Doble Vida
Al cruzar el portal, la princesa sintió que la realidad se transformaba en un viento suave. No era un umbral cualquiera, sino una entrada hacia lo desconocido, donde cada paso insinuaba más de lo que mostraba. Allí, la sorpresa la envolvió como un secreto compartido con el tiempo. Y en ese instante comprendió que la pasión podía mutar en sentimientos, que lo sugerido tenía más fuerza que lo evidente, y que cada palabra, cada brisa, podía abrir caminos hacia lo eterno.