EL ENCANTO
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CAPITULO: 2.1
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¿Es magia?
No.
Es real.
Tan real como su sonrisa.
Tan real como su mirada, que lo decía todo sin pronunciar una sola palabra.
No fue un sueño.Fue algo que se activó en el instante exacto en que nos miramos y entendimos, sin decirlo, que esa noche no iba a ser como las demás.
Íbamos camino a un ensueño.
Mágico.
No porque lo dijera el entorno, sino porque el aire mismo parecía anticiparlo.
Como si cada decisión tomada hasta ese momento nos hubiera traído, sin saberlo, hacia ahí.
Todo estaba en orden.
Todo estaba disponible para pasar un momento de esos que no se olvidan.
De esos que no se cuentan igual después.
De esos que quedan grabados en el corazón, aunque el tiempo avance.
Una previa.
—¿Vamos a tomar algo?
—Dale.
—¿Hoy también decido yo a dónde ir?
—Sí.
—Te tengo una sorpresa.
La palabra sorpresa quedó flotando entre nosotros.
—No me gusta la intriga… me mata. Decime.—Pará, no te emociones.
—Dale, decime qué es.
—Es un lugar mágico…Como una isla.
Fantasía y magia se conjugan bien con el deseo y la pasión.No hizo falta decir más.La forma en que lo dijo fue suficiente.
—¿Qué te parece si vamos directamente?
—Sí, dale… vamos directamente.
El camino se volvió distinto.
No importaban las calles ni el tiempo.Solo esa sensación de estar avanzando hacia algo que ya nos estaba esperando.Y ahí estaba.
No lo vi con los ojos primero.
Lo sentí.
Un castillo.
Eso fue lo que apareció en mi mente.
Un castillo antiguo, silencioso, expectante.
Solo faltaban la princesa y el príncipe para que cada uno asuma su rol.
Llegamos a Hedonins.
El nombre ya decía todo.
No invitaba.
Convocaba.
Nos esperaba un viaje en el tiempo.Uno de esos viajes que no necesitan máquinas ni relojes, solo la decisión de dejarse llevar.Antes de ingresar, el mundo exterior empezó a quedar atrás.
Un vestidor nos recibió en silencio.Allí, dos himatones blancos, suaves, livianos.
No eran disfraces.
Eran una antesala.
Ella entró primero.
Cuando salió, el aire cambió.
Diosa griega.
No como exageración.
Como certeza.
El término le calzaba justo.En su porte, en su calma, en la forma en que ocupaba el espacio.
Yo me sentí Alejandro Magno.
No por conquista sino por asombro. Por estar frente a algo que sabía que iba a marcarme.
Algo terrenal y, al mismo tiempo, cargado de ímpetu.
Como los líderes que no imponen… inspiran.Y entonces sucedió.
Ella cruzó el portal.
En ese instante, Hedonins dejó de ser solo un nombre y se reveló como lo que realmente era.No porque lo indicaran las paredes, sino porque ella lo reclamó con su presencia.
Al abrir la puerta, lienzos blancos caían desde el techo.No decor envolvían.
Como si el lugar respirara.Y en el centro…Nos esperaba.
Una krevati.
No una cama.
Un altar.
Un espacio consagrado a lo que estaba por ocurrir.
El techo se abría en un ventanal desde donde el brillo de las estrellas parecía observarn cómplice.La fantasía y la realidad empezaron a confundirse.
El cliné, los tonos, las formas… todo parecía dispuesto para la noche.
No preparado.
Destinado.
Ella eligió la música.
Yo ajusté la iluminación.
Pero pronto entendí que ya no tenía control de nada.
El lugar había decidido por nosotros.Todo comenzó con un beso.
Simple.
Honesto.
Después, su himatón quedó atrás.Intentó tomar la iniciativa…No pudo.
No porque no supiera, sino porque mis caricias y mis besos la llevaron a entregarse sin resistencia.
No a mí.
Al momento.
Era la primera vez.
El descubrimiento.
Ese instante en que dos cuerpos se buscan sin saber todavía todo lo que pueden provocar.Nos dejamos llevar.
Como si el mundo se hubiera detenido solo para observar.
Por un momento, sentimos que flotábamos.
Suspendidos.
Levitando en tres nubes invisibles.
El clímax llegó sin aviso.
Y con él, la magia de la pasión.
Fantasía hecha realidad.
O realidad convertida en fantasía.
Quedamos ahí.
Perdidos en un limbo.
Abrazados.
Sin querer salir.
Deseando que ese tiempo no avanzara nunca.
Pero todo viaje tiene su final.
El ambiente que habíamos creado sinterrumpió suavemente, anunciando el regreso.
Fue el final de un recorrido.
Parte por parte.
Cuerpo por cuerpo.
La observé.Y vi a la princesa que había cruzado el portal.
La que había encendido el castillo
.La magia.
La convicción en Hedonins.
La diosa del amor.
Salimos.
Pero salimos solos.
Adentro quedó la magia.
La fantasía.
El ensueño.
La realidad volvió a aparecer.
Siempre estuvo ahí.
Solo había esperado su turno.
Miradas que dicen todo.
Sonrisas que revelan la pasión.
Un cuento que llega a su final…
Aunque lo nuestro,
Recién empezaba.