El dia porfin habia terminado por lo que era hora de dirigiste a su casa, ya no tenía que ver a sus amigos, aunque tampoco la había pasado tan mal con ellos. Sin embargo ese sentimiento de que no los merecía n ose le había ido en todas esas horas de clase.
Solo queria marcharse a su departamento ya que ahi seria el unico lugar en el que podia descansar si quiera un poco. ¿O no?
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Luego de varias horas viajando en metro por fin había llegado a su departamento, lo único que quería era descansar y no pensar en lo que sucedería mañana.
Lastima que eso no sucedería.
Se sentó en su escritorio mientras rebuscaba entre sus cosas, quería reparar algo por una última vez; otro intento más. Sobre su escritorio, yacian los pedazos de la lámpara de pájaros de papel.
Habia llegado del reencuentro con sus amigos con una sonrisa pegada en el rostro junto a un vacío que le resonaba el pecho.
'No los mereces' le había susurrado una voz durante todo el trayecto a casa. Para acayarlo, descolgó la lámpara de su rincón.
—si arreglo esto, tal vez...
Intentaba encajar cada pieza con delicadeza,cuidando de que nada malo le pasara otra vez. Agarro un poco de pegamento para intentar unir las partes; complementar algo que ya fue.
De pronto el olor del pegamento se le subió a la nariz, era algo dulzon, penetrante, falso.
—huele a mentira.– susurro una voz a su espalda. La voz de su madre nuevamente se hizo presente, sabía que es lo que pasaría a continuación, sin embargo evito prevenirlo.
—veo tu sonrisa ¿supongo que ya le contaste a tus amigos sobre ella? ¿O solo decidiste mostrar el pájaro y no el que rompió las alas?—
<<fue un accidente>> pensó con fuerza, quería que las voces se fueran pronto; no quería recordar una vez más lo que paso.
—¿Un accidente?— estalló otra voz, esta vez era la de su padre. La podía sentir tan cerca, casi como el viento.
—tu estabas manejando, tu decidiste pelear, ella solo estaba en el copiloto...y decidió seguirte la corriente.
La responsabilidad era tuya, no de una chica de 14 años.
El semáforo, la discusión, tu hermana.
El aire corría cada vez más fuerte, sus manos se enfriaban con rapidez sin lograr calentarlas.
Empezó a frotarse la yema del pulgar con el índice, buscando una chispa de calor; nunca llegó.
—Míralas — se mofo la primera voz, ahora un poco más cerca. —Unas manos de niña fría, manos qué no supieron sostener , no supieron proteger. Manos qué ahora se dedican a reparar adornos rotos, porque lo ocurrido jamás cambiará.
—Ahora tu juegas a reparar adornos, pero en el fondo sabes que nada cambiará, nosotros cargamos con el peso de una hija menos...nuestra única hija a ser verdad.
¿Quien crees que carga con la deuda?—
Ya no quería escuchar más eso, solo quería quedarse dormida y despertar al día siguiente, pero sabía que eso no se podría.
Se llevó las manos sucias de polvo a la cara formándose como un intento de acallar las voces.
—¿Sabes que es lo peor? Que tu sobreviviste, ella era la que tenia todo lo bueno y tu solo un deseo horrible. Jamás entenderé como es que puedes ser mi hija.—
—¿No crees que deberías pasar toda tu miserable vida de rodillas pidiendo perdón por respirar el aire que debería ser de ella?— esta vez habló su padre.
<<lamentarse>> pensó, porque eso era lo que era su vida ahora, un tiempo de lamento del cuál jamás se libraria.
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Sofia se levanta de su escritorio y deja el adorno de los pájaros en el. Se mueve con algo de cansancio hasta que llega a un cuadro de ella y su hermana, aun recuerda ese día con perfección; ellas dos en el campo jugando como siempre.
Ve la foto unos dos minutos más y se va de la habitación.
—sigues recordando?— habla una nueva voz aunque esta vez no llega a reconocer de quien es.
Y así en busca de un pequeño respiro, decide salirse del apartamento para caminar en la calle. No sabe muy bien adonde va, pero lo único que quiere en este momento es tranquilidad.
En la oscuridad de la noche fue cuando se topo con un edificio abandonado, no sabía en que calle estaba ahora pero por alguna razón decidió entrar a el.
Cuando se encontraba en la azotea fue cuando por fin había logrado calmarse. Su respiración ya no era agitada y por alguna extraña razón las voces habían desaparecido.
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El cielo se miraba hermoso desde ese lugar, el resplandor de la luna tenía un brillo tan hermoso junto al de las estrellas.
—¿como es que no conocía este lugar?— habló en voz baja, para luego acercarse al borde de la azotea y sentarse sobre el. Así apreciando el brillo de las estrellas fue cuando recordó algo que le decía su hermana.
"Las personas que mueren en esta ciudad se convierten en estrellas, cada una de sus almas son especiales y deciden brillar en el cielo. Es por eso que hay muchas."
No era de creer tanto en las leyendas ni nada pero pensar eso era espectacular, aun más porque le gustaba observarla y de seguro convertirse en una sería genial.
Pensando eso le dio un vistazo al suelo; una caída y n ote dejaría con vida. Siguió mirando y simplemente suspiro.
<< Cuando estemos juntas, no importa si sea en una pesadilla, solo quiero permanecer ahi>>
Y así con ese pensamiento fue cuando decidió irse del edificio para regresar a su departamento, después de todo tenia clases mañana y no quería andar con algo de sueño. Además de todo eso no quería andar con mareos por el hecho de que no comía, sus horas de sueño eran lo único que le salvaban de no desmayarse.
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Ya en su habitación, se recostó en su cama aun sin poder dormir mientras miraba al techo aún con la tranquilidad que le había dado aquel edificio, fue cuando pensó una vez más.
<< yo seré una de esas estrellas>>