“¿Escucho cosas… o enloquecí?” Esa era la única explicación para lo que creía haber oído.
—Qué bueno que me trajiste agua nueva y limpia —me dijo el golden, mirándome desde la jaula abierta.
Eso me confirmó que, de verdad, lo estaba escuchando hablar… o al menos eso pensaba. El perro finalmente se levantó de su lugar y comenzó a acercarse hacia mí. A mitad del camino, entré en pánico y grité.
No pasó mucho antes de que Manuel llegara corriendo desde el primer piso.
—¿Qué pasó? —preguntó agitado.
—¿Qué, no habías visto a un perro que habla?
—No es muy común que digamos —respondió Manuel con calma.
—O sea… ¿tú ya lo sabías, no es así?
—Sí, lo supe la mañana siguiente que lo encontramos.
—¿Y no dijiste nada?
—Pues como ya viste, es algo distinto y muy diferente oírlo en persona que escuchar los rumores.
—Bueno… supongo que tienes un buen punto.
Editado: 12.03.2026