Doce Perdidos (miloxcamus Yaoi Lemon) Camilo

Capitulo 4 (¿Quién Lo Hizo?)

---Al final de las clases (Justo en las cercanías de los templos)---

Aioria mirando sin mucho interés a la zona antes mencionada, dejando escapar un suspiro y bastante avergonzado pues…

El peli cerúleo está atento ante los templos, los que alcanza a ver, caminando por todos lados, aunque estén lejos, intenta acercase, más una reja de acero los divide entre esos recintos y su mera presencia.

Sí que extreman perecuación en esos lugares, aunque es raro, se supone que es una zona turística, por lo cual es muy extraño que no todos tengan acceso directo.

-Los templos… Lucen tristes- Su mirada azul verdosa que al principio brillaban, por sentirse en casa, sin embargo al poco tiempo, se da cuenta que ese lugar no es el mismo que había conocido como hogar, ahora es tan ajeno a su corazón.

-Siempre han lucido así- Le intenta hacer entrar en razón, pero la tristeza que refleja el otro, es espeluznante, casi que preocupa a cualquiera.

-Aioria… ¿Por qué no nos podemos acercar?- Le cuestiona, dejando escapar un suspiro y una mueca de dolor se fija en su rostro.

-Ahora está cerrado el acceso, sabes que solo está abierto hasta las cuatro y nosotros salimos a esa hora de clases- Le dicta la regla que suena bastante ridícula pero la establecida desde hace ocho años, bastante curioso.

-Entonces… ¿Qué día podríamos venir?- Preocupado pues necesita ingresar de forma inmediata al lugar, siente que si pisa esos templos, podría darle algún tipo de respuesta que necesita con desespero.

-Los fines de semana- Alza los hombros desganado –Milo… En verdad me estas asustando-

El castaño le dedica estas palabras angustiado, pues cada minuto que pasa, puede notar que el ambiente no es el mismo, desde el momento que lo vio esta mañana, sintió que no era su mejor amigo de años, si no alguien diferente, pero lo creía imposible, ahora no está tan seguro.

-Perdón…- Suspira desanimado, dejándose caer en el suelo de rodillas, poco le interesa que lo vean las demás personas –Es solo… Que, no puedo creer que todos se olvidarán de quienes somos, incluso tú, de nuestra Diosa, nuestra amistad… Amores…- Sonríe, llevándose ambas manos a la cabeza, estrujando su propio cabello dejando escapar lagrimas –Esto tiene que ser solo un sueño… Ya no me queda más que decir… O… O… Una pesadilla…- Levanta su vista para el castaño -¿Cierto?-

-¿Milo?- Le pesa mucho verlo de esa forma, ya van dos veces durante el día que ha dejado escapar sus lágrimas, cuando antes de hoy… Se había negado a hacerlo.

-Y… ¿Si esta es mi nueva vida ahora?- Temeroso se pregunta a sí mismo o Aioria, intentando encontrar una respuesta –Pero… Yo no quiero esto, estuve muerto… No cambiaria mi vida pasada por una nueva- Sintiendo como su corazón late desesperado, lleva una de sus manos al pecho, agarrando con fuerza su uniforme –Por Atena… Solo… Por favor… Devuélveme a donde pertenezco…-

Un joven, de la escuela que ambos pertenecen, este llorando en pleno parque, cerca de la división al santuario turístico, los murmullos de las personas se comienzan a incrementar.

Provocando cierta preocupación al castaño, no le gusta esto… Por alguna razón, sentía que debía sacar al llorón de este lugar de forma inmediata.

Pero nada se le ocurría y sabe que Milo tiene un cuerpo más pesado y posee mayor fuerza que él.

Sin embargo… Algo que parecía haberse sellado en su mente se abriera, impactándolo, pero… Dejándole un semblante tranquilo en el rostro.

-Milo- La voz de Aioria, parecía sonar a como al recuerda antes, la de su amigo, el caballero del León dorado, Incluso la mirada parecía la misma, pero no lo es.

-¿Aioria?- Alza su vista, aun con lágrimas, por un momento siente la presencia de un cosmos, pero… No es el mismo que recuerda del antiguo Aioria, es familia pero… Por alguna razón siente que no logra reconocerlo del todo.

Sin pensarlo más, tomando una postura bastante diferente de lo normal, dejando de lado la timidez y duda, toma el brazo del peli cerúleo con fuerza, para levantarlo de una vez y así proseguir a correr, para perderse de la vista de las personas que toman de raro esta escena.

El correr de ambos es sin duda rápido, podría decirse que ligeramente mayor al de una persona de su edad, pero no alcanza a la que antes lograban.

-Aioria, ¿A dónde vamos?- Le cuestiona, pues obviamente no tiene recuerdos de haber estado en este lugar antes, sin contar que ahora el castaño claro actúa muy peculiar para su gusto.

Aunque realmente nadie actúa como debe según Milo.

No obtuvo respuesta alguna, es como si el otro no reaccionara a nada más que no fuera llevarlo a donde ¿Quién sabe?

Lo seguía con la vista, mientras es jalado por él, confundiéndolo aún más, por un breve momento sentía que llegaría al santuario más rápido por el camino que han tomado, pues los templos que alcanza a ver, se acercan a ellos.

Sin embargo, de la nada Aioria paro en seco, como si se detuviera porque algo le impidiera continuar, aunque la reja estaba un poco más lejos.

El peli cerúleo choca de golpe contra la espalda del castaño claro, provocando que cayera para atrás de sentón, lastimándose un poco la retaguardia, lo bueno que metió las manos, no fue tan fuerte.

Y llevando una de sus manos a la cabeza, pues el golpe contra Aioria sí que había dolido.

-¿Qué paso?- Le cuestiona inmediatamente, abriendo sus ojos con pesadez, no ve nada más que la espaldas del otro.

-Fue allí- Alza su mano derecha, señalando con el dedo índice, los ojos verdes del castaño parecían en un trance, con la boca ligeramente abierta.

El caído en el suelo, se percata de esa señal que ha hecho con la mano, levantándose para verificar que es lo que apunta, encontrándose solo con algunas rocas, que parecían romper la reja de tela metálica delgada, podría ser peligroso para una persona entrar por ese lugar, pero sería factible en alguna circunstancia.

Es un punto bastante alejado de la vista, donde llegarías a caer si salieras volando con la patineta desde las rampas del parque, pero deberías tener mucha fuerza en las piernas para conseguir ese vuelo.




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