Me quedé observando cómo la multitud se dispersaba poco a poco. Algunos obedecían a la policía, otros seguían murmurando con descontento.
Por mi parte, decidí continuar mi camino. Pensaba que tanto las autoridades como los ciudadanos estaban equivocados a partes iguales. Los héroes no hacían nada malo: solo ayudaban cuando más se les necesitaba, como en el caso de hace un momento. Si no hubieran intervenido, los rehenes habrían corrido un grave peligro. Y si nadie alerta a la policía, o si llegan tarde, Siento que los héroes son necesarias, pero los policías prefieren negarlo, y eso genera el descontento de muchos ciudadanos.
No todos vamos a pensar igual, pero tampoco puedes condenar a alguien por no compartir tu manera de ver las cosas.
Al llegar a la clínica me recibió Manuel.
—Hola, Ashley, qué bueno que llegas. ¿Podrías quedarte aquí en la recepción por si llegan clientes? Tu mamá está con un paciente en el quirófano y yo voy a recibir a los proveedores.
—Sí, claro, Manuel, no hay problema.
—Muchas gracias, Ashley —dijo, antes de marcharse.
No me cuesta nada hacer lo que me piden. De hecho, es una de las tareas que suelo realizar cuando ellos están ocupados: atender a los clientes que vienen a comprar alimento para sus mascotas, entre otras cosas.
La puerta se abrió y la campana de la clínica sonó, anunciando la llegada de alguien.
—Hola, buenas tardes.
—Hola, buenas tardes —me respondió la mujer—. De casualidad, ¿ustedes no tienen perros en adopción?
—Lo siento mucho, no tenemos en adopción ningún tipo de mascotas —le contesté. Era normal que a veces hicieran esas preguntas.
—¿Segura? Estoy interesada en adoptar un golden retriever. A mi esposo se le perdió hace poco el nuestro.
—Sí, señora, estoy segura. Si se le perdió, ¿por qué no pega carteles, pone un anuncio en internet o acude a un centro de rescate? —le sugerí.
—Es que se nos perdió hace unos días. Está herido… ¿quién sabe cuánto más pueda aguantar?
—¿Está enfermo? —pregunté, porque todo aquello me parecía demasiado raro.
La mujer me miró con impaciencia.
—Ya que aquí no está, no tiene sentido seguir perdiendo mi tiempo —dijo, y se marchó.
Me quedé pensativa. Había sido una conversación extraña, demasiado extraña. Me dejó una sensación de incomodidad. No sé si era una coincidencia con el perro que encontramos, o si realmente estaba hablando de él… pero algo no se sentía bien.
Editado: 12.03.2026