Wickenburg / Tombstone, Arizona.
RHETT CLARK
Pensé que ignorar su drama ayudaría a que lo entendiera. No pienso permitir que nada ni nadie se interponga en mi objetivo de encontrar a Rousse, mucho menos ahora que tengo una pista de su paradero.
Llevo el caballo al establo al llegar a la hacienda y alisto la camioneta; si me doy prisa, llegaré con tiempo para buscarla un par de horas antes de que la noche se acentúe.
Siento el estómago protestar, pero eso puede esperar. Saludo o creo responder al saludo de los trabajadores que finalizan la jornada; recorro la casa esperando encontrar a Soel en el único rincón de la hacienda donde le gusta estar.
—Patrón —la voz de Erna llega igual de preocupada que desde que se convirtió en la niñera de Soel.
Me detengo y le permito alcanzarme.
—¿Qué hizo esta vez? —pregunto ya sin la habitual preocupación.
—No ha querido comer, se encerró, llorando pide que su madre venga. Antes de encerrarse, tiró todo y gritó que usted no es su padre. Intenté de todo, pero no me abre, patrón.
—Yo me ocupo, Erna. Sé que le pido mucho, pero voy a necesitar que me lo cuide unas horas o quizás días.
Ella baja la mirada y comprendo que va a ser difícil.
—Erna, por favor, yo… necesito ir al sur de manera urgente, le prometo que intentaré no demorarme.
—Joven, usted sabe que encantada le hago cualquier favor, pero es que el jovencito Soel no nos quiere, mucho menos ahora que su abuela y su madre no están aquí. Si usted se va, ¿cómo podré yo controlar la situación?
—Le pediré a Idris que me eche una mano.
—¿Es en serio, Rhett? —la voz de Leadhy llega desde atrás—. ¿Vas a dejar a tu hijo por ir detrás de esa mujer? Por favor, ¿cómo quieres que Soel te quiera si nunca has sabido ser un padre para él?
Me acerco y la sujeto por el brazo, viendo lo bien que fingió; llegó muy rápido hasta aquí para estar tan mal como la hacen ver las prendas todavía rasgadas y el maquillaje corrido a propósito.
—¿Qué rayos crees que haces aquí? Te dije que no eres bienvenida.
—Soy su madre y no puedes impedirme darle la atención que tú no le das, lo estás dejando al cuidado de esta gentuza para irte tras de esa…
Le sujeto el mentón y recorto la cercanía entre nosotros, lo bastante para que el aliento le choque en la cara y no le quede teatro.
—Maldigo esa noche, Leadhy, maldigo el momento en que te conocí. ¿Por qué no lo entiendes? Vete. Regresa a tu país.
Forcejea, pero no la suelto. La arrastro hacia afuera, cierro el portón y, aun así, empieza a gritarle a Soel.
Sabe lo que hace, sabe que, si el niño la ve, no querrá que se vaya, como también sé que usará su estado para ponerlo en mi contra.
—Qué patético eres, Rhett —empieza a reírse—. ¿De verdad crees que haciéndote el hombre que no fuiste al regresar con ese plan va a hacer que esa campesina olvide lo que le hiciste? —se acomoda las prendas como si ya no necesitara fingir—. ¿De qué crees que te servirá encontrarla? Muero de ganas por ver qué pensará de que tengas un hijo con la mujer con la que le hiciste creer que era solo una amiga. ¿Cómo vas a explicarle cómo te revolcabas conmigo mientras ella te esperaba?
—Cállate. Tú y yo no dormimos antes de esa maldita noche y lo sabes bien; siempre tenías una excusa: que tu cuerpo, que la línea, que querías esperar hasta el matrimonio, y te creí. Ahora sé que solo fingías, que solo buscabas mi dinero.
Suelta una carcajada sin importar lo fuerte que le sujeto el mentón.
—¿Y crees que con lo que me permitiste decir y hacer esa tarde ella va a creerte? Tenemos un hijo y, mientras yo sea la madre de tu hijo, tú también serás mío, ¿lo entiendes? ¡Soel, hijo, Soel, ayuda a mami!
Grita tan fuerte que cubrirle la boca no basta. Cuando intento sacarla, Soel se pega a mi pantalón con esas manitas que nunca se quedan en mi cuello cuando intento abrazarlo.
—Mami, mami, baja a mami —tira de mi pantalón—. Eles malo, malo, no te quiero, quiero a mami.
La bajo del hombro e intento hablar con él, pero se sacude, me pasa al lado y se lanza sobre ella.
Me quedo mirando cómo la abraza, cómo limpia las lágrimas que Leadhy deja caer. Me acerco a ambos.
—¿Así que quieres estar con tu madre? —Llevo la mano al bolsillo, ignorando el dolor por el roce de los nudillos heridos con la tela, saco los dólares suficientes y me acerco—. Cuando regrese, no los quiero ver aquí.
Arrojo los dólares ignorando dónde caen e intento salir a por la camioneta, pero Leadhy me alcanza.
—Rhett, no, no puedes hacernos esto. Soel es tu hijo, es un niño, no puedes abandonarlo por esa mujer.
No pensaba detenerme, pero su énfasis en la última palabra me obliga.
—Rousse. Su nombre es Rousse. Y sí, si tanto quieres a tu hijo contigo, llévatelo, y que te quede algo bien claro: jamás voy a volver a cometer el error de poner a nadie por encima de ella.
—¿Qué significa eso, Rhett?
—Que en cuanto la encuentre voy a devolverle todo lo que le pertenece, que no descansaré hasta que le hayamos pagado todo lo que le debemos —señalo la hacienda y sus alrededores, el corral, los potreros y toda la extensión—. Todo le pertenece y todo volverá a sus manos. ¿Lo ves? No tengo nada. Ese dinero por el cual me seguiste, mentiste y finges quererme nunca ha sido mío…
—No, no —comienza a golpearme los hombros—. No lo permitiré, tú no vas a perderlo todo por esa mujer, no lo permitiré, antes acabaré con ella, con…
Sujeto su mentón, conteniéndome de cometer una locura.
—Si eres una mujer lista, vete ahora.
La empujo e intento seguir mi camino, pero antes de entrar pasa algo que en tres años no he visto: Soel se pega a mi pierna, llora suplicando.
—Papi, papito, por favor, papá, no quiero que nos dejes, ¿no me quieres, papá?
Se limpia las lágrimas, aunque no ha caído ninguna.