—Quiero ayudar a reducir las injusticias en el mundo… ayudar cuando se necesite —dije con firmeza.
—Como te dije, todos tienen motivos diferentes, y no me corresponde a mí juzgarlos por eso —respondió el gato blanco con serenidad—. Pero hay algo que siempre les recuerdo: no siempre se puede salvar a todos.
—Pero se puede intentar hacerlo —le contesté con seguridad, sintiendo cómo mi voz se llenaba de convicción.
El gato me miró con calma, como si ya conociera la respuesta que estaba dando.
—Supongo que eso lo sabrás con el tiempo —dijo, convencida de que la experiencia le daría la razón—. Dicho eso… bienvenido a la Organización Superhéroes Contigo.
Mi corazón se aceleró por la emoción. Supongo que, por mi reacción, aquel fue un momento importante, uno que marcaría un antes y un después en mi vida.
Abrí los ojos poco a poco. Lo primero que vi fue a Manuel y a la doctora entrando a la habitación, cargando una camilla flexible. Parpadeé varias veces, tratando de enfocar mejor mi vista para ver qué traían ahí.
Depositaron la camilla sobre una mesa de exploración al fondo de la habitación. El sonido metálico del soporte me devolvió por completo a la realidad.
Editado: 28.04.2026