Dolores Amores

ENEMIGO

— pues yo estoy feliz y este pulparindo aumentará mi serotonina como por una semana — respondo, se lanza para agarrar el dulce a la fuerza, levanto la mano para alejarlo de ella, cae mi espalda en el sillón, ella encima de mi torso, dejando de juguetear con las manos para mirarnos en silencio, puedo sentir su aliento a gomitas dulces chocar en mi rostro, la tengo a centímetros de mis labios y una sensación de querer probar esas gomitas pasa por mi mente ella está mirando mis labios y se está acercando.

Está sensible, la acaban de dejar, NO LO HAGAS.

Parpadeó para ser consciente de lo que una mala decisión puede ocasionar, no quiero sentirme mal porque ella se sienta mal después.

Bajo el dulce poniéndolo entre nosotros.

— te lo has ganado, eres muy hermosa — respondo, ella se aleja confundida, después sonríe y lo arrebata de mi mano muy feliz. Se levanta de mi dejándome volver a sentarme.

— quería saber ¿por qué me llamaste? No me molesta, solo que dijiste que no tenías a quien llamar pero según sé tienes una amiga y una hermana— comento indagando en la identidad del susodicho.

— Si, bueno... ellas no sabían que me seguía viendo con él. Y la verdad preferiría que no fuera así ahorita, quizá ya que se me pase el dolor del rechazo. Que cuando me digan "te lo dije" no duela— responde abriendo el pulparindo, lo parte a la mitad extendiendo una mitad a mi, lo tomo y le damos una mordida al mismo tiempo.

— ellas te quieren no creo que te digan eso. Creo que si te ven tan afectada ni siquiera lo comentarán— respondo recordando cuando les conté a Kiara y Francisco sobre lo de Linna.

Francisco si fue un poco más duro pero con Kiara siento más comprensión de su parte.

MOON

Ya estamos en la puerta, se está colocando los zapatos de vuelta, yo tengo la bata de pijama puesta manchada de betún rosa y mi mente es un huracán de palabras.

— Muchas gracias por acompañarme, buenas noches, Moon— habla acercándose a mí, depositando un beso con su mejilla en la mía

— gracias a ti por llevarme contigo— respondo, él se aparta con una sonrisa, da la vuelta y cuando ya tiene la puerta abierta lo tomo de la manga del suéter que me prestó — ¿quisieras quedarte? — pregunto con su mirada en mí y después de un silencio analítico que se siente eterno, habla.

— me encantaría, pero ambos sabemos lo que pasará si me quedo— siento mi corazón golpearme fuerte el pecho — estás sensible, sé cómo te sientes. Y no quiero que te sientas mal por lo que ahora creemos que es una buena idea—

Espera ¿él también quiere quedarse? Es posible que tenga razón, solo me parece una buena idea porque me siento vulnerable, abandonada y usada, ¿en qué estaba pensando? era mi clavo sin sentimientos, ¡que tonta!

— tienes razón...— lo suelto, su mano cae pesada a su costado— conduce con cuidado — respondo casi sacándolo casi a empujones de la pena conmigo misma de haber pensado por un momento en ello.

Regreso a la sala para organizar lo que está fuera de su lugar cuando tomo en mi mano la envoltura del pulparindo lo veo y siento un hueco en el estómago, siento otra vez su aliento a pastel en mi rostro.

...

— ¿dónde estás? — pregunto cuando responde el teléfono después de que me haya llamado tres veces hasta que posiblemente recordó que estaba en el trabajo y no podia responder.

Estoy afuera del foro, la lluvia no le a dado tregua al cielo desde ayer, estuvo nublado todo el día de ayer pero desde la noche llovió y no dejó en paz al cielo, estoy frente al cajón del estacionamiento en el que dijo que lo esperara antes de comenzar el programa.

— en el supermercado por... ¡ay no! Que bruto, olvidé que tenía que ir por ti, discúlpame — se escucha avergonzado de verdad

— ¿cómo fue que lo olvidaste? ¿Y porque estás en un supermercado? — pregunto curiosa

— es que después de ver la noticia del huracán que viene, vine al supermercado antes de que llegue la gente a hacer compras de pánico —

— como tú en este momento — comento colocando mis audífonos para caminar con musica en los oídos.

— claro que no, por cierto, ¿tú crees que necesite una wafflera para pasar el huracán? — pregunta haciéndome reír

— si se va la luz no creo que la uses, así que no— respondo siguiendo a su chiste bobo y comienza a reír — ¿en qué supermercado estás? — pregunto

— al que vienes, el que está más cerca del foro— responde

— no te muevas voy para allá — respondo antes de terminar la llamada.

Incluso en las mejores partes de Vallarta no se salvan de las calles con agua al tobillo, cruzo las calles con las botas de lluvia puestas, cuando noto que la lluvia a bajado su intensidad cierro el paraguas dejando ver un cielo nublado, pero no tan amenazante como dice Fran cuando presentó el clima o como dice Mark para mandarlo al supermercado.

Entro al supermercado, después de un largo rato caminando, una llamada y ubicar el área de vinos lo encuentro mirando entre uno y el otro.

— no necesitas ni uno ni el otro— comento llegando a él, sonríe al mirarme, y con los vinos en cada mano me abraza.

— quizá necesite uno para festejar que ya pasó el huracán — comenta mientras me abraza, me aparto y le quitó ambos de las manos.

— no los necesitas — respondo, antes de devolverlos miro ambos y dejo uno en su lugar y el otro lo meto al carrito — solo en caso de que sobrevivas lo abres— comento, sonríe y comenzamos a caminar a la caja para pagar. Efectivamente conforme vamos caminando a las cajas, el supermercado se comienza a llenar de gente que compra lo que cree necesitar, suavizante en galones, por ejemplo.

El bip de cada producto escaneado resuena entre la gente que compra y habla casi gritando mientras nosotros intentamos no entrar a su pánico colectivo. Compartimos mirada burlonas de la situación.

Paga, salimos del supermercado y le ayudo a meter las compras al auto.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.