IMPRONTA
---
CAPITULO: 1.1
---
---
No fue la impronta en sí.
Fue su actitud.
La forma en que afrontó el momento, más allá de su encanto y de su belleza.
Eso fue lo que me atrapó.
Estaba trabajando.
Bajé a comprar una gaseosa.Me atendió una joven atractiva.
Ese día la miré con ojos de lobo que acecha a su presa.
Contuve mis emociones y seguí mi camino.
Las casualidades se transforman en causalidades cuando algo te conmueve.Y ella me había conmovido.
Al día siguiente volvió a pasar.Volví a comprar una gaseosa.Esta vez me esperaba con una sonrisa.
—Hola, Nico…
¿otra vez por acá?
Me quedé sin palabras.
Me puse colorado.
La timidez me invadió.
Su imagen y su actitud eran tan potentes que mi estrategia se desmoronó.
No funcionó.Hubo un intercambio de roles evidente.
Ella ocupó el lugar de Don Juan.Yo fui la presa que cayó rendida ante sus encantos.Eso no era de caballero.
Tenía que tomar el toro por las astas.
Anonadado, reaccioné mal.
Corté la conversación con un tono seco, casi antipático.Volví a mi auto.
Estaba por arrancar cuando la vi salir.
—Pará… te olvidaste algo.
—¿Qué me olvidé?
—De pedirme el teléfono.
Ya te lo anoté8.
Llamame cuando termines.
Otra vez tomó la iniciativa.
Decidí dejar que fluya.
Dejarla ser ella.Esa noche la llamé.
--Hola, Maru?
--Quien habla?
--Nico.
—Ah, Nico, Pensé que no me ibas a llamar.
—¿Cómo no te voy a llamar? Quedamos en eso.
Hubo un silencio breve.
—Mañana es viernes. Querés que salgamos?
dijo Nico
-- Si!
— Decime por dónde te paso a buscar ?
-- Por mí casa a las 21:00.
-- Dale hasta mañana.
Cuando salió, me quedé observándola como quien mira una obra de arte.Cada detalle me conmovía.
—¿A dónde te gustaría ir?
—pregunté.
—Donde vos quieras.
—¿Estás segura de que vas a ir a donde yo quiera?
—Sí… estoy muy segura.
Autopista.Hasta llegar a la Zona del Amor.
Hedonins estaba ahí, con su cartel luminoso.
No bajamos del auto.
Nos quedamos hablando un rato.Era evidente.
Me acerqué.
Le di un beso.
La abracé.Ella me abrazó.
Tomé las riendas.
Manejé la situación, aunque ya estaba hechizado por su encanto, su belleza, su actitud.
Caí rendido…
Pero marqué un límite.
No podíamos cruzarlo todo el primer día.
Valoré la salida.
La respeté como debe respetarse a una mujer.
Volvimos.
Otra vez me hechizó con su sonrisa.
Con el brillo de sus ojos.La dejé en su casa.Y pude sentirlo:
Los dos queríamos que la noche no terminara.
Por un momento pensé que era un sueño.Hasta que desperté…
Cuando ella ingresó a su casa.
Belleza.
Actitud.
La impronta ya estaba hecha.