Capitulo XIII.
Había algo que no se sentía bien dentro de mí, era una incomodidad que no se quitaba ni siquiera con la sonrisa tranquilizadora de Sofí pero igual intenté parecer normal, quería hacerlos creer que todo está bien y hacerme creer que esa sensación solo era paranoia, aunque sabía que a lo largo de los años había desarrollado una alerta en mi cerebro que me avisaba si algo no iba bien pero esta vez solo era paranoia porque no quería que nada saliera mal.
Ya todo estaba listo, todos estábamos saliendo de ese lugar que se convirtió en una esperanza para mi, un antes y después de lo que fui y me tocó ser, salgo de aquí con la esperanza de tener una mejor vida, más tranquila y con mucho amor.
Cuando llegamos abajo mi papá y mi hermano estaban hablando en susurros pero cuando nos vieron su semblante cambió, sería muy difícil para ellos dejarnos ir tan lejos, y aunque conocían a Igor de hace mucho tiempo, no confiaban en él por completo y era entendible, no se podían confiar de nadie y menos si ese alguien nos estaba llevando lejos.
En las horas que pasamos para arreglar todo, buscaron muchas posibilidades para que no nos fuéramos lejos pero ninguna era lo suficientemente acertada para que yo estuviera a salvo.
Terminando de salir del edificio llegaron tres camionetas negras y de un momento a otro empezaron a llover disparos por todos lados, tomé con fuerza la mano de Sofí y salí corriendo hacia algún lugar en el podríamos estar a salvo pero estábamos en medio de muchos hombres que no dejaban de disparar.
Mi papá, mi hermano y sus hombres devolvieron el ataque con la misma fuerza, me vi envuelta entre disparos, sangre y violencia, entre la angustia de no volver a verlos y de repente sentí que alguien atrapó mi cuello bruscamente, no podía soltar a Sofí pero tampoco la podía arrastrar conmigo así que intenté soltarla pero ella negó a sabiendas de que me llevarían.
—Vete…—pronuncié con mi voz estrangulada.
—No esta vez—en eso un hombre la tomó por la cintura con fuerza, sometiéndola con su fuerza.
Sentí el pánico crecer dentro de mi cuando vi una camioneta de esas deteniéndose cerca de nosotras y busqué rápidamente con la mirada a Igor, venia corriendo hacia nosotras, tenía un arma en la mano y luchaba con todo su ser para poder llegar a mí.
— ¡Hazel!—gritó pero yo negué porque prefería estar muerta a que estuviera en merced de mi mamá— ¡Hazel!—volví a negar sintiendo como mi corazón se partía en mil pedazos.
Escuché un gritó y vi como subían a Sofí a una camioneta mientras la sujetaban muy fuerte del cabello. Pude ver por la puerta abierta a esa mujer y su sonrisa me dio nauseas, justo antes de que me subieran a mi esa pesadilla, sentí como quitaban un peso de mi espalda. Me giré alarmada y vi a Igor golpeando a ese hombre, lo golpeaba con tanta rabia que daba miedo.
Aprovechando ese momento de distracción, giré en dirección a mi papá y los vi casi sometidos por los hombres de mi madre, quise resistirme, quise correr y esconderme pero ya habíamos caído en la emboscada y ahora no podía dejar que ninguno de ellos muriera por mí, sacrificarme será la única forma de salvarlos.
A mi lado llegaron dos hombres que me sujetaron con más fuerza que el anterior y pude ver como ahora Igor recibía una paliza, giré la cabeza hacia Sandra que sonreía con pura satisfacción y maldad en sus rasgos preciosos, de mi salió una arcada llamando su atención y yo contuve el aliento.
— ¡Dios mío!—exclamó dando un pequeño aplauso—el engendro por fin está en mis manos—sonrió cínicamente y sus hombres me lanzaron al asiento a su lado de un empujón, agarró mi mentón con mucha fuerza y me acercó a su rostro—así te quería tener, a mi merced—agregó más fuerza a su agarre—vamos a hacer grandes cosas hija, voy a hacer grandes cosas contigo—y me inspeccionó de arriba hacia abajo con burla, yo me solté de sus manos con brusquedad.
— ¿Qué quieres?—le pregunté con rabia y dolor pero ella solo me ignoró— ¡Dime!—le grité y Sandra me dio una cachetada que resonó por todo el espacio.
—Todo tu dinero pero antes quiero verte sufrir un poco más—se sobó su palma quejándose.
— ¿Más? ¿No tuviste suficiente ya?—Sandra hizo un puchero mientras me acariciaba la mejilla para luego tomarla con mucha fuerza, haciéndole daño.
—Sí, mucho más y tanto como yo quiera porque tú me quitaste todo y ahora yo te destruiré a ti—me tiró hacia atrás y luego se acomodó en su lado mientras se veía sus uñas sin mostrar ningún tipo de emoción— y a Sofía también, siempre tuvo lo que yo no pude conseguir, el amor de Cristian y por eso merece sufrir—sentí demasiado miedo, un pánico gigante tomó ni pecho y Sandra comenzó a reírse como desquiciada, estoy segura que mis emociones se reflejaban en mi rostro y eso la divertía.
—Te suplico que los dejes fuera de esto, ya me tienes a mí y eso es lo que siempre has querido ¿no?—en un movimiento rápido ya la tenía encima de mí y con mi cabello en su puño.
—Es mejor que cierres esa boquita si sabes lo que te conviene—escupió en mi cara para luego soltarme con fuerza haciendo que chocara mi frente con la ventana del auto—pero te lo voy a decir porque soy tu madre—suspiró—al principio solo te quería a ti, pensé que contigo era suficiente pero el rencor y el odio es algo que crece como una bola de nieve, mientras más lo arrastres, más grande se vuelve y así me sucedió.
»Los odio a todos y todos van a pagar, aunque para ti será el premio mayor—sentí un escalofrió recorrerme todo el cuerpo y cuando volví mi mirada hacia ella cubrió mi nariz con un paño, un olor muy fuerte penetró mis orificios nasales y sentí como me perdía en la inconsciencia, escuchando muy lejano lo último que dijo—porque ese premio será mucho peor.
***
Abro los ojos poco a poco y delante de mi aparece una imagen espantosa, algo que no hubiese querido ver jamás y que no quisiera estar viendo por eso intento bajar la mirada pero unas manos toman con fuerza mi cabello y me obligan a mirar, no hay ningún tipo de sonido más que le de los golpes y los sollozos de la mujer que siempre vi como mi madre, a la única que podría llamar así.