Dividida

En la plaza de Nico

En la plaza de Nico

 

Caminamos hasta la plaza de nico, así le decíamos a la plaza principal  que utilizan los estudiantes de los cuatro colegios de la zona: El instituto Hernández, donde íbamos Silvi y yo, El pabellón, apodo para La técnica 3 donde iban solo varones con guardapolvo azul, y el San Pio, un colegio bachiller.

La plaza de Nico, en realidad la Plaza Nicolás Avellaneda, tenía un monumento blanco de mármol enorme en el centro,  rodeado por escalinatas que eran utilizadas por los tres colegios  para pasar el tiempo entre contra turno y contra turno, también como lugar de reunión, y también en ocasiones como lugar de pelea entre colegios, aunque yo no había visto ninguna nunca, se hablaba de rivalidades entre colegios de la zona.

Nosotras lo utilizábamos como santuario, hacíamos tiempo antes de volver a casa, o fingíamos un contra turno inexistente para permanecer ahí hasta las cinco de la tarde.

Era un portal a otros universos, guardapolvos azules, reglas T y tableros, y coquetos distintivos del bachiller se mezclaban, en ocasiones fuimos con Silvi testigos de romances y rompimientos. También de rivalidades sin sentido, ser armaban reuniones para salir los sábados, se traficaban apuntes y golosinas, tocaban las bandas de adolecentes recitales improvisados donde repartían sus casetes y volantes, se hacían picnics al medio día donde compartíamos los almuerzos, también se hiba a rezar porque en unas de las caras de plaza estaba la catedral, y en los finales era común ver guardapolvos tableados, azules y distintivos rezando en los asientos de madera lustrada del templo, una ayudita extra para pasar de año.

Así que partimos las tres enganchadas de los brazos como solía hacer Silvi, a ocupar nuestros lugares en la escalinata de mármol, bajo la mirada vigilante de Don Nico. Un tiempo inconmensurable permanecimos en silencio, mirando la avenida, hasta que Bambi rompió el silencio, en voz pausada dijo mirándome directamente a los ojos.

-No recuerdo donde estuve Abi, se pone borroso el recuerdo, ¿queras saber quién soy? Porque te escuche decir que no me conocías. No sé quien soy-

Quiero interrumpirla, pero su voz tiene angustia y se quiebra, me aprieta el brazo y mira dentro de mis ojos. Veo su pena, su incertidumbre. Y la abrazo.

Silvina se angustia también, es algo que nos pasa a menudo, nos contagiamos las emociones, los miedos, las necesidades. Así que mientras sostengo el abrazo de Bambi con un Brazo, busco a Silvi con el otro brazo y la sumo al abrazo. Lloran las dos y las sostengo. Una es mi amiga y la otra no sé bien quien es, pero asumo que algo me conecta a ella, y por eso no hago muchas preguntas más, hay algo que se  y no sé, que viene de los sentidos y los sentimientos. Yo cerca de Bambi no me siento incomoda, siento como si ese fuera mi lugar, lejos de ella siento la falta, mientras estaba sacando fotocopias no podía dejar de mirarla. Unos pensamientos nuevos cruzaban como barquitos mi mente. ¿Y si desaparece como apareció? ¿Y si se pierde? Y si la pierdo? ¿Y si la molestan? ¿Y si realmente no existe?. Habrá pensado que me molesta, porque vi bajar su mirada cuando se dio cuenta de mi observación. No es ese sentimiento, no se cual es. Tampoco se bien que hacer, mientras espero en el comedor le conté a Silvina el incidente del tablón, y la aparición de Bambi. Silvina no dijo nada, solo apenas cuando  pudimos corrimos a buscar a la joven.

-Yo también las quiero!- grita entre sollozos  Silvina mientras ajusta con su habitual brutalidad el abrazo.

Bambi se escapa del abrazo, y comienza hablar.

-Quizás Silvina vos puedas ayudarnos. Tenes que escuchar lo que sucedió esta mañana-

Silvina asiente

´-lo sé, me intriga saber porque estabas afuera, porque te sentiste así, y dónde estabas, adentro de qué, pero hay algo más que resolver antes. Tenemos que volver a casa en unas horas ¿donde va ir Bambi?

Silvina es buena con las teorías,  además no podemos hablar con nadie más de esta extraña situación en la que nos encontramos las tres le digo a Bambi, y también es verdad que más rápido que nada hay que resolver que hacernos con la joven, Eso hace que en algo las tres estemos más que de acuerdo, aunque ahora no queramos hablar directamente de eso. Bambi existe y no tiene donde ir. Bambi es ahora amiga, al menos hay una necesidad de que este bien, de que nada le pase, de que no sufra. Y eso para mí es Una definición de amistad. La amistad puede ser un lugar donde acudir cuando los otros lugares ya no tengan sentido.

Nos quedamos en silencio, apoyadas en la escalinata. Era hora de descubrir algunas cosas y resolver otras.

-Mira ahí va el Zapato-dice Bambi señalando la esquina con su barbilla sin dejar de apretar mi brazo.

Silvina se pone de pie y acomoda sus rulitos de chocolate.

-Se me ocurre que el bombón puede ayudar a nuestra pichoncita-y sale corriendo agitando su mano sonriendo exageradamente en dirección a Juan P.




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