Divinidad

Capítulo 13.- Sentimientos a contra reloj

-Tengo miedo de no ser suficiente -dijo Angel, y su voz era pequeña, casi ahogada-. De que me critiquen por comer. Por existir. Si no me lastimo primero, alguien más lo hará después. Y duele menos si yo controlo el dolor... Eso es lo que creía. Pero no es verdad. El dolor no es protección. Solo es dolor. Odio estar aquí. No quiero ser actriz. Amo a mi madre, pero odio cómo me trata.

Sus cadenas se soltaron. Angel cayó de rodillas, libre pero rota.

-Tengo miedo de no saber cuándo ayudar y cuándo dejar de ayudar –dijo Esme y su voz era tranquila, sin tartamudear -. De convertirme en alguien que decide quién merece vivir- tomó aire antes de seguir -... o no. Estoy harta de que todos piensen que soy una inútil, cuando en realidad, cada vez que me insultan o atacan, me imagino las formas fáciles y simples de seccionar sus tendones, destruir sus órganos, desmineralizar sus huesos...

Las cadenas de Esme cayeron todas. No una a una. Todas de golpe.

El silencio que siguió fue de otro tipo. No era respeto. Era miedo. Porque Esme acababa de admitir algo que ninguno de nosotros quería oír: que la bondad es una elección que puede cambiar. Que, más que miedo hacia el mundo, tenía miedo de sí misma y su potencial... Todos lo habíamos visto, ¿por qué no lo habíamos pensado antes?

-Mi familia no tiene razón -dijo Aejax, apresurado y con mucho esfuerzo, mientras sentía los engranajes estrangulando su cuello y los intentaba soltar con las manos sin ningún resultado-. Mienten. La familia no es lo primero si te lastima. Quiero conocer a los familiares que han sido removidos de nuestra familia e historia. Odio que me comparen con mi hermano. No quiero cuidar de mis abuelos. Odio maquillarme para ocultar mis granos.

Sus cadenas cayeron. Aejax salió corriendo hacia delante, pero la cadena a su espalda lo detuvo como a los demás.

De repente, sentí la brisa antes de verlo. El aire cambió. No por magia… por puro movimiento. Me giré por puro instinto, pero no fui lo suficientemente rápida.

Las manos de Oliver se cerraron alrededor de mi cuello. Demasiado fuerte. El mundo se estrechó hasta convertirse en falta de aire. El sonido de mi pulso retumbando en los oídos junto a un pitido que callaba todo lo demás alrededor me hizo perder cualquier sentido de lo que estaba sucediendo, para volverse una lucha contra las manos que me sujetaban en el aire.

-Tú… -su voz estaba rota, pero no débil-. Tú sigues aquí.

Intenté apartarlo. Mis manos arañaron las suyas, pero no cedía.

-Sasha no sabía qué hacer- continuó, su respiración entrecortada -. Me pidió ayuda… ¿recuerdas?

No. Yo no estaba allí. Pero eso no importaba. No podía hacer nada más que jadear por aire.

-Y tú… - sus dedos se tensaron más -. Tú sí sabes. Tú eres la Heredera de Utopía. Tú eres la que tiene las respuestas.

El pánico me impedía pensar o hacer nada más que patalear y forcejear contra sus brazos que no se movían.

-¡Devuélveme a Sasha! -rugió.

Su poder estalló sin control. Calor abrasador debajo de su agarre. Presión. Dolor. Todo junto en mi cuello.

-¡Tenías que ser tú! -escupió, cada palabra empujando-. ¡Tú sabrías qué hacer! ¡Tú la habrías salvado! ¡Todos nos dijeron que eras la favorita antes de empezar! ¿¡PERO QUÉ HAS HECHO POR NOSOTROS!?

Sacudidas. Con dificultad intenté mirar lo que se movía al lado de Oliver con un atisbo de esperanza en la locura.

Charlotte colgó de su brazo primero. Esme se colgó del otro intentando separarlo. Nada funcionaba.

-¡Ella murió porque nadie sabía qué hacer! -su voz se quebró- ¡Porque yo no sabía qué hacer!

Ahí estaba. No era rabia. Era culpa. Y yo… yo era el lugar más fácil donde dejarla. Pero yo no podía defenderme y todo empezaba a volverse oscuro.

-¡BASTA!- No sabía quién gritaba, pero era un hombre.

Las manos de Oliver empezaron a congelarse alrededor de mi cuello… pero no se soltaron. No podía. Oliver no estaba ahí. No la parte racional.

Sorprendiéndome, el agarre cedió a medias mientras veía a Esme con un círculo mágico que se desvanecía. Fue suficiente. Caí al suelo, tosiendo, tragando aire a sorbos irregulares. Mis manos temblaban. Mi cuello ardía.

Oliver avanzó de nuevo con un brazo colgando a su costado con una longitud y forma grotescas. Un paso hacia mí, luego otro... No llegó a dar el tercero.

Thom lo golpeó. No fue un empujón. Fue un impacto. Lo lanzó contra el suelo con una violencia desmedida. Luego un golpe. Y luego otro golpe. Y otro. Y otro. Y otro...

No había pausa. No había control.

-¡No la toques! -rugió, su voz irreconocible-. ¡No vuelvas a tocarla!

El sonido fue peor que los gritos. El crujido húmedo. Charlotte gritó. Esme gritó a mi lado mientras me ayudaba con las quemaduras de fuego y hielo en el cuello.

Niel llegó y sujetó a Thom, tirando de él hacia atrás. Inmovilizándolo como podía.

-¡Ya está!- gritó Niel -¡Thom!

Pero Thom seguía adelante, intentando soltarse, respirando como si hubiera algo dentro de él que no podía detener. No miraba a Oliver. No miraba a nadie. Solo… quería continuar.

Me quedé en el suelo, incapaz de moverme. Por el dolor que sentía por el aire entrando precipitadamente a mi cuerpo y por la imagen de la masa sanguinolenta que había sido la cara de Oliver.

Oliver había perdido el control. Pero Thom… Thom había elegido no tenerlo.

Esme me ayudó apenas para poder ser capaz de respirar, aunque el dolor no se fue del todo. También ayudó un poco a Oliver, no porque lo mereciese, sino porque no se merecía estar completamente desfigurado y en desventaja en la situación en la que todos estábamos. Un brazo completamente dislocado, era suficiente para que no volviese a atacar a nadie.

Un nuevo tirón de las cadenas nos llevó a reaccionar, recordando la razón por la cual estábamos perdiendo la cordura.

Niel esquivó el mecanismo por muy poco. La posición en la que estaba por haberme ayudado había acortado demasiado sus cadenas, dejándolo a un paso de distancia, mientras su mirada se dirigía a un único elemento mecánico frente a él.



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En el texto hay: adolescentes, profecia, realeza

Editado: 18.06.2026

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