Doce Perdidos (miloxcamus Yaoi Lemon) Camilo

Capitulo 8 (Mi Duda Interna)

Una sonrisa es lo que se presenta en los labios de Milo, asiente, pues está entendiendo de a poco el sentir de quien tiene enfrente, la persona que sin duda es el León dorado pero de este mundo, esta vida…

Parece como si algo estuviera atrayendo a este castaño claro a que diga toda la historia posible, pues no dudara en aceptar esa joya, que de alguna forma le pertenece por ser o haber sido parte de la armadura que porto en alguna otra vida.

Un suspiro de parte de ambos, el atardecer está llegando, el día se acaba de a poco… Como sus ideas de que hacer para recuperar la joya, o más bien es algo que Aioria debe pensar seriamente, pues…

Aun que desea con todas sus fuerzas olvidar muchas cosas, igualmente desea conservar las que tiene…

Solo desearía encontrar una forma de que ambas memorias sean guardadas en su mente, sin que el efecto de la joya haga estragos a lo vivido.

Ambos caminan desde donde hablaron, en un singular silenció que intentaba Milo a como diera lugar romper, aunque era difícil ya que el castaño claro va demasiado serio, mirando al suelo, analizando en la situación que se encuentra y la gran inquietud que su mente tiene.

Sin más, llega el momento de dividir caminos…

Despidiéndose ambos, aunque uno esté en cierta forma tranquilo, esa ida a las ruinas del templo de Atena y demás, le sirvió para confirmar algunas sospechas y entender que si están aquí, es por alguna razón, por voluntad de su Diosa, pero aun así dudas quedan.

Sin duda en estos momentos le hace más falta la sabiduría y el sentido de análisis rápido de ciertos caballeros, pero ahora mismo es imposible siquiera pensar en llegar a tener algo de eso.

Salvo por él y al parecer Aioria, el cual solo le cree por qué sintió lo mismo por la joya que pertenece a la armadura, dándole el beneficio de la duda.

Milo está en un camino demasiado obscuro y absurdo aun, en el cual deberá seguir, y a la vez intentar encontrar la forma de regresar al mundo o dimensión en donde están sus verdaderos amigos y no solo… Unas versiones alternas de sus amigos.

Al llegar a su casa, abrir la puerta y ver el retrato de la mujer que en este mundo le dio a luz, se siente mucho más extraño, incluso incomodó, pero… A la vez le sonrió.

Se cuestionaba tantas cosas, pero una que no lo hacía, era que le parece algo muy lindo por lo menos en este mundo conocer el rostro de la mujer que debió amarlo desde el momento que su existencia estaba en ella… En su vida original nunca conoció a sus padres biológicos, incluso dudaba si alguna vez los tuvo.

La única figura paterna que reconoció fue al patriarca, pero sabía que no era lo mismo, en cambio aquí… Tenía una familia, una que aun que ahora estuviera rota, y no tuviera los recuerdos vividos por él, solo palabras por parte de su amigo, le provocaba alegría también.

-Gracias por quererme…- Ante ese retrato, el altar que se tenía para esa hermosa mujer con una sonrisa tan hermosa, cabellos negros y tez blanca, habla con respeto, inclinando levemente la cabeza.

Aun es difícil comprenderlo del todo, y se siente un poco fuera de lugar, pero lo intenta.

Incluso ver al espejo que se encuentra cerca de ese punto, notar su aspecto que sin duda el mismo de su antigua vida, claramente siendo más joven por cinco años, se encontraba similitudes con la mujer del retrato y le daba gracia.

-Creo que mi sonrisa es igual a la de usted…- Sonríe una y otra vez, intentando imitar la expresión de ella, queriendo incluso la pose, para ver qué tanto es su parecido, aunque igualmente debía admitir que era casi una copia exacta del hombre que fungía como su padre en ese mundo.

El cual no tardó mucho en hacer acto de presencia, ya que se encuentra en casa, pues su trabajo solo era medio turno el sábado, por lo cual ya para esa hora esta allí. Esperando a su hijo con el cual no había tenido una buena relación desde ocho años.

-¿Qué estás haciendo?- Claramente al verlo hacer esas pantomimas delante del espejo le tomo tanto de raro, el cual lo aprecia algo confundido.

El peli cerúleo se quedó quiero por unos instantes, sintiendo la pena en su cuerpo, sin saber cómo actuar con él ahora.

En su mente resuenan las palabras que Aioria le dijo, que debería comportarse como lo hacía el anterior Milo, que no era de demostrar afecto o hacer bobadas, o sea ser una completa contraparte de él.

Pero es difícil… Demasiado, y más por que según él, por lo que ese Milo paso, si bien fue terrible… El hecho de que su padre y el de Camus, fueran pareja en su juventud, no tenía nada que ver, ni siquiera lo consideraba razonable, para odiar a su progenitor, ni al amor de su vida.

Lanzo un suspiro, algo nervioso, pero no sería un mal hijo, y más sabiendo que puede ser que no disfrute esta sensación familiar, debía aprovecharla mientras podía, pues desea aun con dudas volver a su mundo.

-Nada, es solo… Que me gusta ver el parecido que tengo con mi madre…- Fue lo que se le vino a la mente y para acto seguido sonreír igual como Calvera lo hacía, arrugando levemente la nariz y cerrando sus ojos, algo que salió espontaneó.

Para Kardia ver esa expresión en su hijo, el parecido con su difunta esposa, es algo que tenía tanto sin ver y siempre era la parte preferida de su vida al llegar a casa, ver a su familia con la misma energía que él y la sonrisa que los distinguía a ambos, pero que solo a uno aún con vida posee.

Una opresión en su pecho siente, pero no le molesta sino que es de nuevo algo feliz.

-Claro que te pareces, es tu madre después de todo- Algo difícil de hablar, pues no es capaz de decir sus típicas bromas, el momento no lo amerita -¿Cómo te fue?- Serio pregunta, temiendo que por algún instante su vástago vuelva a la actitud de antes.

-Bien- Asiente –Aprendí mucho, fue interesante, me divertí- Claro que solo menciona ciertas cosas, pues no le dirá que realmente descubrió que una piedra preciosa que llama a su mejor amigo de este mundo, que de paso este Milo no es de esta dimensión y posiblemente deba irse algún día no muy lejano.




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