—¡Que no se supone que son héroes! —gritó uno de los alumnos.
—Somos algo mucho mejor que los héroes, niño —le respondió la chica.
—Lo que ustedes son, son cobar… —el chico no alcanzó a terminar de hablar.
Antes de que pudiera hacerlo, la chica disparó. El disparo solo rozó su hombro. El gato habló nuevamente:
—Si valoran su vida, les sugiero que guarden silencio.
A la distancia se escuchó el sonido de las sirenas de las patrullas. El gato le hizo una señal con la cabeza a la chica. Ella sacó algo y lo arrojó al piso. Se oyeron dos golpes secos, seguidos de un siseo. Luego, un humo blanco comenzó a salir de los objetos.
La multitud se quedó paralizada.
Editado: 28.04.2026