—Sí voy al psicólogo, para mantener una buena relación con mi trabajo. Soy veterinaria y, en ocasiones, debo tomar decisiones difíciles —respondió mi mamá con firmeza.
—Entonces tiene antecedentes mentales que podrían afectar en su declaración y en la forma en que vio y vivió lo sucedido —insistió nuevamente el oficial.
—Así sucedió, oficial —volvió a responder mi mamá con seguridad—. Si no cree en mi declaración, revisen las cámaras de seguridad del edificio.
—Ese es el problema, señora. No se encontraban en funcionamiento en ese momento. Algo o alguien las apagó.
—¿Solo fallaron en ese momento o no están funcionando correctamente? —le pregunté yo al oficial.
—Su falla fue convenientemente durante el incidente, lo cual nos hace pensar que quizás tenían otro cómplice… o ya lograron desarrollar un dispositivo para eso —nos comentó.
Otro de sus compañeros le hizo una señal con la cabeza para que se reuniera con los militares.
—Bueno, señora, si esa es toda su declaración, ayúdenos despejando el área —nos dijo antes de retirarse.
—Hija, deberíamos irnos a la casa. Si te sientes bien, puedes ir más tarde a la clínica. Si no, no hay problema. Más tarde llevo a Dobby a la casa con nosotras —me dijo mientras caminábamos de regreso al auto.
—¿En serio lo llevarás ya hoy? —le pregunté emocionada.
Mi mamá asintió con la cabeza. Así continuamos de camino al auto. Con Dobby ya en la casa me sentiría más tranquila, sabiendo que estará cerca… más aún después de lo que acababa de pasar hoy.
Editado: 28.04.2026