Dolores Amores

16 de Septiembre

Dime, ¿qué quieres de mi?— pregunta sin dejar de tocarme

— Te quiero a tí — respondo con un hilo de voz.

— ¿Entonces te vas a quedar? Para darte algo más cómodo para dormir— Mark sigue a una zancada lejos de mí, recargado en la tarja, mirándome fijamente esperando una respuesta.

— si, no me gustaría cargar con la culpa de que Caroline se despertó y no me vió — respondo ideando la respuesta más emotiva que se me ocurre en un segundo, regresando a mí.

Me recorre una última vez con su mirada que él cree que es discreta o disimulada antes de levantarse y llevarme a la habitación "de invitados".

— la limpié y cambié todo cuando supe que tendría aquí a Caroline, para mí sorpresa aún no duerme sola—

— es una bebé, claro que no va a dormir sola—

— eso yo no lo sabía— comenta abriendo la puerta y dejándome ver una cama con sábanas limpias y bien tendida. No he visto a Mark tender una cama ahora que lo pienso. Una habitación no muy llena de muebles pero con cama que es lo que importa — te traeré una toalla y ropa por si te quieres bañar— dice antes de alejarse y dejarme en el marco de la puerta de la habitación de invitados pensando en lo que antes imaginé.

No sé que hacer, quiero quedarme, invitarlo a dormir conmigo, poder besarlo hasta el amanecer pero si lo hago romperé la amistad que vive en nosotros o la que vive dentro de él, después de imaginar aquello no puedo seguir mintiendome con que lo que siento es amistad.

— listo, ésta es tu pijama oficial en mi casa— dice llegando a mi, sacándome de mis pensamientos y entregandome una camisa igual a la camisa larga que usé el día que fuimos a buscar la prueba de embarazo haciéndome sonreír — ya conoces la ducha así que no es necesario explicarlo, ¿necesitas algo más?—

— tenía una duda— él me mira atento, yo me recargo en un lado del marco de la puerta con la intención de pasar el mayor tiempo con él — se dice que los hijos son como los papás, ¿cuál de los dos era el más hiperactivo?— pregunto haciéndolo sonreír mientras se recarga también en el marco de la puerta frente a mi.

— mi hermana. Cuando era niña era como el demonio de Tasmania, que es un tornado andante, así era mi hermana de niña. Cada que salía regresaba con una herida nueva. Recuerdo que una ocasión se habia fracturado el brazo, se escapó con sus amigos de la escuela a un lago y regresó con el brazo fracturado, el yeso mojado y un raspón en la rodilla. Mi mamá amenazaba con mandarla a un convento pero jamás lo hizo y mi papá aunque harto la dejaba vivir, cuando llegó a la adolescencia fue una adolescente feliz y ya en la adultez fue que se hizo una mujer tranquila, entonces salió a Catalina. Según palabras de su esposo él era un niño muy tranquilo y la historia se repite con ella—

— si tuvieras hijos ¿serían niños tranquilos?— pregunto

— si, fuí un niño tranquilo pero fuí un adolescente desastroso—

— yo también— le extiendo mis 5, él lentamente los choca para no hacer ruido que despierte a Caroline. Los dedos de Mark se entrelazan con los míos y bajando nuestras manos me atrae a él con dos pasos tambaleantes.

¿Será que su corazón late con fuerza como el mío? ¿Será que sus ojos brillan como los míos? ¿Será que él quiere lo mismo?

— que pases una buena noche — susurra con mi rostro cerca al suyo

— Gracias, igualmente— respondo sonriendo —Si necesitan algo estoy en la puerta de enfrente... literal — comentó mientras me alejo lentamente de él con pasos pequeños hacia atrás, él me sonríe y con las manos aún tomadas jala de mi, enredandonos en un abrazo de buenas noches que dicen y hacen más, de lo que puedo atreverme.

...

El brinco en la cama de Caroline gritando mi nombre emocionada es lo que me despierta causando risa en mi de imaginar que le atiné y pudo haberse sentido mal de no haberme visto en casa.

La abrazo ya entre sábanas.

— al despertar preguntar por ti fue lo primero que hizo— escucho la voz de Mark desde la puerta.

— ¿Cómo dormiste princesa?— ella asiente con la cabeza adentrándose en las sábanas cálidas — ¿bien?— pregunto y ella vuelve a asentir con la cabeza ya en una posición cómoda — ven— digo mirando a Mark extendiendo una mano hacía él.

— no, voy a hacer el desayuno porque si me acuesto no me levantaré — comenta dando un paso hacia atrás.

Me levanto para apoyarlo en la cocina y Caroline decide ir a la sala a encender la TV mientras sus dos criados la atienden.

— ¿cómo dormiste?— preguntamos ambos mirándonos al mismo tiempo llenando la cocina con nuestra risa

— tío ¿qué es eso?— escuchamos a Caroline desde la sala mirando con asco detrás del televisor.

¿Qué hace mirando detrás del televisor? No lo sé. Terminó arriba de un clóset no me sorprende que mire lugares poco vistos

Ambos nos acercamos al televisor, yo, quien carga el celular más cerca; enciendo la lámpara dándome una imagen abstracta de algo pegado a la pared.
Acercó más mi rostro encontrándome con una respuesta de hace un mes atrás.

— Es un gusano muerto, ¿me traes una servilleta?— digo mirando a Caroline con una expresión sobreactuada.

— ¿Un gusano?— pregunta Mark confundido, cuando Caroline desaparece de entre ambos, hablo.

— es un condón, mira— susurró haciéndome a un lado, él se acerca y sorprendido regresa a verme.

— ¿Cómo llegó ahí? — pregunta buscando la respuesta en mi como si yo supiera a quienes trae a su casa.

— no lo sé — respondo obvia

— excelente, si nos cuidamos— sonríe él en cierto modo satisfecho

— ¿no has estado con alguien más desde entonces?— pregunto curiosa, él niega con la cabeza — entonces me eché un cóctel de hormonas en vano— susurro pensando que quizá y no fue así, que quizá si se despidió de manera carnal de Linna, se vieron después de ayudarme a encontrar a Melina.

— aquí está — Caroline me extiende la servilleta.

— que lo saqué Tío Mark — respondo sonriendo maliciosamente mirándolo.




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