Cuando pude sentir mi respiración en un ritmo normal, me levanté para intentar llegar a Aless. Sin embargo, ella sólo me dio la espalda y se alejó. Me detuve, un poco herida, ¿le había hecho algo? Para no sentir la vergüenza de haber sido ignorada, me dirigí hacia la puerta blanca que era mía. Era inútil, sabía que alguien podía sentir mi vergüenza o dolor por haber sido ignorada por mi amiga y no tener a nadie con quién hablar acerca del miedo acerca de mi identidad, pero, aun así, el orgullo ganaba.
No tenía nada especial. Era sólo una puerta blanca lisa y simple, con un manillar... ¿Mirar más allá de lo que se ve? ¿Qué demonios significaba eso? Al menos esta vez los dioses no nombraron a monstruos, pero qué pesadilla estaba esperando al otro lado.
Unos pasos ruidosos y un llanto llamaron mi atención. No es que fuera algo nuevo, más de uno estaba gritando de dolor o llorando, pero este fue algo que nos rompió a todos. Me giré y vi como Suzanne se alejaba de Niel después de haberlo empujado, llorando desconsoladamente hasta que sus alaridos se convirtieron en una carcajada rota.
-¡NADA ESTÁ BIEN!- gritó hacia Niel -¡NADA VA A ESTAR BIEN SOLO PORQUE TÚ LO DIGAS! ¿Sabes lo que se siente perder el brazo mientras ves que tu hermana se está siendo asesinada delante de ti?- movió su brazo izquierdo, el que Esme había curado antes de entrar a esa sala blanca.
Sentí la punzada de dolor que esa pregunta generó en Niel. Y sabía que, aunque Suzanne lo ignoraba, la hermana de Niel era muy querida e importante para él.
-Nada de esto tiene sentido- continuó Suzanne con los ojos perdidos en el suelo en un volumen cada vez más bajo -. Esto no es el Torneo Mágico... Esto no tiene ningún sentido, ¿por qué nos quieren muertos?
La pregunta retumbó en la mente de todos... Era la forma más cruda de describirlo.
-Esto no vale la pena- se dejó caer de rodillas -... me rindo a la voluntad divina...
Niel había intentado acercarse y sujetarla, pero sólo pudo llorar en silencio, mientras rozaba el polvo grisáceo que Suzanne había dejado atrás, mientras se culpaba a sí mismo por su pérdida.
Otra montañita de polvo apareció en el otro lado del grupo. Kai nos había dejado de una forma más silenciosa. Su rendición había sido completamente suave.
Rafael lo siguió con una rendición también sutil.
-¡¡¡BASTA YA!!!- Maritte llamó la atención se todos -¡DEJAD DE SER IMBÉCILES!
Se levantó de un salto y fue ruidosamente hacia el centro del grupo para gritar a todos.
-¿Vais a dejarlos ganar?- preguntó con rabia refiriéndose a los dioses.
-¿Ganar qué?- preguntó Oliver con sorna -¿Acaso tú sabes por qué estamos aquí? ¿Dónde estamos?
-No- respondió simplemente Maritte sin dejarse amedrentar-, pero sé que hay un deseo.
Un pequeñito destello de esperanza apareció en mi pecho, y sólo porque no me gustó el tono de Oliver fui a pararme junto a Maritte.
-¿Y sabes a cuántas pruebas tenemos que sobrevivir?- dijo carcajeándose antes de que pudiese llegar -Sólo la primera nos ha dejado a la mitad- extendió sus brazos intentando mostrar al grupo de 20 que éramos, antes de que yo llegara junto a Maritte.
-Que tú no seas capaz, no significa que el resto no podamos sobrevivir- respondí justo antes de que Maritte quisiera lanzarse a golpearlo.
Maritte respetaba a todas las formas de vida, y eso incluía a los humanos... aunque sentía que algunos sobraban. Sabía que Oliver sólo estaba asustado y quería liberar tensión de alguna manera, pero esa en particular no era la mejor.
-Aún tenemos un deseo- dijo Aless secamente uniéndose al grupo.
Sasha y Charlotte aparecieron a la espalda de Oliver.
-Lo mejor que se puede hacer con ese deseo es salir de aquí- respondió Sasha.
-Es un estúpido deseo de alcance infinito- respondió Aless a su vez con una emoción nada pacífica -. Literalmente podemos salir de aquí y devolver a todos a la Tierra.
Sólo Aless tenía la “magia” de hacer que una explicación sonase a insulto.
-¿Por qué malgastaría mi deseo en eso?- preguntó Mikhail fuera de los dos bandos que se habían formado.
-Tu abuela lleva muerta años, seguro que tu deseo funcionará- respondió Maritte sarcásticamente.
Antes de que Mikhail lanzase la piedra negra de sus manos, llegase frente a ella y se pusiese en una posición que dejaba ver su hostilidad, tiré de Maritte para colocarla detrás de mí, aunque al mismo tiempo llegaron Thom y Niel. Maritte se resistió, pero la sujeté con firmeza detrás de mí.
-Las tocas y te quedas sin brazo- advirtió Niel en un tono tranquilo, pero con una mirada que me heló la sangre, a pesar de aún tener las pestañas húmedas.
-¿Ah, sí?- preguntó Mikhail sardónicamente con ganas de soltar la tensión que tenía acumulada.
-Aléjate- el tono frío de Thom hizo un eco del poder que emanaba de sus manos y que bajó la temperatura de todos alrededor.
-¡Ya basta!- se quejó Angel llorando, no por la pelea, pero por la presión que estábamos generando en el grupo.
-Cállate, mosca muerta- escupió Charlotte sin pudor con un odio que no estaba justificado.
-Lowan- susurré bajito, aunque supe que me sentía.
Lowan giró su cabeza desde su puerta y me miró, asintiendo suavemente leyendo mis intenciones, mientras dudaba si su poder podría con el ánimo de todos.
-Después de hacernos sufrir de esta manera y no importarles un comino lo que estamos pasando- miré a los ojos de Mikhail, apartando un poco a Niel para estar frente a frente -. Si crees que van a sentir pena por ti y devolverte a tu querida abuelita sin consecuencias- sentí que también pensó lo mismo que yo, que, si su abuela regresaba a la vida, sería como un cadáver, atrapado en un ataúd para morir de nuevo -, tienes la fe de un santo.
-Estos dioses no son benevolentes. Estos dioses no escuchan súplicas. Estos dioses quieren destruir toda la esperanza y fuerza que tenemos- Aless me apoyó.