Sorprendido por esa hermosa joya, sus ojos de la misma tonalidad, brillan por tan solo presenciarla, su corazón late acelerado, algo le produce esa hermosura en color verde.
Un sentimiento que lo envuelve, una inmensa tristeza, una soledad que de repente se vuelve mayor con cada segundo… Deseando alcanzar esa piedra preciosa, como si lo hiciera, pudiera calmar esos pensamientos… Ese dolor que no sabe de dónde viene.
O mejor dicho… Intensifica lo que siente ahora… Pero… No logra descifrar del todo… Algo nuevo, con lo que conoce… O
¿Acaso el peli cerúleo, si tiene razón?
¿Él también está involucrado en este lio?
Los caballeros dorados existen, la Diosa Atena a la que deben proteger…
Las cosas que le conto… Sobre que en aquel mundo… Pelearon y murieron por esa mujer… Que a su hermano lo tacharon de traidor.
Se negaba pensar que el Saga que conoce… De verdad hubiera hecho eso, cuando en su vida… Nunca fue así, al contrario… Era el único que de verdad se preocupó en el momento en que Aioros se fue…
Su mirada pareciendo hipnotizada por alcanzar esa gema, su mano estirándose… Sin embargo… No puede alcanzar, tiene aquellos divisores para que los turistas y curiosos no atraviesen su perímetro, además que está dentro de esa caja de cristal…
Sería imposible tomarla…
No con la seguridad que ahí a su alrededor.
Más parecía no importarle… Está decidido a tomarla, aunque en su interior sepa que es incorrecto.
-Aioria… Creo que ya hice enojar a la guía…- Los pasos del escorpión, algo decaídos, pero con una sonrisa, informa lo sucedido –Me dio esta calcomanía, y me dijo que soy muy inteligente, que sería un gran guía de turista, que la espere afuera para un formulario, pero… Ya le estaba dando un tic nervioso, como el que lográbamos hacerle al patriarca y…- Su risa se calma, al ver la desesperación en su amigo.
Obviamente que actué así tan repentino es extraño, pero sería para el Aioria de este mundo, no para el de su mundo.
Se acerca curioso, su sonrisa se planta de nuevo, para mirar atento a donde los ojos verde se fijan, aunque la mano de este ya no intente alcanzarla, pero si sujetando con fuerza la línea divisora de tela perimetral, para evitar el paso más cercano.
-¿Qué tiene de buena esa vasija?- Esperando saber lo que ve el castaño claro, algo que no puede observar él.
-Una piedra… Es... Verde...- Contesta en automático, cerrando sus ojos, como si la voz de quien llama, lo saca de un trance o de un pensamiento en aquello –Es como si me llamara… Pero no puedo alcanzarla…- Rápidamente se gira al otro -¿La puedes ver?-
Niega con la cabeza rápidamente –No, me temo que solo la pueden ver los caballeros que sean sus dueños-
-¿Dueños?- Confundido, pero es cierto… Siente que esa piedrecita es de su propiedad, o que pertenece a su lado, tenerla en su poder, como si fuera parte de algo mucho más grande.
-Descubrí que mi piedra preciosa de color rojo, es parte de mi armadura dorada, te lo había dicho antes- Sonríe de lado, pues es una información ya antes mencionada, pero tal vez no se lo creyó del todo.
-Lo que dices… Si es cierto… Entonces… Yo… Pero…- Vuelve a balbucear palabras que apenas se conectan, aunque ya vivió un momento así, cuando el peli cerúleo le conto sobre su propio mundo y la verdad de este, solo le pareció fantástico, sin embargo que era la verdad que este Milo comparte.
Mas ahora… Nunca creyó que esto lo envolvería de verdad…
Imaginó que era como en esas películas, donde el protagonista viene de otro mundo y cae en un lugar tan diferente, con versiones de este mundo de sus amigos y conocidos, pero… Que estos son de este mundo, no los del protagonista.
Y este tiene un amigo que le ayuda en todo momento, aunque al principio no le cree…
Creía que su papel aquí era solo ser ese amigo, no verse involucrado como otro protagonista, que todo lo que conoce es ajeno, que no pertenece aquí.
Que su vida, sus metas, todo lo que conoce y quiso… Es solo una mentira, una ilusión… Que nunca estuvo destinado a cumplir… Si no tener que volver a un mundo en donde las guerras son de por vida, que jamás se acaba el peligro.
Abandonar su familia, lo que quiere…
-Esto no… No… ¡¡¡NO!!! ¡¡¡NO PUEDE SER CIERTO!!! ¡¡¡YO SOY DE ESTE MUNDO!!! ¡¡¡YO NACÍ AQUÍ!!!- El ceño fruncido, la molestia que siente, con el miedo de que esa verdad también sea la de él.
-Aioria… Cálmate por favor- Alza sus manos delante, al nivel de la cara, pero su preocupación aumenta por el hecho de que el castaño claro este tan alterado –No es tan malo…- Es lo único que atina a decir, con una débil sonrisa.
-¡¡¡ESO LO DICES PORQUE ASÍ LO CREES!!! ¡¡¡YO TENGO OPCIONES!!! ¡¡¡NO TENGO DE POR QUÉ TOMAR ESA COSA Y PERDER MIS RECUERDOS!!!- Responde con su frustración y preocupación, claro que esta aterrado, de buenas a primeras perderá todas sus valiosas memorias, lo que sabe de este mundo se ira, y nunca jamás volverá.
Así como le ha ocurrido al peli cerúleo, sin embargo eso no parece molestarle.
Pero Aioria… Es diferente…
-¡¡¡SI NO LO HACEMOS, NUNCA SABREMOS QUE LE PASO A NUESTRA DIOSA!!!- Lo reprende, sujetándolo de los brazos encarándolo -¡¡¡ES NUESTRO DEBER!!!-
-¡¡¡ESE ES TU DEBER!!! ¡¡¡NO EL MÍO!!! ¡¡¡ASÍ QUE…!!!-
No termino, pues de tantos gritos, llaman la atención de todos los allí presentes y desde luego los encargados de seguridad del recinto.
Acto seguido, los dos jóvenes son sacados del museo, por alterar el orden y estar gritando como locos.
Milo quería replicar, su actitud más atrabancada y decidida lo hace también discutir con los guardias, alegando que no era algo malo, solo conservan, pero… Obviamente los gritos fueron demasiado.
Obviamente esto es un contratiempo de sus planes, debía pensar como volver a dentro, sin prestar atención al joven castaño que se aleja con la cabeza baja, desesperado, enojado, triste, preocupado.
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Editado: 13.01.2026