Dobby: el súper perro

Capítulo 3

No había podido dormir mucho anoche.

La situación de ese perro me había dejado pensando muchísimo más de lo que debería, al grado de quitarme el sueño.

Sentí que la noche se hacía más larga de lo que realmente era. Cuando finalmente logré dormir, ya había pasado la mayor parte de ella deseando que amaneciera, solo para poder volver a verlo.

Intenté descansar lo más que pude. En cuanto desperté, me levanté para cambiarme, peinarme, lavarme los dientes, arreglar mi habitación y desayunar. Una vez hecho todo lo anterior, salí de la casa.

Me dirigí a la clínica caminando. No queda muy lejos, y podía considerarse un poco de ejercicio, algo que no me vendría mal, ya que muy atlética no soy y este es prácticamente el único ejercicio que hago.

Pero algo pasó. A mitad del camino me encontré con la calle cerrada y una multitud de personas observando la situación.

—¿Qué es lo que pasó? —le pregunté a la primera persona que estaba cerca de mí, una señora con su bebé en brazos.

—Se metieron a robar a la joyería y tomaron como rehenes a los trabajadores y a los clientes —me respondió—. La situación no duró mucho, porque llegaron dos héroes a ayudar. Atraparon a los ladrones y los dejaron amarrados.

Entre todo el alboroto llegó la policía, y las personas empezaron a murmurar:

—¿Para qué viene la policía?

—Exacto, ya lo solucionaron los héroes. No necesitan llevarse el crédito por algo que no hicieron.

Uno de los policías alzó la voz:

—Cualquiera que esconda su identidad para no recibir consecuencias por sus delitos no es más que otro criminal disfrazando sus crímenes.

Después de esas palabras, la multitud se alteró aún más.

—¿Quieren venir a controlar el lugar o a tomar el crédito de algo que ustedes no hicieron? —gritó alguien entre la gente.

Los policías entraron a la joyería y comenzaron a revisar el lugar, como si buscaran algo más aparte de los ladrones que ya habían sido amarrados previamente por los héroes.

Por su parte, los héroes tuvieron que abandonar el sitio antes de que llegara la policía. Para el gobierno eran considerados criminales, y si se quedaban serían arrestados y castigados por sus supuestos delitos. Esa situación había generado un conflicto constante entre las autoridades y los ciudadanos.

Una gran parte de la gente los consideraba verdaderos héroes, asegurando que ellos y sus compañeros hacían más por la comunidad que la propia policía. Decían que era una injusticia llamarlos criminales y tratarlos como tales, cuando en realidad no habían hecho nada malo.

Sin embargo, otra parte de los ciudadanos estaba de acuerdo con las autoridades. Afirmaban que eran un peligro, que no tenían control y que actuaban según su propia voluntad. "Los perros y los gatos no se preocupan realmente por la vida humana —decían—, ¿por qué habrían de preocuparse por una vida superior a la suya?

Una vez que los policías verificaron que la zona estaba despejada, esposaron a los ladrones y salieron de la joyería. Los murmullos de cada bando no se hicieron esperar:

—¡No se tomen el crédito, ustedes no hicieron nada!

—¡Estamos a salvo gracias a ustedes!

—¡Así se ven nuestros verdaderos héroes!

—¡Así se ven los farsantes! —contraatacó un ciudadano.

A la escena llegó otra patrulla con cuatro policías más, intentando dispersar la situación y evitar que las cosas entre los ciudadanos se salieran de control.

—No queremos un conflicto entre civiles. Por favor, vuelvan a sus trabajos o casas. Ayúdennos despejando el área. La situación está bajo control, se les pide que regresen a sus actividades —ordenó uno de ellos.

Algunos ciudadanos obedecieron de inmediato la llamada de los policías, mientras que otros simplemente los ignoraron.



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Editado: 14.02.2026

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