¿Sabéis esa sensación de que todo está tan bien en vuestra vida que estáis esperando por donde os va a venir el golpe?
Pues eso, mi padre llevaba una semana sin agobiarme, me permitía ver a mi hermano a diario sin condiciones, y Lara, desde que ella apareció parece que tengo la suerte de mi parte.
Pero claro, la suerte es tan caprichosa que suele cobrar unos intereses de mierda. Mi vida que siempre había estado marcada por castigos, golpes, alcohol y mucho trabajo, había sido sustituida por flores y palabras bonitas, Lara era el factor Y de la ecuación, os preguntaréis ¿por qué Y en vez X? Pues según ella, la X muestra un camino donde ambos empiezan, se encuentran en el medio, disfrutan juntos, pero luego cada uno sigue su camino; en cambio Y, empiezan juntos, se encuentran en el medio, pero sus caminos siguen en la misma dirección. Así es ella. Para mí quererla no era una transición fácil, era un descarrilamiento en todo regla, pero era algo que ella arreglaba simplemente mirándome...bye Leo, hi problems.
Lo que había entre nosotros ya no me hacía chirriar los dientes, me hacia apretar la mandíbula para no decir algo de lo que me arrepintiera (o algo que deseaba demasiado decir).
La tranquilidad me duró lo que tardé en plantearme que quizás Liam iba a darme un respiro.
—¿Qué quieres? —contesté sin filtro cuando vi el nombre de mi padre en la pantalla del móvil.
—Leo —su voz firme, como el que no te va a contar nada bueno —Escúchame bien. El evento de la semana que viene va a seguir en pie, pero quiero que te quede claro una cosa: en cuanto termine el brindis, se acabó.
Arrugué el entrecejo, intentando descifrar que cojones decía ese puto loco.
—¿Se acabó el qué? ¿De qué hablas?
—Hablo de los Lawton —soltó él, y el apellido sonó en su boca como si estuviera escupiendo estiércol—. Después del evento, cortamos todo vínculo. No quiero más tratos con ellos.
—¿Por qué? —le espeté, sintiendo cómo la tranquilidad que sentía hace un momento se iba a la mierda por culpa de la misma persona siempre—. Los Lawton son nuestros mejores aliados ahora mismo, no tiene sentido mandarlo todo a la mierda sin una razón. ¿Qué ha pasado?
—No necesitas razones, Leo. Solo tienes que obedecer —su tono autoritario lo volvió a sacar a pasear —Haz tu parte en el evento, sonríe a quien tengas que sonreír y luego te largas. No me hagas repetirlo.
—No me jodas, Liam. Si hay un problema con ellos, tengo que saberlo para...
—Para nada. Haz lo que te digo y punto. Y no me llames Liam, soy tu padre.
No hubo más explicaciones, maldije entre dientes por llevar la sangre Double en mis venas, por desgracia uno no elige a la familia que le toca, pero lo que si pude elegir es a Joel, necesitaba contarle todo, necesitaba contarle esto a alguien.
Cuando llegué al centro de animales el ladrido de los perros no me calmó un carajo, me fui directo al despacho donde suele pasar horas revisando papeles. Vine a buscar un poco de cable a tierra pero lo que encontré fue al puñetero cable echando chispas.
Allí estaba Stella, la mejor amiga de Lara, con los ojos negros del rímel corrido llorando a moco tendido, destrozando un papel que tenía entre las manos. Joel me miró con cara que gritaba "tenemos problemas".
—¿Qué está pasando aquí? —mi paciencia prendría de un hilo muy fino.
—Leo, cálmate —dijo Joel, levantando las manos—. Stella tiene algo que decirte. Es sobre tu padre.
Me crucé de brazos, sintiendo como la angustia me comía por dentro.
—Cuenta — le espeté a Stella.
Stella levantó la vista. Tenía los ojos empañados, pero lo que vi en ellos no era tristeza, era puro terror.
—Es mi madre. Está metida en asuntos turbios con tu padre. No sé qué le ha prometido Liam, tampoco sé cual es la finalidad, pero están usando las cuentas de mi familia para mover dinero de los negocios de Julián y tu padre. Sé que hay algo más pero mi madre no me dice nada. No sé como contarle esto a Lara. Es como mi hermana joder.
Me quedé sin palabras, la situación era mucho peor de lo que yo esperaba.
—¿Me estás diciendo que mi padre está usando a tu madre para hundir a los Lawton antes de darles la patada final? —pregunté, sintiendo cómo la rabia se acumulaba en mis puños.
Stella asintió, soltando un sollozo ahogado.
—Si esto sale a la luz, los Lawton están acabados. Mi familia, la de Lara... todos. Y lo peor es que Lara no tiene ni idea. Cree que todo va bien, igual que tú hace diez minutos.
Miré a Joel y luego a Stella, pensé en Lara, en todos los momentos que habíamos pasado juntos, en todo lo que mi padre se iba a llevar por delante. El muy cabrón no solo quería romper vínculos con ellos; quería joderlos, y lo estaba haciendo con la ayuda de la madre de la mejor amiga de su futura víctima.
—Leo, tienes que decírselo —soltó Joel, rompiendo el silencio—. Lara tiene derecho a saber lo que está pasando.
Me giré despacio, clavándole una mirada que le hizo arrepentirse de su consejo. La rabia me quemaba por dentro, pero el miedo —ese miedo real de perder lo único bueno que me había pasado en años— era mucho más fuerte.
—No. Ni una palabra —sentencié, y mi voz sonó tan fría como la de Liam.
—¿Te has vuelto loco? —Stella se puso en pie, temblando—. ¡Es mi madre! ¡Es su familia! Si no le aviso, no me lo va a perdonar.
—Si se lo digo ahora, Lara irá directa a por mi padre. Y Liam la destruirá antes de que pueda pestañear —me acerqué a ella, invadiendo su espacio con una angustia desesperante—. Mi padre no juega limpio, Stella. Si queremos ayudarla, tengo que jugar a su manera.
—La vas a perder, Leo —advirtió Joel en un susurro—. Las mentiras tienen las patas muy cortas.
No respondí. No podía. Salí de allí sin mirar atrás, ignorando las súplicas de Stella y la mirada de decepción de mi mejor amigo.
Volví a subirme a la moto y conduje sin rumbo. Pensé en la "Y" de Lara. En esa línea que, según ella, nos llevaba en la misma dirección. ¡Qué ironía! Ella siempre caminaría por esa línea llena de luces y colores, mientras el mío pertenecía a un túnel oscuro.