Dominados

17

Connor

Todo lo que era, sabía o había vivido en el lapso de mi vida pasó delante de mis ojos, como sí el escuchar a Nick gritando mi nombre me llevase a los momentos en que despertaba en las mañanas y veía a Padre en la cocina preparando el desayuno junto a Tyler quien estaba en la mesa devorando todo lo que Padre había terminado.

Visiones tan claras como sí se tratasen de diapositivas que pasaban delante de mis ojos.

Mi familia.

Los seres que veía desaparecer con el paso de los meses de la misma forma que yo lo estaba haciendo.

Contemplando la arena a lado de los demás Imperfectos que corrían por sus vidas.

—¡Connor! —no pude distinguir sí quien gritaba nombre era Nick intentando hacer que despertará o quizás Wayne indicándome que debía de dejar mi cuerpo e ir junto con él a la luz— ¡Connor! —; solo sabía en cada ocasión la voz se escuchó con mayor magnitud— ¡Despierta!

—Ahhhhh —como una fuerza que me ayudó— ¿eh? —a recuperar todo lo que había perdido...

...Mi vida.

—Por Dios —todo fue tan extraño.

Volví a sentir calor.

Podía respirar y recuperé la movilidad.

—¿Qué rayos? —era obvio que volví a ser victima de esa maldita droga.

Desperté recostado sobre una camilla.

Tenía un catéter conectado en mi brazo derecho, en vez de mi ropa llevaba puesto un camison blanco y había varias suturas en mis brazos.

—¿Qué rayos es esto? —Nada tenía sentido— ¡Ahhh! —el solo girar mi cuello me ocasionaba un gran dolor, como sí no lo hubiese movido en años.

La luz de la habitación comenzó a volverse muy potente y mis brazos me ardían, como sí hubiese fuego dentro de ellos.

—¡No te muevas! —moverme me era imposible— ¡Sí haces eso te lastimarás más de lo que ya estas— y era demasiada la tensión que sentía como para creer que no me iba a importar saber sí estaba o no delante de un asesino.

Una mano tomó de mi brazo, al momento que tiré, tocando con delicadeza mi piel.

—Trata de relajarte, recuerda que tuviste un día pesado —su voz se me hacía muy familiar, pero no estaba seguro de quien se trataba.

En cuanto mi brazo hizo contacto con una pequeña aguja volvía sentir ese fuego ardiente que me invadió durante solo unos minutos.

—¡Ahhhhhh! —ayudándome a poder conectar mis sentidos con la realidad— ¿Eh? —que parecía ser un sueño —¿Melody?

—Hola Connor —La adorable enfermera que regalaba galletas y me veía con esos ojos cristalinos que deseaba poder tocar—. ¿Dormiste bien?

—Eso creo. ¿Qué fue lo que sucedió?

—Tuviste suerte.

—¿Suerte?

—No cualquiera vive eso.

—¿Vivir qué?

—¿Acaso no recuerdas nada?

—La verdad no lo se, Melody..., siento que todo me da vueltas.

—Ya veo. ¿Y qué es lo último que recuerdas?

—No mucho. Solo que estaba dando mi donación, luego me durmieron y desperté en un cuarto oscuro; me enviaron a una arena, vi a varios Imperfectos ser asesinados y por un segundo creí que mi vida iba a terminar...

—No terminó —intervino—, solo se detuvo.

—¿Disculpa?

—Tu vida, no terminó. Solo se detuvo por un instante.

—¿A qué te refieres? —Melody se quedo en silenció.

Actuó como sí intentase esconder algo.

Sus labios permanecían sellados pero su rostro parecía fruncido, como sí el poder de la culpa no la dejase reprimir lo que sentía.

—Melody.

Yo me sentí preocupado.

Había aparecido en demasiados lugares y ahora solo quería volver a casa.

—Verás Connor, esto no es fácil de decir.

—¿De qué hablas?

—Te sientes así porque estuviste muerto

—¿Muerto?

—Durante cinco minutos.

—¿Qué?

—Pero reviviste.

—¿Reviví?

—Esa es la opción que se le da a un miembro Perfecto cuando decide pagar una buena suma a cambio de la vida de un simple Imperfecto. Muy pocas dueñas hacen eso.

—¿Dueñas?

—Ahora tienes una.

¿Una dueña?

¿Pero qué rayos estaba pasando?

Melody, la enfermera a quien más cariño le tenían a los Imperfectos me había dicho algo que solo creería escuchar en los cuentos que Padre le contaba a mis hermanos antes de dormir.

Las vagas historias en donde los Seres del Sexo Perfecto tomaban a los Imperfectos y los obligaban a ser sus mascotas.

Eso solo era fantasía.

No podía ser verdad.

—Será mejor que te relajes, recuerda que tuviese un día dificil.

—¿Un día difícil?




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