Doble L

Capítulo 6 ⚡️LEO

A las siete me tocó abrir la puñetera cafetería. Estaba hasta los cojones de servir cafés. Después de haber probado lo que era estar al mando de un catering: organizar, decidir, llevar las riendas; aquello se me quedaba pequeño. Llevaba años haciendo lo mismo y empezaba a pesar. Pero mi compañero necesitaba el favor, y él me había cubierto más de una vez, los favores se devuelven.

A las nueve y media seguía ni rastro de Lara.

Nueve cuarenta, nada.

Apareció a las nueve cincuenta. Tarde, como siempre.

Entro con esa forma suya de caminar como si el mundo jamás pudiera con ella. Buscó entre las mesas y, al no verme, noté como se le tensaba los hombros. Hice ruido con la cafetera a propósito, entonces giró la cabeza.

—Buenos días —dijo, acercándose.

—Llegas tarde.

—Veinte minutos se considera cortesía ¿no?

—Odio la impuntualidad.

—Yo te odio a ti —respondió sin pestañear. Tuve que morderme la lengua para no sonreír.

—¿Quieres café? —le pregunté.

—Doble. Y unas tostadas con aguacate, jamón y huevo —la miré de reojo, ¡vaya saque!

—¡Gracias! —añadió, y fue a la única mesa que quedaba libre.

Me quité el delantal y le di un par de indicaciones rápidas al compañero que me cogía el relevo. Cuando todo se quedó bajo control, salí de la barra y fui directo hacia donde estaba Lara.

—¿Ensayas esa cara de mala pipa o viene de serie? —me soltó en cuanto me acerqué.

—Perdona por tomarme en serio mi trabajo. No como otras, que se creen que poner cuatro flores es un esfuerzo sobrehumano.

—¿Flores? —repitió, ofendida. —Tú fríes croquetas, yo hago que los sitios no parezcan un funeral.

—Ah, claro —asentí con sarcasmo —Sin ti la gente no comería igual porque estaría demasiado ocupada mirando tus mantelitos de lino.

Puso los ojos en blanco, moviendo la cabeza de lado, pero una media sonrisa traicionó la comisura de sus labios.

—Intenta no arruinar el catering y yo intentaré no hacerlo demasiado bonito para no herir tu ego.

—Trato hecho —respondí. —Aunque admitámoslo, sin mí no hay comida y sin ti...bueno, sin ti, sigue habiendo comida.

—Gilipollas —murmuró.

La media sonrisa ya no la escondía, pero no nos dio tiempo a seguir con el juego. La campanilla de la puerta sonó, levanté la vista por pura costumbre y se me quitó el apetito...¡Liam estaba aquí!

—¡Venga, ya estamos todos! —solté más alto de lo que me hubiese gustado.

Lara siguió hablando como si nada, moviendo las manos sobre los bocetos, concentrada en que yo entendiera hasta como se plantan las dichosas flores que quiere usar para el decorado.

—Si usamos centros de mesa más bajos la comida va a lucirse más, pero necesito que me digas exactamente qué vas a servir porque no puedo trabajar a ciegas contigo.

Su voz era ruido ahora mismo para mí, mi mirada estaba fija en Liam, en como recorría cada rincón de su puta cafetería buscando algún fallo... entonces me vio.

—Tenemos que irnos —le dije a Lara sin mirarla.

—¿Qué? —me dijo frunciendo el ceño.

—Acaba de llegar mi padre —aclaré.

—¿Y? —preguntó bajando la voz. Me dieron ganas de reírme ante su inocencia.

—Paso de saludarle —dije sin más, no quería darle explicaciones.

Empecé a recoger mis cosas, ella ni se inmutó. Tenía claro que Liam se iba a acercar, siempre lo hace, nunca dejaría pasar la oportunidad de molestarme; justo en ese momento se cruzaron nuestras miradas, la mandíbula se me tensó sola. Y justo entonces empezó a caminar hacia nosotros.

—Vámonos —le insistí a Lara, esta vez sin disimular la urgencia. —Por favor. Podemos ir a mi casa —las palabras me salieron rápidas, sin pensar bien las consecuencias. —allí vamos a estar tranquilos, hablamos del evento, vemos todo lo que quieras, te explico el menú, lo que necesites.

Me miró sorprendida, nunca antes me había visto así, no dijo nada, recogió sus cosas lo más rápido que pudo, pero no fue suficiente.

—¿Sigues empeñado en ser... "camarero"? —sus ojos bajaron a mi camiseta negra y después al delantal doblado sobre la mesa. —Podrías aspirar a más.

Siempre igual, siempre menospreciando todo lo que no encaja en su molde perfecto. Lara estaba callada, pero sentía su mirada clavada en mí y, eso sí que me jodía, no quería que viera esto, que viera como me afectaba.

—No empieces —le advertí intentando guardar las formas.

—Leo, tengo prisa, ¿me llevas ya? —intervino Lara, dándome la excusa perfecta para salir de allí.

Salimos de la cafetería sin hablar, el aire de la calle era frío, pero yo seguía ardiendo por dentro. Caminé más rápido de lo normal, como si todavía estuviese escapando, me doy cuenta cuando escucho sus pasos tratando de alcanzarme.

—Qué detalle...huir sin dar las gracias, muy tú —escuché que decía detrás de mí.

—No te pedí que lo hicieras.

—No claro, mucho mejor quedarme ahí escuchando como tu padre te pisotea, eso sí, con elegancia —me detuve y me giré hacia ella.

—No todo el mundo tiene padres que aplauden cada decisión que tomas.

—No hace falta que te aplaudan Leo —respondió, más suave. —Pero tampoco que te hagan sentir que todo lo que haces está mal.

—No hables de lo que no sabes.

—Entonces explícamelo —la miré para ver su expresión, pero lejos de ser burlona, estaba seria, expectante.

—Mi padre tiene los restaurantes más prestigiosos de la ciudad —digo al fin. —Estrella Michelín, reservas con meses de espera, críticos que lo adoran. Crecí entre fogones, escuchando que, si todo no era perfecto, no servía.

Lara no apartaba la mirada de mí.

—Y cuando decidí que no quería heredar nada de sus negocios, que simplemente quería trabajar y conseguir algo mío... —tuve que tragar saliva para continuar. —Me dijo que estaba desperdiciando mi suerte y mi talento, que estaba tirando el apellido Double a la basura. Así que no —continué diciendo. —no me gusta que la gente me cuestione, y menos sin conocerme.




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