Doble Vida

AN TEAGAMH

LA DUDA

---

CAPITULO: 3.2

---

---

Hubo un momento en que el sentir dejó de empujar.

No se fue: se volvió profundo.

Como si la noche misma hubiera decidido bajar la voz.

Las luces parecían menos luces y más constelaciones improvisadas.

El aire tenía algo distinto, casi irreal, como si estuviéramos suspendidos en un paréntesis del tiempo.

Ahí apareció la magia.

No en un gesto grande, sino en esa calma compartida donde todo parece posible y, al mismo tiempo, frágil.

Sentí que no estábamos solos.

No porque hubiera alguien más, sino porque había otra historia que empezó a sonar sin música de fondo.

Ahí terminó la fantasía.

Y comenzó otra cosa. Nico lo sintió en el acto.

No hubo tiempo para lamentos.

El instinto tomó el control.

Las palabras dejaron de ser emoción y pasaron a ser movimiento.

Cada frase una finta.

Cada silencio un amague.

Cada respuesta, un quiebre de cintura para eludir lo que venía de frente.

La conversación se volvió una cancha.Y él, sin darse cuenta, jugaba el partido de su vida.

Eludía miradas como si fueran defensores cerrándole el paso.

Pisaba la pelota del sentido justo antes de decir de más. Dejaba pasar preguntas sin tocarlas.

Administraba tiempos.

Cuidaba espacios.

No corría por placer.

Corría para no quedar expuesto.Y cuando parecía acorralado, cuando el relato amenazaba con caerse, sacó lo único que siempre tuvo: talento para sostener dos planos sin que choquen.

Avanzó.

Entró al área.

Ahí, sin festejo previo, sin levantar los brazos, soltó el sablazo.

Un tiro seco, preciso, directo al ángulo.

Gooolll!!!

No de alegría.

De supervivencia.

Fue en ese instante

—justo después

— cuando Nico lo entendió todo.

No con palabras.

Con una claridad incómoda.No era un improvisado.

No era un distraído.No era una víctima de las circunstancias.

Era un artesano.Un malabarista fino.Un jugador entrenado en el arte de la doble vida.

Y reconocerlo no lo enorgulleció.Tampoco lo destruyó.

Lo dejó quieto.

Porque por primera vez vio el truco completo.Y supo que gambetear también cansa.

Que meter el gol no siempre significa ganar.Y que algún día, inevitablemente, hay que salir de la cancha.

Ahí terminó la jugada.

El público no aplaudió.

La noche siguió.

Pero Nico ya no era el mismo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.