Divinidad

Capítulo 11.- Fragmentos del alma

Angel

El conejito no me atacaba como vi con un par de chicos en otros pasillos, sólo se interponía. Se atacaba a sí mismo. Se arrancaba el pelaje con los dientes. Se mordisqueaba las patas hasta hacerlas sangrar. Y cuando sus ojos se encontraban con los míos, había algo en ellos que ella reconocía. Algo familiar. Algo íntimo. Algo que apareció en mis pesadillas con el onirosaurio.

Eso es lo que yo hago.

Caí de rodillas abrumada por las emociones que eran y no eran mías. Las lágrimas brotaron sin control.

-No -susurré-. No, por favor...

El conejito me miró suplicante. Sus ojitos rojos, hinchados de llorar en silencio, parecían decir: Así soy. Así tengo que ser. No merezco otra cosa.

-Te conozco- lloré -. Te conozco tanto...

Me arrastré hacia él, lentamente, sin hacer movimientos bruscos. El conejito no huyó. Me vio acercarse con esa mezcla de miedo y esperanza que yo conocía tan bien. La misma que sentía cada vez que alguien intentaba ayudarme y me preguntaba: ¿por qué? ¿por qué se molestan?

-No estás solo- susurré, extendiendo la mano -. No tienes que hacerte daño.

El conejito tembló. Sus patas sangrantes dejaron de moverse. Apenas lo rocé... y sentí los hilos. No eran visibles. Eran como energía fría, como telarañas pegajosas que emanaban del pequeño cuerpo y se perdían en el vacío. Tiraban de él. Lo controlaban. Lo obligaban a atacarse, a interponerse, a ser lo que no quería ser.

-Te voy a liberar- prometí -. Te lo juro.

Los hilos empezaron a tensarse otra vez.

-¡Los hilos!- grité, entendiendo de repente -. ¡Tienen hilos!

-¿Qué hilos?- la voz de Niel llegó angustiada -. Yo solo veo niños. Cada vez más niños...

-Niel, escúchame -dije con firmeza-. No son reales. Son marionetas, pero también son fragmentos de nosotros mismos. Si los matamos, matamos algo dentro de nosotros. Como Mikhail.

El silencio tras escuchar el nombre de Mikhail fue ensordecedor. Acalló las voces que hacían ruido en el fondo de mi cabeza. Pero los hilos que se tensaban en mis manos clamaron toda mi atención. Tenía que romperlos antes de que tiraran del conejito de nuevo. No más dolor. ¡Basta de dolor! Quería salvar al conejito y quería salvarme a mí. Ambos merecíamos amor...

Sólo lo pensé, pero el cuerpito blanco ensangrentado se calmó en mis manos. Los hilos ya no estaban ahí. Sin ellos, el pobre animalito, se relajó y me miró con felicidad lárgamente, antes de curarse e iluminarse.

Me di cuenta de que no había dejado de llorar desde que salí del laberinto, pero ahora las lágrimas que surcaban mi rostro eran de felicidad. El conejito no dejó de mirarme hasta que se volvió luz por completo y se dividió en unas pequeñas esferas luminosas que se introdujeron en mi pecho y me llenaron de calidez y paz.

Ofrécete el mismo amor y cuidado que das a los demás. Eres más valiosa de lo que te sientes, incluso cuando fallas. Tu dolor lastima a los que te aman.

Me limpié los mocos y las lágrimas con las mangas mientras me reía de felicidad por primera vez en mucho tiempo.

-¡LOS HILOS SE ROMPEN CON AMOR!- grité con toda la fuerza de mis pulmones -¡NECESITAN PERDONARSE A SÍ MISMOS!

Sentí que algunos estaban confundidos, pero no sabía qué podía hacer. ¿Cómo podía explicarles el proceso que había sentido?

El latido de la puerta me llamó otra vez... Sabía que iba a doler si me detenía en el pasillo sin cruzar.

o-o-o-o-o

Niel

-¡LOS HILOS SE ROMPEN CON AMOR! ¡NECESITAN PERDONARSE A SÍ MISMOS!

La voz de Angel resonó en mi pasillo.

-¿Entonces qué hago?- pregunté para mí mismo en voz baja -. Hay decenas y todos son extremadamente fuertes. No puedo...

Me mantenía esquivando ataques para evitar que los niños sufrieran dolor, aunque de vez en cuando acertaban y mi cuerpo ya empezaba a notar el cansancio y las magulladuras.

-No tienes que salvarlos a todos- respondió Angel-. Te agradezco que me hayas ayudado tanto, aunque me resistiese tanto- una risa de dolor -. Creo que no estoy acostumbrada a alguien que no me critiqué y que sea amable sin querer algo a cambio. Me intentaste ayudar ofreciéndome comida en la fiesta, fuiste a ver si estaba bien y me diste tu chaqueta para el frío cuando hui del baile, cantaste para mí en el laberinto cuando el onirosaurio me atrapó y lo mantuviste a raya- me di cuenta de que estaba viendo mis recuerdos, porque sabía que no era posible que ella recordase eso -... Sé que suena loco, pero tu voz suena como... ¿Cyan?

Me congelé por un instante... ¿Había descubierto que yo era Cyan? Un golpe me lanzó contra una de las paredes.

Ella se quedó callada y sentí como se avergonzaba por haber descubierto mi secreto, y se sintió peor cuando más de uno en nuestro grupo lo supo también, pero a nadie le importó realmente y me relajé un poco...

-Lo siento- y sentí su arrepentimiento.

-No es como si pudiese evitarlo aquí- la conexión mental me iba a volver loco.

-Esto- se calló por un segundo y pude conectar con su dolor físico, la puerta la estaba llamando violentamente -... Sé que puedes con esto. Tal vez puedes intentar...

-Cruza- le exigí deteniendo su diálogo.

-Quiero ayudarte- sentí como Angel se sentía inútil e intentaba oponerse al dolor de su pecho.

-Ya me has ayudado- sonreí agradecido mientras ella se calmaba a través del vínculo -. Te veo al otro lado, Angel.

-Te veo al otro lado, Nathaniel- fue lo último que escuché antes de que se desconectase.

Aunque no estaba seguro de si podría lograrlo.

o-o-o-o-o

Amir

Sentí que algo estaba mal cuando vi a mi hermano en frente de mí. Rami se encontraba de pie inmóvil y no me respondía. Cuando me acerqué a él me dio una patada tan fuerte que acabé con una costilla rota escupiendo sangre en el corredor blanco.



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En el texto hay: adolescentes, profecia, realeza

Editado: 24.03.2026

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