- Ahora les explico, ¿puedo terminar primero? - respondo más serena que ambas desde el retrete, Melina empuja ligeramente a Raquel fuera del baño, cierra la puerta al salir y yo suspiro después de esa escena.
Después de suspirar y pensar qué y cómo decirlo logro limpiarme, levantarme del retrete para tomar fuerzas al lavarme las manos. Cuando salgo del baño con las manos limpias ambas me miran, tienen el sushi ya listo en la mesa de centro. Tomando un trozo al pasar me siento a un lado de Melina.
- Quedamos de vernos, me citó en el café donde nos conocimos, fui y estuve ahí esperándolo, después media hora de estar ahí me llamó para decirme que no iría a verme. Que no podía, entonces pregunte ¿Por qué? Él dijo que no lo sabía. Yo insistí en reunirnos y hablar, pero él se negó, me cortó la llamada y me bloqueo -termino deexplicar con los ojos llorosos al recordar la vergüenza que me hizo sentir el quedar plantada ahí sin respuesta.
- Es un idiota- dice Melina antes de tragarse el trozo de sushi que hace en sus palillos desde que me senté a explicar
- La idiota soy yo, por creerle de nuevo- respondo, Melina arruga su nariz mientras niega con la cabeza
- Él es el idiota por haberte vuelto a ilusionar, tú no querías pero él insistió. Tranquila, sé que te sientes mal, pero llegará alguien mejor, ya lo veras- Raquel me toma de la mano que no tiene un rollo de sushi ya caliente y me da un apretón de consuelo que aprecio mucho.
Melina y Raquel son polos opuestos, ambas me quieren mucho es solo que Melina es muy cariñosa físicamente ¿y cómo no? al ser mi hermana mayor no le quedó de otra más que cuidarme en brazos. Mientras que Raquel es cariñosa con el apoyo ya que el contacto físico a veces le incomoda, no importan los años de amistad que tengamos entre menos abrazos nuestra amistad estará mejor cimentada.
- aunque yo sigo aconsejándote que primero estés contigo misma, te conozcas, te deshagas de lo que no te gusta y cuides de lo que sí, antes de decidir estar en pareja, pero ¿quién soy yo para aconsejarte? solo tu hermana, en fin- comenta Melina mientras yo me como mi rollito de mis dedos.
- Gracias, lo tomaré en cuenta- Ella solo rueda los ojos - Y sobre la pastilla. Bueno, ayer después de la plantada de Diego no quería sentirme más humillada así que me fui a ese bar cubano donde ha ido Raquel a trabajar, ahí sentada conocí a un chico lindo y agradable; bebimos, platicamos, bailamos y amanecí en su casa. Según lo que puedo recordar creo que lo hicimos, pero no recordamos si nos cuidamos así que me tomé una píldora del día siguiente- le explico a ambas.
- Wow, tu primer susto de embarazo- Melisa sonríe divertida
- Solo espero que ni siquiera sea un susto, espero que la pastilla funcione- respondo un poco preocupada
- ¿Es la primera vez que la tomas? -pregunta Raquel estirándose por otro trozo de sushi. Asiento con la cabeza imitándola y bañando el rollo en salsa de soya.
- Por eso es que temes que no funcione, pero todo estará bien- responde Melisa haciéndome recordar la primera vez que ella tomo la píldora.
Éramos una adolescente de secundaria y una niña afuera de una farmacia pidiendo el favor de comprar la prueba a una chica de nuestra edad actual y sonrío ante el recuerdo- ¿también lo recordaste cierto? - Pregunta volteando a verme, asiento con la cabeza.
- Dime que él pagó la pastilla- dice Raquel con la boca llena
- Sí, es buen tipo. Compró la pastilla, me trajo a casa y...- me detengo al recordar que iría por mi bolso, pero no tengo como comunicarme con él y saber sobre mi bolso
- ¿Qué pasa? - pregunta Raquel al verme levantarme asustada del sillón
- Mi bolso, perdí mi bolso, él iría a recogerlo al bar, pero...- Raquel me interrumpe mientras le explico
- Ahí te lo dejé. Tu casero me vio entrar y me lo entregó. Dijo que un joven se lo entregó- responde Raquel señalando la encimera
Camino (medio aliviada) a la encimera, tomo mi bolso negro, lo abro y vacío su contenido en la encimera dejando caer mi celular, mi cartera, mis llaves, mi lip gloss y un trozo de papel. Ya estoy totalmente aliviada al ver todas mis pertenencias.
- ¿Crees volver a ver a ese chico tan responsable?- pregunta Raquel con tono coqueto a mis espaldas mientras abro el trozo de papel dejándome ver su número telefónico escrito con el nombre de Mark arriba y una nota "fue un placer conocerte, llama si también lo fui".
- Yo creo que si- respondo mostrando el papel, Raquel grita y Melina golpea el sillón emocionada también.
- Espera a mañana- aconseja Melina a la distancia.
- ¿Por qué? - pregunto mirando una vez más su número en ese trozo de papel.
- Porque eres una mujer ocupada, hermosa- responde
- Pero solo lo quiero ver como amigo, no creo poder abrirme a una relación ahora con él ni con nadie, en primera no sé si aún hay una semilla suya paseando por mí y segundo lo de Diego no es algo que pueda olvidar en cuarenta y ocho horas- recuerdo la amargura antes de que Mark llegara a ese banco. Muevo la cabeza para sacar de mi cabeza la voz de Diego diciendo que no podíamos seguir con esto y por teléfono, maldito cobarde.
- Los hombres no saben ser amigos de las mujeres, pero de igual forma hoy no le hables- responde Raquel, asiento y me acerco a ellas; porque si hubiera seguido sus consejos desde el primer encuentro que tuve con Diego no habría pasado por todo esto.
...
El lunes llegó acompañado del sol después de un fin de semana nublado. Me están arreglando el cabello mientras tengo el número de Mark abierto en mi pantalla del celular esperando a ser marcado.
No sé por qué me cuesta tanto, no es como que le esté siendo infiel a nadie. Diego me desbloqueo en la madrugada, lo sé porque en la tristeza y en la añoranza entré a ver nuestras antiguas conversaciones y ahí estaba el en línea debajo de su nombre de contacto archivado, la tentación de enviarle un mensaje me entro en la mente, pero me doy crédito por la dignidad que contraatacó ese pensamiento logrando no hacerlo. no es infidelidad cuándo ya no hay un compromiso entre ambos y eso debo comprenderlo de una buena vez. Con esa dosis de valentía marco el número de Mark, después de 3 timbres atienden a la llamada.