—Ashley —mi mamá me encontró primero, se acercó y me abrazó—. ¿Estás bien?
—Sí, estoy bien —le respondí, correspondiendo al abrazo—. Solo un poco mareada, es todo.
—¿Quieres que te revisen los paramédicos? —me dijo mientras se separaba del abrazo.
—No, estoy bien. Quizás solo fue por el susto.
En ese momento se nos acercó un policía.
—Buenas tardes, nos ayudaría mucho con su declaración de los hechos —le preguntó a mi mamá.
—Claro, oficial, no hay problema —respondió ella.
—Solamente serán unas preguntas. Ya tomamos la declaración de más de seis personas, pero hay algo que se sigue repitiendo en todas… y es improbable.
Con eso de “improbable” creo saber a qué se refiere el oficial. Seguramente piensan que están mintiendo en sus declaraciones.
—Desde su perspectiva, ¿cuántos atacantes eran?
—Los que yo vi eran dos: una chica y un gato —respondió mi mamá con seguridad.
El policía la miró fijamente.
—¿Usted va al psicólogo? ¿Tiene antecedentes… por así decirlo, mentales?
Editado: 28.04.2026