Divino Espejo: Llegada de la destrucción

Capítulo 06: Secretos

La voz de Sara interrumpió el silencio con la frase más esperada.

—[Sr. Coleman, el archivo ya está en sus manos].

Gunnar no respondió enseguida. Se limitó a cerrar los ojos por unos segundos, como si el simple hecho de escuchar esas palabras fuera demasiado. Tantos eventos lo habían llevado hasta allí… y, sin embargo, la sensación no era de victoria, sino de tensión acumulada.

Pensó en la boda, en las miradas, en los silencios incómodos. Fue un fracaso. Lo supo desde el primer brindis. Sus antiguos amigos, incluso los que estaban ligados al Estado, vivían con total normalidad. Más allá de sus copas nada ocurría para ellos. Solo dos figuras rompían la fachada: Madeleine y Oliver. Ambos sabían algo. Y ese algo lo corroía.

Dejó que esa conclusión lo invadiera por completo. Era hora de dejar la farsa. Había venido a evaluar, a oler la superficie de un mundo podrido. Ya no necesitaba estar más allí.

Volvió a la mesa, donde el ambiente se había entibiado con más alcohol que conversación. Todos lo miraron al verlo acercarse, mas él no sonrió. Solo habló, seco. Había una decisión plasmada en su figura.

—Me tengo que ir. Nos veremos en otra oportunidad… si el destino lo permite.

Mason, visiblemente decepcionado, fue el primero en reaccionar:

—¿Tan pronto? ¿No vas a dejarnos un número, algo?

—Luke tiene mi correo. Eso basta.

Nadie lo contradijo, sin embargo, todos supieron que era una excusa. Gunnar nunca había estado allí por ellos.

Cuando se marchó, las miradas lo siguieron como perros sin correa, hambrientos de respuestas.

—¿Qué crees que vino a buscar? —preguntó George con la voz apenas audible.

—No lo sé —respondió Zenya—. Pero Madeleine estaba extraña. Y Oliver no se le despegaba.

—Ambos desaparecieron poco después —añadió Mason, con el ceño fruncido—. No me gusta esto.

Aunque intentaron seguir con la celebración, una nube invisible cubrió la fiesta. La alegría se volvió un acto forzado. Luke, más que nadie, se sentía decepcionado. Había ido a buscar a su familia para que se reuniera con Gunnar, pero al final ni siquiera se habían cruzado.

Más tarde, Gunnar llegó al hotel. Las calles estaban vacías, las luces de París destellaban en un silencio artificial.

Entró a su habitación sin decir una palabra. El cansancio era solo físico; su mente estaba despierta al igual que un cazador nocturno.

Abrió el morral militar, sacó su portátil y lo conectó a la pulsera. Activó la proyección holográfica y esperó. En exactamente un segundo, Sara apareció.

—[Sistema operativo conectado. Preparando archivo].

El archivo tenía dos vídeos. Cada uno con un nombre simple, pero inquietante: Espejo Rojo: Monstruos y Espejo Plateado.

Solo verlos provocó una incomodidad en su pecho.

Eligió el primero.

La pantalla se iluminó con una grabación de seguridad. Un ángulo fijo mostraba el interior de una casa modesta. Una anciana sentada en una mecedora, inmóvil, silenciosa. No había nada raro... hasta que vio el objeto.

Un espejo rojo descansaba en sus piernas.

Durante los primeros minutos, las fechas del archivo indicaban que se trataba de un monitoreo a largo plazo. Vigilancia por abandono, quizás. Días pasaban y la anciana pasaba el mayor tiempo así.

Hasta que ocurrió.

El espejo brilló. Un destello rojizo. La anciana, sorprendida, se inclinó hacia él. Lo tocó. Al instante, cayó al suelo como si algo le hubiera extraído la energía.

Gunnar se tensó.

El brillo del espejo se intensificó. Comenzó a emitir impulsos de luz que se distorsionaban, semejantes a una tormenta atrapada dentro del vidrio. Y luego… los rayos.

Blancos, furiosos, saliendo del interior, chocando con los bordes del espejo sin lograr romperlo. Una furia atrapada.

De repente, del mismo centro del espejo emergieron unas garras. Largas, deformes, demasiado reales para una ilusión.

La criatura que salió parecía una rata grande… pero no una rata común. Era una deformidad, musculosa y con ojos color plomo. Sus chillidos eran agudos, inhumanos.

Gunnar apretó la mandíbula.

El monstruo atacó. Se abalanzó sobre la anciana con movimientos erráticos, casi borrosos. La desgarró como si su cuerpo fuera de papel. No hubo resistencia. Solo huesos partidos y sangre salpicando.

Cuando terminó, el monstruo creció. Solo unos centímetros, pero creció. Y sus chillidos cambiaron de tono, como si se alimentara no solo de carne, sino de algo más.

—¿Creció por devorarla…? —susurró Gunnar, paralizado.

Sin permitirle tiempo para procesar lo visto, el segundo video comenzó.

Un callejón. Un joven de unos veinte años estaba recostado, con signos de haber consumido alguna droga. Parecía dormido o inconsciente.

Tres ratas emergieron del callejón. De nuevo, deformes, grandes, veloces.

Se abalanzaron sobre él. Lo devoraron vivo.

Gunnar no podía moverse. Solo miraba.

Después vino una sucesión de imágenes: personas suicidándose tras mirar un espejo rojo. Escenas escalofriantes. Ojos vidriosos, cuerpos lanzándose al vacío, cuchillos. Todos tenían algo en común: contacto con el espejo.

El horror no estaba solo en las criaturas. Estaba en la frecuencia. En el patrón.

Las fechas de los videos eran aún peores. El archivo tenía registros desde hace una década y se reproducía de manera secuencial. Cada año, el número aumentaba.

La guerra había comenzado mucho antes. Sin embargo, nadie lo sabía.

Gunnar sintió cómo su visión se nublaba por la incredulidad. ¿Cómo era posible que esto estuviera ocurriendo durante tanto tiempo sin que nadie lo notara?

O peor aún… ¿qué si sí lo sabían, pero alguien lo había silenciado?

Entonces, Sara habló:

—[Sr. Coleman, debe borrar el archivo en diez minutos. De lo contrario, su ubicación será rastreada].

Él no dudó.

—Muéstrame el segundo video. Ya.

Sara obedeció.



#676 en Fantasía
#399 en Personajes sobrenaturales
#287 en Thriller
#135 en Misterio

En el texto hay: misterio, guerra, poderes

Editado: 05.01.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.