soy el ermitaño que tengo a mi cargo la enseñanza y el control de la penumbra. Desde hace cientos de años entendimos que ella forma parte de nosotros y que cuando el cosmos emanó de la singularidad la luz y la penumbra emergieron juntas. La conciencia es un fruto que surgió del cosmos y, por lo tanto, nuestra consciencia es obscuridad y luz danzando al mismo tiempo. Eversor es el nombre que damos a la obscuridad que rige nuestras vidas y todos en Mors somos adeptos de ella. Nosotros preferimos utilizar su poder para sobrevivir en este planeta inclemente y para castigar a todos nuestros enemigos – Cuando dijo ‘castigar a nuestros enemigos’ deduje que esos enemigos éramos nosotros y que había llegado nuestro fin, especialmente porque Beleb nos indicó con una seña que lo siguiéramos.

Al salir del lugar nos llevó a campo abierto donde ya nos aguardaban varios elementos de sus hordas que custodiaban un bulto. Beleb daba indicaciones a los soldados cuando reparamos que el envoltorio seguramente contenía algo vivo porque alguien respiraba dificultosamente adentro.

-Ahora todos verán que sucede cuando juegan perversamente con las ordenanzas de la penumbra – Los hombres de Mors abrieron el envoltorio con una espada de doble filo surgiendo del interior una voz conocida.

- Ya verán cuando Abaddón y sus hijos se enteren que hirieron a uno de sus siervos – Sí, era Ot, con sus clásicos insultos y mofas – Al instante me di cuenta que casi toda su oreja derecha faltaba y que los dedos medio e índice de su mano izquierda habían sido cortados.

- ¡Alístenlo! – Dicto Beleb.

Inmediatamente fue colocado sobre una pequeña plataforma donde su cabeza y sus pies sobresalían.

- ¡Ustedes son unos malditos! Y tú eres el principal Furor porque traicionaste a nuestro Dios y arrastraste a Gehenna contigo. Todos morirán y serán alimento de Abad …

No pudo terminar sus amenazas porque a un ademán de Beleb dos hombres descargaron sus filosas espadas sobre la cabeza y los pies de Ot, callándolo para siempre. La sangre de su cuello broto con una velocidad inusitada vertiéndose sobre el suelo seco. Algunos espasmos siguieron a la decapitación que hacían ver el cuerpo de Ot como si pretendiera escapar del sitio. No pude evitar observar que los ojos de Gehenna adquirían un brillo que denotaba que su adrenalina corría impetuosa como si ella misma lo hubiera ejecutado.        

 -Tómenlo y arrójenlo al vertedero – Mandó Beleb. Poco después nos enteramos que el vertedero era una hondonada cercana donde Mors y sus hordas tenían algunos artrópodos a los que alimentaban algunas veces con los restos de sus enemigos.

         




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