Mark
La noche esta calurosa, no sé si es por la discusión con Linna que me mantiene todavía molesto, o que en realidad solo serenó unos minutos y eso avivó el calor del concreto de Vallarta. Mi cabeza solo repite una y otra vez la discusión con ella, la reproduce como un disco rayado la imagen de su rostro decepcionado de mí y de todo lo que dije.
Creí que caminar aclararía mi mente y posiblemente hubiera funcionado si no me hubiera detenido tres veces en una tienda a comprar cervezas, sigo caminando por un malecón que a las 12 AM poco a poco se va vaciando de familias para quedarse con jóvenes y adultos enfiestados o trabajadores nocturnos. La música salsa inunda una parte del malecón con una canción familiar y mirando la fachada del bar/restaurante cubano a la orilla del mar decido que le daré un descanso a mi mente.
- Lo siento señor, no puede pasar con eso- el primer rostro que me detiene a la entrada del bar tiene un cierto parecido a Linna, o quizá solo es su cabello. La chica hostess señala mi lata de cerveza que llevo en la mano ya más caliente que un té; dándole un último trago amargo la tiro en el bote de basura de la entrada.
- Listo- le anuncio dejando ver mis manos vacías
- Mesa para ¿cuántos? - pregunta con voz amable
- Solo voy al bar- respondo.
- estaría de pie ¿no hay problema? - yo niego con mi cabeza despreocupado de esa información. Ella asiente, me da la bienvenida y quitando la fina cuerda de la entrada entro al bar/restaurante cubano. Vine una vez con Linna a este lugar colorido, cultural, viejo y musical. Con dos plantas, mesas alrededor de la pista central y una barra con la bandera de Cuba detrás de ellos sirven una experiencia completa. La salsa explota por cada ventana del lugar, camino a la barra intentando no chocar con nadie de los que bailan o de los que buscan los baños. Al llegar a la barra encuentro un banquillo de madera desocupado, sin un bolso o una chaqueta que lo haga parecer ocupado así que con esa suerte tomo asiento, el barman se acerca a mí, le miro su gafete del cual se lee Ricardo.
- ¿Qué le sirvo caballero? - pregunta alzando el tono de su voz para poder oírlo sin tener que acercarse e invadir nuestros espacios.
- Un mojito de la casa por favor, Ricardo- el chico asiente alejándose a prepararlo
Intento sacar mi celular de mi bolsillo del pantalón torpemente, al sacarlo elevo la vista y mi atención se va a una chica de cabello negro, lacio y largo, de entre lo que la gente me permite ver puedo ver que viste una falda negra larga y una blusa corta verde, está al teléfono y una risa nasal sale de mi al preguntarme ¿cómo es que escucha? yo ni escuché si Ricardo me respondió algo. La banda de salsa toca con el corazón, tan fuerte que no logro escuchar porque se ve decepcionada o enojada o quizá ambas. Devuelvo mi celular a mi bolsillo porque ella ha captado mi atención y no puedo hacer nada más que mirarla e intentar averiguar ¿qué le podría suceder?
Al poco tiempo ella deja el teléfono en la barra con la pantalla mirando hacia arriba, dirige su mirada y su cuerpo hacia el frente para hablar con Ricardo, ella le entrega el vaso con hielos en el asiento para que le prepare algo nuevo, eso quiero pensar.
El señor de mi derecha se va de la barra dejando la propina sobre la barra bajo su vaso vacío, me muevo al banco que él desocupó porque por alguna razón me da curiosidad saber ¿qué le pasa a esa chica?, espero que algo más desdichado que lo mío y no por ser malo, sino que me haría sentir menos solo.
- ¡Nunca! ¡Bueno si! Una vez lo hice y esto me pasa, no aprendo Sebastián, no aprendo, ese es mi problema- la banda termina una canción dejando un pequeño silencio, dejándome escuchar por primera vez la voz de la chica, su voz es dulce, como la de un comercial, la banda anuncia un pequeño descanso, pero no dejan el bar en silencio, música sigue sonando en un tono más moderado para conversar o en mi caso para escuchar conversaciones ajenas.
- Pues chica, él es un idiota, él se lo pierde- responde Ricardo mirándola al agitar un trago entre dos vasos.
- ¿Verdad que si? ¡Gracias! - grita la chica, Ricardo llega a mí con mi mojito mientras yo finjo no estar de chismoso en su conversación con la chica linda.
La noche avanza mientras yo sigo bebiendo lentamente, no he sentido la necesidad de ver el celular, de vez en cuando canto una que otra letra de las canciones, la gente a mi derecha se va poco a poco dejando sus asientos libres, logrando brincar a sus bancos abandonados. Cuando estoy a un cliente de distancia mi mojito está a menos de la mitad y me entretengo mirándola hablar por teléfono. Ella está recargando su espalda en la barra, con un mechón de su cabello dentro de su mojito, que después de terminar aquella llamada, voltea su cuerpo de nuevo y se bebe aquel mojito sin darse cuenta del sabor a su cabello.
- ¿Sabes Sebastián? Puede que una parte de mi muriera con él, ya no quiero casarme, ni tener hijos, ni envejecer junto a mi marido y todo por culpa de ese imbécil, yo quería todo eso porque todo eso me lo prometió y se fue y ahora ¿qué hago yo con todo esto? - a ésta distancia logro escuchar de que habla ella con Sebastián que en realidad se llama Ricardo.
Una pareja pasa por detrás de ella con destino a la puerta, creo que logran tocarla al caminar porque ella voltea a mirarlos y su mirada es triste, de anhelo, no despega su mirada hasta verlos salir del establecimiento, la veo regresar su mirada a Ricardo pero en ese viaje que hace su mirada nota mi mirada en ella y se detiene por un par de segundos.
Yo continúo mirándola, notando que es bella en cada uno de sus perfiles. Ella voltea atrás de ella esperando que vea a alguien más detrás, sigo mirándola, regresa su atención a los restos de su mojito, lo toma con ambas manos e intenta darme la espalda.
La banda al fin regresa a cantar en vivo, comenzando con Frágil de Reynier, la chica deja el vaso con hielos en el asiento firmemente en la barra y descansa su frente en la barra.