Divino Espejo: Llegada de la destrucción

Capítulo 13: Escape III

El interior de la mansión era irreconocible.

Lo que antes había sido una cocina amplia, diseñada más para la ostentación que para el uso cotidiano, ahora parecía un arsenal improvisado. Las paredes estaban manchadas de hollín y sangre; algunos azulejos habían sido arrancados de raíz por impactos violentos, dejando al descubierto cables retorcidos y fragmentos de concreto. El olor metálico seguía suspendido en el aire, mezclado con pólvora y algo más rancio que Gunnar prefería no identificar.

Había armas por todas partes.

No colocadas con orden, sino esparcidas como restos de un naufragio: rifles apoyados contra los muebles destruidos, pistolas caídas bajo mesas volcadas, cuchillos incrustados en la madera. Varias ya habían sido usadas. Algunas estaban dañadas, otras simplemente abandonadas tras vaciar sus cargadores.

Gunnar avanzó despacio, observando.

Su nueva percepción le permitía reconstruir lo ocurrido casi sin esfuerzo. Podía ver a Silvia moviéndose por el espacio, cambiando de posición, disparando, retrocediendo. Podía seguir el rastro de cada enfrentamiento como si el lugar conservara memoria.

Una ametralladora ligera llamó su atención.

Estaba tirada de costado, inutilizada. La parte frontal había sido destrozada por completo, como si algo afilado y brutal la hubiera atravesado sin dificultad. No fue una bala. No fue una explosión.

—Garras —pensó—. O algo peor.

No hizo ningún comentario. No era sorpresa lo que sentía, sino confirmación.

Silvia había luchado con todo lo que tenía.

Y aun así, casi había muerto.

—Elige lo que te sirva —dijo Gunnar, rompiendo el silencio—. Lo demás es peso muerto.

Silvia, quien había sido una de las principales causantes del daño circundante, no perdió tiempo observando nada, solo asintió con calma y comenzó a buscar lo suyo.

Por su parte, Gunnar también no se movió. Seleccionó con calma. Descartó armas defectuosas, revisó mecanismos, probó empuñaduras. Finalmente, se quedó con dos espadas cortas japonesas, bien equilibradas, y una espada pesada similar a la que había usado en París, aunque esta era de mejor manufactura. Las aseguró en su espalda con movimientos precisos, casi rituales.

Silvia tomó dos pistolas, una espada ligera y una bolsa grande reforzada, diseñada para transporte táctico. Revisó cargadores, contó munición sin decir palabra.

Caesar, por su parte, eligió sin dudar.

Una barra de metal de aproximadamente metro y medio, pesada, industrial. Gunnar sabía que pesaba más de veinticinco kilos, sin embargo, el chimpancé la levantó como si fuera una extensión natural de su cuerpo. Activó un mecanismo oculto en el metal: los extremos se transformaron, afilándose hasta adquirir una geometría letal.

Un arma simple. Brutal. Perfecta para él. Su báculo.

Los tres vestían trajes negros flexibles, ajustados al cuerpo, diseñados para absorber impactos y facilitar el movimiento. No eran armaduras completas, pero ofrecían protección suficiente sin sacrificar velocidad. Cada uno llevaba además pequeños dispositivos de emergencia: selladores de heridas, inyectores, comunicadores de corto alcance.

El objetivo era claro.

Salir sin ser vistos.

—¿Qué pasó con Sara? —preguntó Gunnar de pronto, rompiendo el silencio.

Silvia tardó un segundo en responder.

—El agente —dijo—. Le implantó un dispositivo. Algo diseñado para destruir sistemas avanzados. Supongo que no quería dejar rastros.

A Gunnar no le gustó ni un poco lo que escuchó. El peor resultado se dio.

—Tiene sentido —murmuró—. Eso parece parte de su método. Eliminan testigos y evidencias.

—¿Eso hacen siempre? —preguntó ella.

—Sí. Estos monstruos llamados Pesadillas lo han ocultado muy bien hasta ahora —respondió él—. Y no solo eso. También tienen herramientas para alterar recuerdos.

Silvia frunció el ceño.

—¿Herramientas?

—Te lo explicaré después.

Ella negó lentamente con la cabeza.

—Es curioso —dijo—. Ni siquiera yo tenía información sobre eso. Y se supone que estaba en un nivel alto.

Gunnar no respondió de inmediato.

Las piezas encajaban solas. Altos mandos. Capas de poder superpuestas. Un sistema diseñado no para proteger, sino para ocultar.

—Nos dejaron fuera del tablero —concluyó—. Así que tendremos que sobrevivir por nuestra cuenta.

Abandonaron la mansión por la parte trasera, moviéndose entre jardines destruidos y muros parcialmente derrumbados. La policía había reforzado el cerco. Las luces intermitentes bañaban la zona de azul y rojo, y se escuchaban radios crepitando órdenes nerviosas.

—No podemos salir caminando —susurró Silvia.

—No —coincidió Gunnar—. Necesitamos un señuelo.

Ella dejó el morral en el suelo y extrajo un dron compacto. Lo activó con rapidez y lo lanzó al aire. El aparato se elevó, alejándose a gran velocidad.

Segundos después, una explosión sacudió la zona.

El caos fue inmediato.

Gritos, órdenes contradictorias, patrullas moviéndose en masa hacia el punto equivocado.

—Ahora —dijo Gunnar.

Corrieron.

Encontraron un hueco entre dos edificios, apenas vigilado. Seis policías custodiaban el paso.

Silvia miró a Gunnar.

—¿Los matas tú o los mato yo?

—Son míos —respondió él—. Será rápido.

La suerte de los seis hombres se agotó en ese instante.

Gunnar avanzó sin prisa, el rifle de asalto ya en sus manos, configurado para disparo silencioso. Su respiración era estable. Su pulso, perfecto.

El primer policía estaba apoyado contra una valla, fumando, ajeno a todo. No vio venir la bala. El disparo fue seco, preciso. La cabeza cayó hacia atrás antes de que el cuerpo se desplomara.

Gunnar ya estaba apuntando al segundo.

Disparó.

El tercero cayó un segundo después.

Todo ocurrió tan rápido que los otros apenas tuvieron tiempo de reaccionar. Apuntaron en direcciones opuestas, presas del pánico.



#681 en Fantasía
#401 en Personajes sobrenaturales
#289 en Thriller
#138 en Misterio

En el texto hay: misterio, guerra, poderes

Editado: 05.01.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.